En las nubes

Carla Bruni y el circo de Gadafi

MADRID 31 Ago. (EUROPA PRESS) -

Está claro: el gas, el petróleo y los recursos energéticos del planeta son incompatibles con el sexo femenino.

La Unión Europea es totalmente dependiente en provisión de gas y petróleo, lo que convierte a Irán y a Libia en países clave para el futuro inmediato de las potencias occidentales. ¿Y quien paga el impuesto revolucionario? Pues las mujeres occidentales.

Sólo así se entiende que en el país de Jameini, un periódico haya puesto a caer de un burro a Carla Bruni, la esposa del presidente francés. La han calificado de prostituta, de inmoral y de roba maridos. Y todo porque ha tomado partido por una iraní condenada a muerte por lapidación en un caso de adulterio y de posterior asesinato de su propio marido.

Evidentemente, la primera dama gala no justificaba, ni mucho menos, en su escrito, la muerte del marido a manos de su esposa y su amante. Simplemente, se sumaba a las cientos de miles de cartas de ciudadanos de todo el mundo que condenan la bárbara práctica de la lapidación en pleno siglo XXI, sea a mujeres o a hombres.

Pero el diario iraní contestaba a Bruni con un artículo titulado 'Prostitutas francesas implicadas en el escándalo en torno a los derechos humanos'. Y la calificaba como la "actriz y cantante depravada que ha conseguido romper la familia de Sarkozy y casarse con el presidente francés". De esta forma tan burda justificaba que la actriz francesa apoyara a la adúltera iraní.

Con un "no es correcto" usar palabras ofensivas contra dirigentes de países extranjeros, pronunciado por el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, se ha saldado el insulto contra la primera dama (sólo porque está casada con el presidente galo, quien a su vez representa al país vecino).

La mujer también parece ser el eje sobre el que gira el viaje a Italia del coronel libio Muamar Gadafi, quien ha pagado entre 70 y 100 euros a unas 200 mujeres italianas contratadas a través de una agencia de modelos como azafatas de congresos, para que escucharan su sermón islamista con el que intentaba convencerlas de las bondades de su religión. ¿Condición para su asistencia?: que vistieran el velo islámico.

El líder libio aparece en todas las imágenes como el emperador que hace su entrada en el Coliseo romano en películas como Ben-Hur o Gladiador. Vestido con una chilaba blanca y bonete negro, saluda al público con condescendencia, como una estrella cuya misión principal es dar pan y circo para mantener contenta a la muchedumbre.

En este caso no dirime si se lanzan los leones a los cristianos o si perdona la vida al gladiador vencido. Gadafi dirige sus diatribas a un grupo de mujeres contratadas por él mismo sobre las excelencias del trato que se da a las féminas en su país.

"En Libia, las mujeres son más respetadas que en Europa o Estados Unidos -asegura insistentemente- porque no se les permite que hagan trabajos que no van en consonancia con su físico". Y se refiere al sector minero o al ferroviario. O sea, que bajar a la mina o trabajar en RENFE no tiene nada que ver con la condición femenina.

Lo que nadie dice es que estas mujeres están contratadas, además, para permanecer mudas. ¡Faltaría más! Y después del discurso, ellas para casa y Gadafi para su jaima, instalada como si de un circo real se tratase en los jardines de la embajada Libia en la ciudad eterna.

¡Menos mal que tenemos a alguna mujer árabe que pincha y corta en su país y también en el mundo occidental! Me refiero a Rania de Jordania, que celebra hoy sus 40 años convertida en la mujer árabe de mayor proyección internacional. La kuwaití de familia de refugiados palestinos es una de las pocas que rompe la horrible imagen que dan sus tocayos masculinos en el mundo occidental.

Esta madre de cuatro hijos, que igual entra en Facebook que en Twitter que en Youtube, trata de cerrar la brecha de incomprensión que hay entre árabes y occidentales. Pero, curiosamente, veranea en Portofino o en Saint Tropez, viste impecablemente con prendas de diseñadores occidentales y aparece en programas de gran audiencia de Estados Unidos, haciendo gala de un inglés impecable.

Rania también impulsa la educación igualitaria para hombres y mujeres y está totalmente en contra de "los crímenes de honor" como el adulterio.¡Mira por donde coincide con Carla Bruni! Pero claro, ella es sólo la esposa del rey de Jordania y, además, rica.