En las nubes

Contra la crisis: ¡¡¡imaginación!!!

MADRID 2 Mar. (EUROPA PRESS) -

Acabo de ojear un libro que me parece fascinante, además de entretenido. Se titula "El triunfo de la imaginación, 60 inventos que ha cambiado el mundo (o casi)", de Ròmul Brotons y que recopila las casualidades, los chispazos creativos o simplemente la perseverancia de personas normales y corrientes, pero que inventaron cosas, cositas y cosazas que han cambiado nuestra vida cotidiana.

Me refiero a inventos tan "simples" como las pinzas de tender, o las pajitas de beber, cuyo descubridor inventó una máquina que hiciera los tubitos de papel y fue eso realmente lo que le hizo rico ya que con esa máquina se fabrica en la actualidad la cobertura de los cables eléctricos para que sean flexibles, afirma el autor.

A lo largo del libro he ido descubriendo yo también cómo la esencia de la creación no tiene un único punto de partida. Unas veces es la mentalidad innovadora y la tozudez, como el caso de la píldora anticonceptiva, que chocaba de lleno con los conceptos morales de la sociedad y tuvieron que cambiarse leyes y convencer a las grandes farmacéuticas que no querían implantarla. De hecho, la madre de la principal promotora de la píldora anticonceptiva murió a los 40 años y después de haber tenido 12 hijos, afirma Brotons.

Otras veces es el miedo el que atenaza, como en el caso de la máquina de coser. Contrariamente a lo que se cree, no fue la firma Singer la que creo la primera máquina. Fue un francés que la presentó en público y, al día siguiente, los sastres le quemaron la tienda y toda su maquinaria porque temían que les dejara sin trabajo. Pero los americanos se enteraron y un tal señor Howe hizo la primera máquina, pero Singer la patentó y fue el que consiguió hacerse millonario.

Estaba reflexionando sobre lo curiosa que es la vida e imaginando cómo se inventarían los pantalones o el sombrero, o la batidora*y veo por televisión, por enésima vez, imágenes del tal Cobra, ese chico grosero que en lugar de pensar con la cabeza tiene un pito por cerebro y que intentaba representar a nuestro país en el caduco festival de Eurovisión. Y oigo a unos chicos encerrados en una casa, también televisiva, cómo sueltan tacos y hablan un lenguaje barriobajero y sus temas de conversación carecen de interés precisamente porque no tienen conversación.

O me entero de que, ocho meses después de la muerte de Michael Jackson, una cadena norteamericana ha emitido el primer documental sobre lo ocurrido la noche en que falleció el cantante -25 de junio del 2009- y aparecen escenas en las que un doble recrea escenas de gran crudeza en las que se ve al rey del pop con una mascarilla porque no puede respirar... ¡¡¡Todo vale!!!

Y pienso en mi sobrino, que tiene 24 años, y no veo que se parezca en nada a esos chicos que todo el mundo se empeña en decir que son normales. Él, que ha terminado sus estudios, habla de cómo conseguir un trabajito, aunque cobre poco y piensa seguir estudiando -hace un máster- para ver si consigue meterse en lo que le gusta. Y acto seguido leo las cifras del paro, que acaban de publicarse y veo que han vuelto a subir en el mes de febrero...

Y me pregunto, ¿cómo saldremos de esta crisis que vivimos? Con el soplagaitas que sólo quiere triunfar, ser famoso y no pegar palo al agua o gracias a esas personas entregadas que se levantan cada día, van a su trabajo, toman decisiones y, en definitiva "se mojan". Crean. Inventan. Tienen imaginación.

No hay duda , pero es peligroso que valores como el esfuerzo, la generosidad, el amor, la amistad.... se pierdan en el día a día mientras los medios ensalzan como válida la cultura del "listillo" sin esfuerzo, que hace caja en cuatro días y que le quiten lo "bailao". Alguno, incluso, sigue cobrando un montón de dinero y viviendo del cuento, o de machacar a otros, en base a la tiranía de las audiencias. Tiranía que fomentamos entre todos.

Recupero el libro de Brotons y me enternece leer el 'Leitmotiv' del creador de la fregona, nuestro invento más famoso. Tenía una ferretería y le dijo a su esposa, que padecía artrosis: "Inventaré una cosa para que no te tengas que agachar". La bautizó como Mari en honor a su esposa María.