En las nubes

El escote reventón de Penélope Cruz

MADRID 2 Mar. (EUROPA PRESS) -

Era su primera presentación en público como madre. Y lo ha hecho 28 días después de parir a su hijo Leo, de la mano de Javier Bardem y nada menos que paseando juntos por la alfombra roja de los Oscar. No es extraño que todos los focos estuvieran puestos en su figura.

Es cierto que la actriz lo tenía muy complicado. Su primera aparición oficial después del nacimiento de su hijo era difícil de que cumpliese las expectativas. De hecho, hasta última hora no se confirmó su presencia ya que Penélope luchaba contra la báscula para poder ponerse un espectacular traje diseñado por la novia deMick Jagger. Un vestido de seda granate, ajustado, bordado con pedrería de la diseñadora L'Wren Scott, con un escote pronunciadísimo que le hacía vulgar, a pesar de las estupendas joyas de Chopard que llevaba. Finalmente Pe logró su propósito y entró en el vestido para apoyar en vivo y en directo a su marido.

Otros años, la actriz española había optado por lucir en la alfombra roja vestidos palabra de honor con faldas voluminosas, mucho más elegantes. Así eran el de Versace (2007), Balmain 'vintage' (2009) o Donna Karan (2010). Esta vez, la línea era más fluida y ajustada, pero la elección de ese modelito para su primera aparición post-parto no ha sido de las más acertadas porque resaltaba excesivamente su voluptuosidad. Entre ese 'pecho fuera' y la melena lisa y larga que viene como apuesta fuerte este año, pero para Pe es toda una novedad, me recordaba a su íntima amiga Salma Hayek, al poco de dar a luz. Se le salía un poco todo.

La de Alcobendas no quiso quitar el protagonismo a su marido, Javier Bardem, que optaba al Oscar como mejor actor por la película 'Biutiful', pero no lo logró. Entre otras cosas porque Colin Firth se llevó la estatuilla a mejor actor por 'El discurso del rey', la gran ganadora de este año, tanto en recaudación como en reconocimiento.

La diferencia entre Penélope-madre reciente, con la otra gran protagonista de la noche: Natalie Portman-embarazadísima, fue evidente. La ganadora del Oscar al mejor papel femenino por su estupenda actuación en 'Cisne negro', combinaba tendencia y elegancia. Con una melena ondulada larga y vestida con otro de los colores de la temporada, el morado, lucía un vestido de Rodarte, de corte imperio, que disimula la tripa y joyas de Tiffany & Co.

Otra que también se decidió por el color morado fue Scarlett Johansson, que triunfaba con transparencias y encajes. Apuesta segura la suya con un vestido firmado por los siempre geniales Dolce & Gabbana. En cambio, lejos de encontrar su peinado perfecto: en esta ocasión decidió optar por el despeinado total y le quedaba fatal.

Respecto a la gala, sólo cabe decir que fue aburrida y previsible, muy previsible. ¡Que vuelva Billy Cristal! decían muchos de los presentes recordando lo divertida que fue cuando él llevó la batuta.

La presentadora del acto con James Franco, Anne Hathaway, llegó a la alfombra roja embutida -literalmente embutida- en un aparatoso vestido rojo de Valentino, y fue recibida por el propio modisto. Después, se cambió de traje y de peinado nada más y nada menos que seis veces más. Y lo peor de todo es que no llegó a acertar. Todo el ritmo y nervio que le faltó a la gala debía estar concentrado en el vestuario de la Hathaway.

Este año triunfaron en la pasarela las chicas de rojo. Anne Hathaway, como he dicho, me pareció excesiva, pero ella y Sandra Bullock y Jennifer Lawrence pusieron alegría a la noche. Vera Wang firma el vestido de raso rojo de la ganadora del Oscar femenino del 2010, mucho mejor que en alfombras anteriores. Y el Calvin Klein de Jennifer Lawrence le sentaba como un guante.

Aunque no puedo decir lo mismo de Jennifer Hudson, que con su escotadísimo vestido de Versace daba el cante. La chica está tan orgullosa de su nueva figura, mucho más delgada, que se olvidó de ponerse un vestido adecuado a su figura y, sobre todo, a su pecho, que con el modelito parecía caído.

Y qué decir de la estupenda Sharon Stone con sus plumas y asimetrías... Quien tuvo, retuvo. Y ahí estaba la protagonista de "Instinto básico" con un fantástico vestido negro adornado con plumas, de Dior, con "clutch" de la misma firma.

Muy bonito también y espectacular era el vestido de Hillary Swank, un Gucci plateado con plumas. Y el de Gwyneth Paltrow, que llevaba un vestido dorado suave de Calvin Klein, con un escote geométrico muy original. Su melena rubia, más larga de lo que acostumbra y lisa como una tabla, le sienta mucho mejor. Y sus maravillosos pendientes, el broche y el anillo eran de Louis Vuitton.

Las australianas Cate Blanchett y Nicole Kidman, en cambio, no me convencieron demasiado. La primera parecía perfecta con su Givenchy Alta Costura, en un suave malva con adornos del mismo tono y amarillos, pero me resultaba un tanto monjil. Y la Kidman, que apareció en la alfombra roja de la mano de su marido Keith Urban, parecía más relajada y natural - ha dejado atrás sus experimentos con el bótox-, pero su vestido blanco con bordados en plata de su Dior "vintage" no resaltaba nada su traslúcida piel.

Nicole se presentó con una de las tendencias de la temporada: el pelo recogido en una sencilla coleta baja y los mechones de pelo a modo de flequillo, pero le tapaban la cara y no le favorecían en absoluto.

Elegante, en cambio, resultó el palabra de honor de Reese Whiterspoon, de Armani Privé, que con la combinación que nunca falla -blanco y negro- , recordaba al espectacular modelo de Lorenzo Caprile que eligió Silvia Abascal en la pasada gala de los Goya.

En fin, que a pesar del aburrimiento de la gala de los Oscar, yo no perdí ripio de todos los modelitos que llevaron las famosas de Hollywood y es una pena que nuestra Pe, que siempre se ha destacado por su elegancia, reapareciera pletórica, pero excesivamente reventota para mi gusto.