En las nubes

Leire Pajín, la víctima hortera

MADRID 6 Jul. (EUROPA PRESS) -

La noticia surgió después de que "El Mundo" publicara unas imágenes de la Ministra de Sanidad pasando un día de playa en Mahón, en la isla de Menorca. Unas fotos de Leire Pajín en bikini, que se suman a los robados veraniegos que tanto abundan todos los años.

Al día siguiente, "La Razón" mostraba a la ministra en todo su esplendor en portada. Vestida como una turista hortera (como la mayoría cuando nos ponernos cómodos) y encima enseñando el ombligo y bostezando mientras caminaba por las calles de la ciudad balear.

A eso se unía el dislate del grupo de ERC-IU-ICV en el Congreso, que el lunes registraba varias preguntas para conocer el estado del convenio que firmaron el Ministerio de Sanidad y el Consell Insular de Menorca.

Leire se alojó en la fortaleza de Lazareto, situada en la isla del mismo nombre, junto al puerto de Mahón. El antiguo fortín es actualmente una residencia de vacaciones a las que solo tienen acceso los funcionarios de Sanidad, quienes optan a alojarse en la misma mediante un sorteo que tiene en cuenta factores como el nivel de renta y o el números de hijos.

Pero, en realidad, en el Parlamento se estaba cuestionando si la política del PSOE estaba aprovechándose de un privilegio que ella misma había derogado, aunque no puesto en práctica todavía.

Hasta intervino, con un comunicado oficial, el Ministerio de Sanidad, para negar cualquier privilegio en el uso por parte de la ministra Leire Pajín de dos habitaciones -una para ella y otra para sus padres- en el Lazareto.

Fuentes de ese departamento precisaron que la señorita Pajín ocupó esas dependencias el pasado fin de semana y que pagó personalmente su habitación y la que ocuparon sus padres en el mismo complejo. También señalaban que el precio abonado es muy superior al que pagan los trabajadores del Ministerio de Sanidad, que pueden disfrutar de una estancia en el sitio, a un coste muy reducido.

Tras el primer golpe de efecto mostrando el esplendor de sus carnes y luciendo un bikini color berenjena bajo el sol menorquín, todas las tertulias radiofónicas y televisivas del martes se enzarzaban en discusiones sobre si era lógico que un periódico pusiera este tema en portada. Como si la lógica de los beneficios al incrementarse las ventas no fuera suficiente argumento para el director de ésa o de cualquier otra publicación. Y más en los tiempos que corren.

Luego se cuestionaba si eran éticos todo tipo de comentarios burlescos hacia la redondita figura de Leire Pajín y su visible curva de la felicidad. Los tertulianos más sesudos se plantean por qué, como ciudadanos, nos interesan más el volumen, los kilos de más y el mal gusto en la vestimenta de la Pajín que su gestión al frente del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

¿Por qué nunca hemos visto a Alfredo P. Rubalcaba o a Pepe Blanco luciendo palmito? se preguntaba un periodista. Nadie se acuerda que antes de hacerle fotos a la ministra más joven del gobierno de Zapatero, otros años, los "paparazzi" siguieron los pasos de María Teresa Fernández de la Vega o de Elena Salgado. O que José María Aznar también fue "pillado", acompañado de sus famosos abdominales en una playa pública. Y eso por no remontarnos a los baños de Manuel Fraga en tierras gallegas, en "gayumbos".

Los menos sesudos simplemente nos hemos cuestionado el buen gusto de la ministra a la hora de vestir, sea bikini, ropa de sport o vestidito de gala. Es más, hace medio año más o menos, coincidí con ella en un acto solidario que recaudaba fondos para la lucha contra el cáncer y allí mismo pude comprobar su sentido, a mi juicio, "arrabalesco" a la hora de conjuntarse. Ese mismo día decidí que Leire Pajín era la "Belén Esteban" del PSOE.

Pero eso no quita para que fuera de agradecer su generosidad a la hora de apoyar una causa noble, cuyos frutos irían a parar a la Fundación Sandra Ibarra. Con la misma generosidad con la que asistió la entonces opositora Cospedal y un ramillete de periodistas famosas repartidas en un buen número de medios de comunicación.

A la ministra de Sanidad se le pueden criticar sus múltiples errores en su gestión política y algún que otro acierto (eso siempre es subjetivo dependiendo del ángulo en el que te sitúes). Pero eso es harina de otro costal. Eso es valoración política y me libraré mucho de hacerla ya que hay popes de mucha enjundia mucho más capacitados.

Lo que trato de decir es que no hay que ser más papista que el Papa. A Leire Pajín, como personaje público, se le puede "pillar" en bikini de la misma forma que conduciendo, yendo a la compra o lanzando un mitin. A Leire o a Amaia Salamanca. A Soraya Sáenz de Santamaría o a Rajoy. A Pepiño Blanco o a la duquesa de Alba. Todos ellos son personajes públicos que, unas veces salen en la prensa y otras muchas usan a la prensa, lícitamente, para conseguir algún fin.

¿Qué es un calvario para muchos de esos personajes públicos? Pues claro que sí. Pero como dicen en Cataluña, no se puede jugar "a la puta y a la ramoneta" al mismo tiempo. Ser un personaje público no es una obligación ni un sacrificio. Es una elección que viene condicionada por el tipo de trabajo que realizas.

Y la mayoría de la gente tiene curiosidad por ver y saber lo más posible sobre aquellos personajes públicos que producen curiosidad. El único límite al derecho a la información es la Ley.