MADRID 27 Abr. (EUROPA PRESS) -
En agosto del 2009, la Casa Real sueca anunciaba a bombo y platillo el compromiso matrimonial de la princesa Magdalena, de 27 años y el brillante abogado Jonas Bergström, de 31. Ocho meses después, una escueta nota de la Casa Real ha informado de que la pareja ha decidido "de forma conjunta" seguir "caminos separados.
¿Qué ha pasado para que la "princesa más guapa del mundo" y su novio hayan roto definitivamente a tan sólo dos meses de la boda de su hermana mayor y cuando ya habían anunciado que contraerían matrimonio el año próximo? Pues que él se la ha metido doblada.
Vamos, que primero empezó a irse de juerga por la noche con sus amigotes y hace unos meses tuvo una aventura con una deportista y modelo noruega, Tora Uppström Berg, de 21 añitos ex jugadora estrella del equipo noruego de balonmano y actual estudiante de fotografía de la escuela de Artes de Bournemouth (Reino Unido), a la que conoció en un hotel para esquiadores.
Y Maddie (como llaman cariñosamente a la princesa) se puso como una fiera al enterarse de la noticia y sentirse traicionada, discutió con su novio a grito pelado y echó de su piso de soltera, en el que convivían, al joven pijo de la alta sociedad sueca con sus libros, sus palos de golf y sus exquisitos modales incluidos.
Hasta aquí, todo normal para una chica de carácter, sobre todo porque ya había intentado solucionarlo por la vía del diálogo e incluso habrían asistido a un especialista en terapia de pareja para tratar de salvar su relación. Lo que no me parece tan normal es la reacción decimonónica que ha tenido el rey Carlos Gustavo con su propia hija que, en un principio, se oponía a que la princesa Magdalena rompiera su compromiso con Jonas Bergström porque "una princesa sueca debe ser fiel a su promesa".
Siempre y cuando el novio sea fiel a su amor por la princesa y no se deje llevar más por lo que encierra la bragueta que por el corazón, añadiría yo. Porque las promesas están para cumplirlas, es cierto, pero siempre y cuando ambas partes cumplan esos acuerdos no escritos que toda pareja reconoce. Imaginemos sólo por un momento qué habría pasado si la infiel hubiera sido ella y Jonas el novio cabreado...
Menos mal que Magdalena es peleona y, al final, hace de su capa un sayo. A temperamento no le gana nadie. Ni su propio padre.
La pareja llevaba viviendo junta desde hace seis años (algo impensable en la Monarquía española) porque la bella princesa se rebeló ya entonces ante su rancia familia. Un año antes, en otoño del 2002, les habían presentado unos amigos comunes. Ellos mismos aseguraban que lo suyo fue amor a primera vista, que ocurrió el flechazo, se hicieron novios y se fueron a vivir a un céntrico piso de Estocolmo, la capital sueca.
Curiosamente, era Magdalena la que tenía fama de juerguista, hasta que conoció a Jonas. Pero luego se dedicó a estudiar y a sus 27 años es licenciada en Historia del Arte, Etnología e Historia Moderna y ha realizado prácticas en la sede de UNICEF. Él, en cambio, licenciado en Derecho y con un montón de Máster, parecía el marido ideal, incluso para el propio Rey, con el que se llevaba bien (a diferencia de Daniel Westling, que se convertirá en marido de su otra hija, Victoria, la futura reina de los suecos).
¡Pero qué se puede esperar de un novio que se larga del restaurante donde su novia está celebrando su 26 aniversario (hace un año), antes de soplar las velas, para ver jugar a la selección sueca contra Grecia!
La pena es que estas situaciones son muy frecuentes. Sólo hace falta mirar los últimos casos de "braguetazo", como el de la actriz Sandra Bullock, a cuyo marido, Jesse James, le salen las amantes como churros. O a Emma Fergusson, la esposa del cantante de Take That, Mark Owen, que ahora, casado y con dos hijos, confiesa su adicción al sexo y la infidelidad a su entonces novia, durante los cinco años que estuvieron juntos antes de casarse.
O a Brooke Mueller, la mujer del actor Charlie Sheen, que descubrió que su marido le estaba poniendo los cuernos con dos prostitutas de lujo. O a Elin Nordegren, la guapísima esposa del golfista más rico del mundo, Tiger Woods, quien no hace sino pedir perdón por lo mal chico que ha sido y a cada disculpa le sale una amante nueva.
O Hugh Grant, que también se la dio con queso a su entonces novia, Liz Hurley, con una prostituta neoyorkina. O a Estefanía de Mónaco y la infidelidad de Daniel Ducruet, el padre de dos de sus hijos, que recorrió el mundo entero en clave de fotos porno...
Todas intentan comprender a sus respectivos por AMOR. Afortunadamente acaba imperando el amor propio, dan el pasaporte a los infieles y, al poco tiempo... ¡se dan cuenta de lo tranquilas que se han quedado!. Eso mismo ha hecho la princesa Magdalena, que se ha alejado de Suecia y ha decidido prolongar su estancia en Nueva York, atendiendo a sus compromisos con la ONG de su madre.
¡Y que el chaparrón mediático lo aguante su padre!