En las nubes

¡NOS VAMOS DE BODA!

MADRID 27 Jul. (EUROPA PRESS) -

Chelsea Clinton se casa el 31 de julio y dicen que se va a gastar dos millones de dólares. Lo normal, asegura la cadena de televisión americana ABC si tenemos en cuenta que la chica en cuestión es hija de la actual secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton y el que fuera presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

Lo normal si contamos 500 invitados a 1.500 dólares por barba. Lo normal si tenemos en cuenta que el vestido de la novia es de Oscar de la Renta y costaría alrededor de 15.000 dólares. Lo normal si añadimos maquillaje, peluquería, séquito de la novia, música para el evento, iluminación, fotografías... y un buen pellizco (se calcula en 30.000 dólares) para seguridad.

Porque si los padres de la novia son conocidos, también lo son los del novio, un banquero judío que se llama Marc Mezvinsky, que también pertenecen al Partido Demócrata americano. Y se dice que al enlace va a ir hasta el mismísimo presidente Obama y su esposa, antes de que venga a descansar a Marbella.

Curiosamente, esta normalidad se da cada día más en hijas de políticos como es el caso de Chelsea Clinton o lo fue en su día la boda de Ana Aznar con Alejandro Agag, cuando su padre era Presidente del Gobierno español. Y también cuando los que se casan pertenecen a la realeza (hay que mantener intacto el sueño de los súbditos) o a la aristocracia (la boda del hijo mayor de Nati Abascal tampoco tendrá desperdicio).

En cambio, los personajes que nos hacen soñar a través de la pantalla -léase actores, modelos, deportistas...- y cuyos enlaces siempre han llenado la prensa del colorín, han puesto de moda hacerlo en secreto. ¡El mundo al revés!

Hace una semana nos levantábamos con la noticia de que Penélope Cruz y Javier Bardem se habían casado a principios de mes en las Bahamas, rodeados tan solo de sus íntimos (ni eso, porque Mó no pudo asistir a la boda de su hermanísima) y lo único que trascendía es que el vestido de novia era de Galliano.

Poco antes nos enterábamos que Scarlett Johansson no sólo no había intentado ligarse a Bardem en el rodaje de la película 'Vicky Cristina Barcelona', sino que seguía con su novio de siempre, el actor Ryan Reynolds, y que le había dado el sí quiero sin anuncios ni fotos oficiales.

Hace unos días pudimos ver a Megan Fox, la protagonista de la película 'Tranformers', guapísima, bronceada y muy sonriente en una gala en Los Ángeles, en la que lucía con orgullo la alianza de su boda con el también actor Brian Austin Green (uno de los chicos de la serie 'Sensación de vivir').

Ahora acabamos de saber que Orlando Bloom, el actor británico de 'El señor de los anillos' y 'Piratas del Caribe' se ha casado con la modelo australiana Miranda Kerr (una de las bellezas de la firma de lencería 'Victoria's Secret') en una boda secreta y que están de luna de miel ni se sabe dónde.

Sin llegar a ese extremo, dos mujeres de rompe y rasga como la cantante Beyoncé y la supermodelo Gisele Bundchen, también se dieron el sí quiero sin que el mundo se enterase. La primera se casó con el rapero Jay Z con tan solo 40 invitados y la segunda mantuvo en secreto hasta el último momento la fecha de su boda con el deportista Tom Brady.

Pero el colmo del secretismo lo tienen los despendolados Sienna Miller y Jude Law, que preparan una boda íntima en la campiña inglesa, después de haber vuelto a estar juntos hace unos meses. Curiosa esta manía de la boda en la intimidad para un personaje como Jude Law, protagonista de las películas 'Cold Mountain' o 'Sherlock Holmes', que el 18 de julio de 2005 se disculpó públicamente con Sienna por tener una aventura amorosa con Daisy Wright, la niñera de sus hijos con su ex esposa (la actriz inglesa Sadie Frost).

Al mismo tiempo, se rumoreaba que la actriz y modelo estaba teniendo una relación con el amigo de Law, el también actor Daniel Craig. Y, al poco, Sienna fue de todo menos discreta cuando ligó con Baltasar Getty, por entonces casado, y se vio a la pareja metiéndose mano en una playa pública.

En fin, insisto, el mundo al revés. Aunque políticos, realeza y actores vivan del público, hasta ahora era lógico que los últimos airearan más su vida particular.

De cualquier manera, a nosotros nos gusta ir de boda, sea pública o privada. Porque lo que de verdad nos gusta es soñar mientras cotilleamos.