MADRID 9 Mar. (EUROPA PRESS) -
Sencilla, sobria, con unos pantalones negros a juego con una camisa del mismo color, manoletinas y una chaqueta de corte Chanel en blanco y negro aparece Patricia Rato en la portada del Hola, en la primera entrevista que ha dado en su vida.
La ex mujer de Espartaco, maquillada en tonos naturales, se permite dos cambios de su propia guardarropa a lo largo de todo el reportaje y ni siquiera luce pendientes. Tan sólo destaca un gran anillo negro en forma de aspa en el dedo índice de su mano izquierda.
Pero, más allá de la ropa que viste, lo que verdaderamente sorprende de Patricia es su mesura a la hora de analizar la popularidad que le ha otorgado su nueva situación de mujer divorciada del diestro sevillano.
Aparece serena y tranquila a lo largo de toda la entrevista y va desgranando conceptos que la definen perfectamente por lo sorprendentemente claras que parece tener todas las cosas.
Hubo un tiempo en que yo misma pensé que una niña bien de la familia de empresarios Rato se había enamorado de un desclasado, un hombre humilde y de familia pobre que había conseguido un imperio gracias al valor que implicaba jugarse la vida cada día delante del toro. Pero daba por hecho que esa historia se acabaría pronto, porque era puro romanticismo de una adolescente rica y caprichosa, sin visos de realidad.
Pues bien, de eso hace veintitantos años, durante los que Espartaco y Patricia han tenido tres hijos (aunque esa relación sentimental se haya roto ahora, nadie puede decir que ese matrimonio fracasó). Y a sus cuarenta años, la sobrina de Rodrigo Rato no reniega de nada de lo que le ha sucedido durante ese tiempo. Es más, habla de aquel amor con la pena del que reconoce que se ha roto, pero dispuesta a volver a repetir si se diesen las mismas circunstancias.
Habla de Espartaco recordando cómo, a sus dieciocho años, cuando era una estudiante de Ciencias Políticas, el torero se convirtió en la persona más importante de su vida, al que admiraba y sigue admirando y de la que ha aprendido muchísimo. Y cómo dejó a toda su familia en Madrid y se fue a vivir al campo por decisión propia.
Y descubro a una Patricia espiritual, que ha aprendido de esa etapa de su vida en contacto con la naturaleza que las cosas pequeñas como un amanecer o un ramo de flores pueden ser realmente importantes.
Eso precisamente es lo que quiere transmitir a sus tres hijos, además de lo que aprendió de niña dentro de una familia numerosa en la que ella es la mayor de cuatro hermanos: integridad, lealtad, honestidad y altura de miras. ¡Casi nada con los tiempos que corren!
Y cita una frase de su padre para dejar bien claro cómo son los Rato: "Recuerda quién eres, cumple con tu deber y vive de pie".
Una vida basada en la fe y en la creencia en Dios. Porque Patricia Rato cree firmemente en un ser superior: para darle las gracias por lo que disfruta día a día (habla de ella misma como una privilegiada), por haberse enamorado hace veinte años, por sus tres hijos maravillosos, por el cariño que siempre le han mostrado sus padres, hermanos y tíos, por haber tenido la oportunidad de trabajar en diversas ONGs que le han descubierto otra forma de ver la realidad. Y hasta da gracias a Dios por vivir el día a día sin obsesionarse con qué le deparará el futuro.
Pero la Patricia más generosa se descubre cuando habla de su ex marido y de la relación que ambos mantienen por el bien de sus hijos. Ni un reproche sobre la personalidad de Espartaco, ni sobre las afiladas declaraciones que él hizo en su momento, cuando estaban en pleno proceso de separación. Ni un quejido sobre si ha tenido que aguantar o no infidelidades, como se ha especulado durante los últimos años.
Es más, ni siquiera se permite una ambigüedad que diese lugar a dobles interpretaciones. Patricia afirma rotunda: "Jamás hablaré ni contaré públicamente nada de la vida personal del padre de mis hijos. Si hablo de él, será para engrandecerlo". Tiene muy claro que es el hombre que ella eligió libremente, con el que se casó y que siempre será el padre de sus hijos; y que sus hijos necesitan a su padre.
Sólo hay un momento a lo largo de la entrevista, en el que se atreve a insinuar que el mundo que rodea a Espartaco podría haber lanzado el bulo de que Francisco Rivera y ella podían haber mantenido un romance (también se dijo que el torero había tenido un "affaire" con su hija mayor). Pero lo apunta tan de soslayo que es imperceptible, para afirmar con rotundidad que todo lo que se publicó sobre esos amoríos de ella y su hija con Francisco es absolutamente falso.
Como colofón, Patricia Rato habla de la prensa con comprensión y hasta justifica que haya tenido una cohorte de reporteros a pie de calle que la hayan seguido de noche y de día, porque entiende que su separación de Espartaco ha sido noticia, "pero han sido muy respetuosos conmigo". Luego añade que su futuro profesional pasa por colaborar, a partir de ya mismo, con la revista Telva y el grupo Unidad Editorial, propietario del periódico El Mundo.
Así empieza la nueva vida de Patricia Rato en el terreno profesional (ha recibido numerosas ofertas de distintos ámbitos empresariales), aunque ni siquiera se plantea el tema amoroso por ahora.
Algo me dice que si durante los últimos veinte años esta mujer se ha mantenido en un discreto segundo plano, a partir de ahora Patricia Rato, sola o acompañada, va a estar permanentemente en el candelero. A lo mejor es que tanta prudencia da morbo.