En las nubes

El 'si quiero' de Alberto y Charlenne

MADRID 21 Jun. (EUROPA PRESS) -

Queda menos de una semana para la esperada boda del príncipe Alberto y Charlene Wittstock y Mónaco ha comenzado a engalanarse. La bandera del principado ya ondea por las calles y los monumentos más emblemáticos se engalanan para la gran fiesta que se prolongará durante tres días.

La iluminación del Casino de Montecarlo y de la Ópera de Garnier es espectacular y al Palacio Grimaldi, donde los novios se darán el "sí, quiero", le han dado los últimos retoques. A la muerte de su padre, en 2006, Alberto decidió ampliarlo, añadiendo más de tres mil metros cuadrados sin modificar la emblemática fachada.

Mónaco está ansioso por casar a su soberano y las tiendas adornan sus escaparates con los típicos (además de horrorosos) "souvenirs" oficiales de la boda, tales como llaveros, monedas, sellos, platos, vasos... y un sinfín de trastos que conmemoran el acontecimiento y quedarán relegados en las viejas estanterías de los hogares monegascos y de los innumerables turistas que se espera acudan al principado.

Los festejos arrancarán el jueves 30 de junio, ya que todos los ciudadanos de Mónaco están invitados a un concierto de la banda de rock "Eagles" (organizado por los novios). Al día siguiente, viernes 1 de julio, por la tarde, tendrá lugar la boda civil en el Salón del Trono del Palacio, donde también se casaron los príncipes Raniero y Grace, bajo los frescos de Orazio Ferrari.

Después, los novios saludarán desde el balcón del Salón de los Espejos, donde tienen lugar las ceremonias oficiales. La estancia está presidida por el impresionante retrato de la princesa Grace de gala, con encaje y tiara. Después, el matrimonio ofrecerá a sus invitados una recepción en el salón azul o "Salle des Gardes" (Sala de guardias), decorado con frescos pompeyanos y en el que cuelgan los retratos de los Grimaldi. Y más tarde habrá un bufet y una recepción en el puerto con un concierto del músico francés Jean-Michel Jarre.

Pero el día más importante es el sábado 2 de julio. Alberto y Charlene celebrarán la boda religiosa en la plaza del Palacio a las cinco en punto de la tarde. El escenario religioso será al aire libre. Se darán el "Sí quiero" ante miles de invitados en una ceremonia, que no tendrá como decorado la catedral, sino el palacio, y que permitirá a un gran número de ciudadanos ser testigos del feliz acontecimiento, junto al centenar de testas coronadas, Jefes de Estado y otras personalidades ilustres invitadas al enlace.

Como los Príncipes de Asturias, Letizia y Felipe de Borbón; Nicolás Sarkozy y suponemos que su embarazada esposa, Carla Bruni y, entre ambos, Luis Alfonso de Borbón, en calidad de heredero de un hipotético trono de Francia. Tampoco podía faltar a esta boda Kart Lagerfeld, el modisto fetiche de la princesa Carolina de Mónaco, aunque será Giorgio Armani el que vestirá a la novia. Asistirán también los Reyes de Suecia y sus hijos y actores famosos como Demi Moore y su marido Ashton Kutcher, Roger Moore, Mel Gibson (no sabemos si con su nueva conquista, una jovencita modelo de 25 años) y Brooke Shields y Tasha de Vasconcelos, ambas "ex" novias de Alberto de Mónaco.

Unas 4.000 personas podrán entrar en el Palacio Grimaldi para presenciar, sentadas, los votos matrimoniales de los ilusionados novios. La ceremonia religiosa, que será oficiada por el arzobispo de Mónaco, tendrá lugar en el patio de honor, pero el público que acceda al recinto podrá compartir los momentos claves gracias a unas pantallas gigantes. El patio de honor de palacio siempre ha ocupado un lugar especial en los corazones de los monegascos, ya que tradicionalmente ha sido escenario de grandes acontecimientos como la adhesión al trono de los príncipes de Mónaco o la presentación de los hijos de los soberanos.

Por la magnífica escalinata de mármol de Carrara, en forma de herradura e inspirada en el castillo de Fointenebleau, situada en el centro del patio central, descenderá Charlenne vestida de novia por primera vez, igual que hizo Grace Kelly hace 55 años.

Una vez casados, la pareja se desplazará hasta la capilla construida en honor a la patrona de Mónaco, Santa Devota, para que la ya esposa del soberano monegasco deposite allí como ofrenda su ramo de novia. Recorrerán en un magnífico coche de la firma Lexus (una de las que patrocinan el enlace principesco) las callecitas de la ciudad hasta llegar al puerto. Es allí donde se encuentra la capilla, construida en el siglo XI y restaurada en el XIX, donde se celebran todos los 27 de enero ceremonias en memoria de la Santa.

Y de la capilla a la Ópera Garnier, donde los esposos celebrarán el convite oficial de la boda para 450 comensales, bajo la batuta del prestigioso chef Alain Ducasse, que tiene en su haber un total de 20 estrellas concedidas por la Guía Michelin.

Como Alberto quiere transmitir a los inversores que su país es más moderno y ecológico que ninguno, el 95 por ciento de los alimentos y bebidas que se sirvan en la cena nupcial se habrán criado en un radio de diez kilómetros (si fuera un poco más lejos, serían productos franceses o italianos dado lo pequeño del país). Vamos, que los productos mediterráneos, como calabacín, pimientos o berenjenas se recolectarán esa misma mañana en las huertas privadas del príncipe.

"Se hará una excepción con unas gambas procedentes de la riviera italiana y un vino muy agradable de Sudáfrica, lugar natal de la novia. Como referencia a la patria de Charlene, la tarta nupcial estará coronada por la "protea", la flor nacional de Sudáfrica", ha confesado el chef.

Después del baile en palacio, hacia las once de la noche, un espectáculo de fuegos artificiales pondrá punto y final a los festejos pasada la medianoche. Con final feliz como en el cuento de "La cenicienta".

Y de Montecarlo a Durbán. Allí Alberto asistirá a la 123 sesión del Comité Olímpico Internacional (cambió la fecha del enlace para poder asistir) y volverán a recordar su boda con Charlenne con una magnífica fiesta para doscientos invitados en el exclusivo hotel Oyster Box, construído en Sudáfrica en 1869, a orillas del océano Índico.

Para entonces Charlenne se habrá convertido en Su Alteza Serenísima la princesa Charlenne, o Charlenne de Mónaco, que es como todos los mortales hemos llamado siempre a Grace o a Carolina. Pero eso todavía es futuro.