En las nubes

Triste adiós a la chacha Florinda

MADRID 22 Feb. (EUROPA PRESS) -

La noticia de la muerte de Florinda Chico, el pasado fin de semana, me ha entristecido profundamente porque, desde que la conocí hace muchos años y me transmitió esa vitalidad que le caracterizaba mientras decía barbaridades divertidas, he tenido la sensación de que era un trocito de mi propia vida.

Todos los que la han conocido hablan bien de ella, como mujer, como ser humano y como artistaza. Si por algo se caracterizó Florinda fue por hacernos reir a carcajadas con las cosas más banales, pero con una gracia y un desparpajo como sólo ella sabía decirlas. Eso, que a primera vista parece fácil, tiene su enjundia.

Florinda tenía un don especial que desarrolló durante seis décadas de profesión, en las que intervino en 153 películas y más de 120 obras de teatro. Y aunque ella siempre parecía dicharachera, un día nos confesó a un grupo de periodistas que la acompañamos a Lanzarote, que su vida había sido bastante dura.

"Desde jovencita -decía con una sonrisa amarga- me tenían envidia en mi pueblo (Don Benito, Badajoz) porque era guapísima y pobre" Y se explayó al contarnos cómo tuvo que ponerse a trabajar desde muy jovencita porque su madre se quedó viuda a los 40 años y tenía cuatro hermanos más que alimentar.

Pero era muy tenaz, y al fin, con 21 años y casi por casualidad, conoció a unos de los grandes autores de zarzuelas y revistas, el maestro Jacinto Guerrero. Consiguió una audición con él y enseguida la contrató en su compañía. Y de ahí fue fichada por la gran Celia Gámez, la reina de la revista. Y con ella trabajó durante varios años como segunda actriz.

Desde entonces no le faltó trabajo, tanto en teatro como en el cine, aunque a veces tuviera que duplicarse para atender a todo al mismo tiempo. Eran tiempos de crisis en España y no podía permitirse el lujo de decir no.

Pero cuando realmente alcanzó la fama de la popularidad fue con su papel en la televisiva "La casa de los Martínez". La recuerdo perfectamente, soltándole alguna que otra fresca a su "tía "Rafaela Aparicio, ambas criadas en la casa de la famosa saga que causó furor a finales de los años 60.

Tanto se identificaban ambas actrices con sus papeles que mucha gente creía que eran tía y sobrina en la vida real.

Florinda siempre explicaba esta anécdota con una carcajada, añadiendo que otros muchos telespectadores creían que ella había sido chacha de verdad antes que actriz, por la de veces que hizo este papel en la ficción y por cómo lo bordaba. Tanto es así que acabó publicando dos libros de cocina que tuvieron un enorme tirón de ventas.

Pero Florinda Chico fue modista, vendedora de helados, mecanógrafa... y varias cosas más antes de triunfar en el mundo del espectáculo. Pero jamás ejerció como empleada del hogar. Tras su consagración, siguió haciendo muchísimo teatro y muchísimas películas y series televisivas, en las que siempre fue la eterna segundona de lujo, porque daba brilllo a actores como Alfredo Landa, Pajares o Arturo Fernández.

Al crematorio madrileño de La Almudena, donde incineraron sus restos, acudieron algunas íntimas como la cantante Marta Valverde y la actriz Rosa Valenti, que acompañaron a la familia (además de su viudo, Santos, y sus hijas, tenía una hermana que vivía con la pareja y que apenas podía mantenerse en pie). Pero fueron innumerables las muestras de cariño de aquellos compañeros que adoraban a la actriz, como Lola Herrera, Pajares, Alejandro Sanz, Lina Morgan... e Isabel Pantoja, que había acudido antes al tanatorio acompañada de Raúl Sénder y a la que vimos visiblemente afectada.

Parece que la tonadillera no frecuentaba asiduamente a Florinda en los últimos tiempos porque llevaban vidas muy distintas, pero se profesaban una amistad profunda desde hace años, cuando ambas coincidieron en una gala por motivos de trabajo.

El viudo de Florinda, Santos Pumar, se vió rodeado de todos los seres queridos en ese último acto de amor a su compañera durante treinta y cuatro años. Todos los amigos de la actriz sabían que Santos, siempre en un segundo plano ante la imparable fuerza de Florinda, le había devuelto la frescura y la alegría de vivir desde el momento que se conocieron.

Antes, a finales de los años 50, la cómica había pasado una época muy dura, en la que Florinda sufrió una depresión de casi tres años cuando su primer marido la abandonó a ella y a sus dos hijas. Sin dinero, sin techo y sin ley de divorcio.

Afortunadamente, Santos llegó en el momento oportuno, aunque no se casaron hasta 1989, porque hasta que llegó la democracia a nuesto país no hubo una ley de divorcio que le permitiera separarse del padre de sus hijas.

La actriz siempre hablaba maravillas de "su Santos": "Soy feliz y he sido una mujer feliz desde que le conocí. Por primera vez, me han querido como yo he querido".

Lástima que Florinda tuviera el corazón tan grande que tuvo que ser un fallo cardíaco el que lo parase. ¡Lástima!