A PESAR DE LAS APARIENCIAS ES UN ROMÁNTICO EMPEDERNIDO
Arturo Valls es uno de los rostros televisivos más queridos por el público. El que fuera reportero de Caiga Quien Caiga durante siete años, ahora triunfa en la pequeña pantalla con Camera Café y su nuevo estreno, Gominolas , donde comparte protagonismo con Fernando Tejero, Kira Miró y Gorka Lasaoasa.
Gracioso y guasón delante y detrás de las cámaras, el valenciano se define como un romántico empedernido, y dice que una paella los domingos con sus amigos en Valencia es uno de los momentos perfectos para desahogarse.
Rebosa sentido del humor y naturalidad, dos aspectos que pueden ser claves de su éxito.
-Háblanos de Bruno, tu personaje en Gominolas .
-Bruno es un tipo que estuvo enamorado del éxito, se creyó el éxito de Gominolas , y esto es muy importante, el ser consciente de hasta dónde llega tu éxito y si eso es éxito en realidad. Bruno vive con la obsesión de no querer perder el éxito. Para él, ahora el éxito es trabajar de camarero en un karaoke, cantar de vez en cuando para animar a las viejunas del local y el aplauso de ellas, es su éxito. Ha vendido más de cien casettes en las gasolineras y por eso sigue enamorado del éxito. Luego también hace trabajos esporádicos que unos llaman de gigoló, aunque yo prefiero llamarlo latin lover .
-Su gominola, el plátano, entonces le viene que ni pintado, ¿no?
-Sí, sí (ríe), si quieres ahora te cuento por qué me llaman el plátano (ríe), desde los doce años.
-¿Cómo te has visto con tu traje amarillo?
-Bien, muy bien, pero a Fernando Tejero yo le decía Fernando, así Médem no nos llama .
-¿Qué tal la experiencia de bailar y cantar?
-Maravillosa, aunque algún pisotón nos hemos llevado. En los ensayos nos lo hemos pasado muy bien, yo me compré unas mallas y unos calentadores porque estaba encantado.
-¿Y cómo te has visto ahora al ver las imágenes?
Creo que está muy bien traído, no estás parodiando nada, forma parte de la historia y del drama, que es la de unos tíos de treinta años recuperando esa estética de los ochenta. Es la historia de muchos retornos que hemos visto, que han forzado la máquina.
-¿Cómo esperas que lo reciba la gente?
-Ya nos han insultado mucho por Internet, me dicen Arturo, ¿te vas de Caiga Quien Caiga para hacer esta mierda? . Viendo sólo el vídeo del bailecito puede que la gente piense que qué es esto.
-¿Te gustan las gominolas?
-No especialmente, pero uno de los peligros de esta serie es que cuando grabamos, en lo que es el bar en la serie siempre hay gominolas, y cada vez que cortamos, cogemos un puñado, y nos pasamos comiendo todo el día.
-¿Tienes siempre tan buen sentido del humor?
-Sí, la verdad es que es muy raro verme la parte agria, no me gusta.
-¿Eres dulce como las gominolas?
-A ratos.
-¿Crees que en la vida le va bien a los jetas como Bruno, o les va mejor a los buenazos como Benja, el personaje que interpreta Fernando Tejero en la serie?
-A corto plazo puede que le vaya mejor a los jetas, al tío que sabe venderse y va engañando al personal pero, a largo plazo, al final de todo, la vida premia al que ha ido con buen espíritu, al final a éste le va mejor.
-¿Te gusta lo de ir de chulillo?
-¿A mí? No, soy incapaz (ríe). Soy un romántico empedernido. Qué va, es broma, me encanta.
-¿Pesa mucho en tu vida ese San Benito de ligón?
-Sí, pero en cuanto me conocen se dan cuenta de que juego con eso en la vida, puedo tontear pero en el fondo soy un romántico empedernido.
-Veámoslo ¿Que has sido capaz de hacer por amor?
-Muchas cosas, sobre todo viajar lejos, puedo dejarlo todo y coger el coche durante seis horas sólo para verla una tarde y volverme.
-¿Y el fin de semana quién eres?
-El fin de semana no soy ni Jesús ( Camera Café ) ni Bruno ( Gominolas ). Ése es mi lastre, la gente me quiere ver siempre cachondo y gastando bromas y no siempre me salen. No tengo nada que ver con los personajes a los que interpreto, me gusta salir pero no llego a esos extremos.
-¿Dónde sueles desahogarte?
-La paella del domingo con los amigos. Esas sobremesas que se alargan hasta las ocho de la tarde cerca del mar en Valencia suelen ser el lugar perfecto para desahogarme.