LA ACTRIZ SE ESCONDE BAJO LA PIEL DE LA ABNEGADA CARLOTA DE "AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS"
A los dieciocho años lo dejo todo por perseguir un sueño, quería ser actriz y nada se lo impediría, Begoña Maestre era una chica tan decidida e independiente como el personaje al que interpretaba en compañeros, Duna Belarde. Aquella romántica historia de amor le permitió darse a conocer al gran público, desde entonces esta bilbaína de veintiocho años se ha paseado por las series de más éxito de la pequeña pantalla: Hospital Central , El Comisario , Motivos Personales y ahora Amar en tiempos revueltos . Entre una serie y otra Begoña dedica todas sus energías al teatro, lo último que ha ocupado su atención en este medio ha sido la gira de Ana en el trópico en la que sustituyó a Toni Acosta.
-Háblanos de Carlota, ¿cómo ves tu este personaje?
-Carlota es una mujer muy de la época, sumisa y fiel, que asume el rol de cuidar a todos los que la rodean olvidando sus sueños. Es la segundona, en su casa se siente desplazada, se ve fea y se abandona a si misma generando sentimientos que tampoco la ayudan a cambiar. Ahora está empezando a mostrar una parte celosa y envidiosa de su hermana.
-¿Os parecéis en algo?
-Doy gracias de que no, en nada. Con Carlota estoy aprendiendo todo lo que no quiero ser. Es una preciosidad interpretar a alguien tan radicalmente distinto a mí.
-¿Has aprendido mucho de la posguerra con esta serie?
-Sí, esa sensación de silencio y de falta de libertad. Ahora tenemos todos asumido que puedes decir o hacer cualquier cosa pero antes ese miedo a hablar se sentía en la propia casa. Nosotros hoy por hoy no podemos ni si quiera imaginar lo que era racionar la comida o tener que echar agua a la leche para que cundiera más. Trabajar en esta serie me permite ponerme en los zapatos de nuestros antepasados.
-¿Prefieres televisión, teatro o cine?
-No me planteo el medio sino lo que se cuenta en él, en principio no le hago ascos a nada. Me fascina el teatro, esa subida de adrenalina que me proporciona el escenario fue la razón que me impulsó a dejar a mi familia en Bilbao y marcharme en busca de un futuro.
-¿Cómo reaccionaron tus padres?
-Muy bien, a ellos les debo estar donde estoy, han sido siempre unos padres muy comprensivos y me han apoyado en todo, tanto económicamente como anímicamente. Están contentos y orgullosos, no se pierden nada de lo que hago. No se sienten especialmente identificados con la serie porque son muy jóvenes, mis abuelos sí, mi abuelo no se pierde ni un capítulo y mi abuela es la envidia de las amigas.
¿Qué haces para desconectar?
-Me gusta mucho viajar, cogerme un tren e irme muy lejos. Me suelo ir a casa, a Bilbao, con mis padres.
-¿Qué es lo más duro de esta profesión?
-Las esperas entre escena y escena son agotadoras pero que me reconozcan por la calle es peor, me da mucha vergüenza y no sé nunca qué decir, es un problema que tengo que superar porque al final acabo pareciendo borde y distante.
-¿Qué proyectos tienes?
-De momento estoy centrada en la serie, pero a mí en cuanto me quedan dos meses en un trabajo me tiemblan las rodillas y empiezo a buscar otra cosa.
-¿Cuándo te veremos en la gran pantalla?
-Tengo una espinita clavada con el cine. No voy a mentir, me apetece mucho probarlo lo que pasa es que me surgen cosas de teatro y es como un veneno que tengo dentro.
-¿Tienes algún defecto que puedas compartir?
-Soy muy despistada, un verdadero desastre, siempre me dejo las llaves y el móvil allá donde voy.
-¿A qué le das más importancia?
-A lo personal, a estar bien yo y mi familia, cuando trabajo bien es porque estoy bien y lo hago todo a gusto.
-¿Cómo te definirías?
-Me apasiona mi trabajo, es uno de los motores de mi vida. Me gusta mucho la calma. Doy una primera impresión de estirada pero una de mis virtudes es lo mucho que quiero a mi gente.
-¿Qué sueñas conseguir?
-Con poder contar historia me vale, tampoco tengo grandes ambiciones.