BLANCA PORTILLO, DE INQUISIDORA A REINA EN EL CINE

BLANCA PORTILLO, DE INQUISIDORA A REINA EN EL CINE

VA A ESTRENAR "LOS FANTASMAS DE GOYA", ENCARNANDO A LA REINA MARÍA LUISA DE PARMA, ANTES DE VOLVER AL TEATRO

Mira incrédula cuando se le pregunta por la posibilidad de conseguir un Goya pero la trayectoria de Blanca Portillo habla por sí sola. Siete vidas la dio a conocer como Carlota pero ahora cuando la paran por la calle ya no es sólo aquella neurótica que se ganó al público acompañándole cada domingo, ahora tiene nombre y apellidos. Es difícil que Blanca pueda llegar a olvidar un año como éste, ha participado en todas las grandes producciones cinematográficas de España y en todas ellas ha dado pruebas sobradas de su talento interpretativo. Desde la tierna Agustina de Volver , pasando por Torquemada de Alatriste y hasta la repelente María Luisa de Parma de Los Fantasmas de Goya , esta actriz se merece un diez.

- Blanca, háblanos de esa reina de España a la que das vida en Los fantasmas de Goya ...

-Interpreto a María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV y reina de España del momento. No había hecho nunca un personaje histórico, siempre me había movido dentro de la ficción y me asustó un poco. Leí mucho investigando como era y todo el mundo la describe como una mujer muy fea, vanidosa, urdidora y manipuladora hasta el extremo. Hay algo en esa personalidad que me parece profundamente atractivo. Tenía la convicción de poder hacer lo que quisiera, era una mujer capaz de todo por seguir en el poder. Tuvo más de veinte embarazos, perdió los dientes y aún así seguía empolvándose y mostrándose como la más joven y hermosa de las mujeres. En el guión se refleja todo con un gran sentido del humor, Milos Forman lo ha rodado con secuencias muy cortitas y aun así el personajes está perfectamente bien reflejado. Cuando volví a ver el retrato que le hizo Goya tuve la sensación de ser yo la retratada en él, de hecho ahora existe una copia del cuadro con mi cara. Es una sensación realmente divertida ser María Luisa de Parma.

-¿Qué proyectos tienes?

-Estreno en la sala pequeña del teatro Español una pequeña joya, After Play , hacia ocho meses que no me subía a un escenario y no podía aguantar más. Tenía ganas de hacer algo pequeño, donde el espectador pueda estar cerca y yo le sienta. En esta función, por arte de la magia teatral, el autor coloca juntos en un café de Moscú a dos personajes de dos obras diferentes de Chejov y juntos hablan de la soledad y la dificultad de vivir. Es una historia de amor entre dos perdedores llena de ternura y humor. En cine pronto se estrenará Siete mesas de billar francés de Gracia Querejeta. En el horizonte hay algún proyecto más del que todavía no puedo hablar.

-¿Has dejado de lado la pequeña pantalla?

-No, quiero hacer cosas buenas, me da igual el medio. Me han hecho ofertas pero tiene que ser algo que realmente me apasione. Siete vidas ha marcado un antes y un después a la hora de hacer televisión, era una apuesta muy arriesgada y eso me gustó. No quiero hacer por hacer, nunca lo he hecho. El día que me llegue una oferta interesante volveré a televisión.

-Estás viviendo un año realmente bueno...

-Sí es un buen año pero soy consciente de que se trata de un golpe de suerte. Este año se han juntado muy buenas producciones de cine español y he tenido la inmensa suerte de que, después de pasar una prueba en todas, me han elegido. Es difícil que esto se vuelva a dar, los hados se han puesto de acuerdo para que cinco directores espectaculares decidan producir a la vez y yo entre a formar parte de todas esas producciones. Me conformo con que mi carrera sea como ha sido siempre, lenta y segura, para eso trabajo día a día. No es una cuestión de cantidad sino de calidad.

-Eres una mujer con los pies en la tierra...

-Cada día más, cuanto mejor me va más toma de tierra tengo. Esto puede cambiar y lo que me tranquiliza es que si no salen más proyectos siempre puedo generarlos yo, para eso tengo mi propia productora de teatro. Me fascina hacer teatro, eso es lo que voy a seguir haciendo toda mi vida.

-¿Qué es eso de que empezaste a hacer teatro por amor?

-Suena muy dramático pero era muy jovencita, tenía diecisiete años y enamorada de mi profesor de teatro entré a formar parte de su grupo, el me abrió los ojos a muchas cosas, la literatura, el arte, el cine y con él descubrí que valía para esto. Mis hermanos y yo éramos muy juguetones, hacíamos teatro en casa pro nunca pensé dedicarme en serio a la interpretación

-¿Mantienes contacto todavía con aquel profesor?

-Sí, está encantado. Somos muy cómplices en eso. Me conoce muy bien, sabe cual ha sido mi camino y me sigue reconociendo después de más de veinte años.

-¿Qué te da la interpretación?

Es un trabajo muy duro si lo tomas en serio y quieres vivir de él pero a la vez es tan apasionante ser ayer Carlota y hoy María Luisa de Parma. Aprendo mucho construyendo personajes. Juego, me disfrazo de cosas y me las creo, la interpretación toca mi lado más infantil, sigo siendo muy niña y eso es maravilloso.

-¿Sois infantiles y vanidosos los actores?

-El niño tiene que estar muy vivo, hay que creérselo todo y vivirlo con intensidad mientras se interpreta. Algo de vanidad hay que tener para exponerse como lo hacemos pero en realidad somos muy tímidos cuando nos quitan el disfraz.

-¿Te siguen llamando Carlota a pie de calle?

-Ya me llaman por mi nombre cuando me paran, empiezan a despegar al personaje de la actriz y eso es algo maravilloso. Me están viendo en cosas muy diferentes y ya no pueden llamarme de una sola manera.

-¿Sigues manteniendo contacto con el equipo de Siete Vidas ?

Claro que sí, son como mis hermanos. Con la que es más difícil quedar es con Anabel, tiene mucho trabajo pero no dejamos de intentarlo. Amparo Baró ha interpretado a mi madre en Siete mesas de billar francés y nos lo hemos pasado estupendamente.

-¿Producirás de nuevo algo en lo que trabajéis juntos?

-Igual dentro de un tiempo, nos gusta mucho trabajar juntos, hemos congeniado muy bien.