ALEJANDRO SANZ ES PARA ELLA MÁS QUE UN PADRINO, "ALGUIEN DE SU FAMILIA"
Diez años se cumplen desde que su desgarradora voz, llena de fuerza y pasión, llegara al corazón con Aprendiz , su primer disco. Con sólo quince años y una infancia rodeada de música y baile, María Lucía Sánchez, de nombre artístico y cariñoso, Malú, iniciaba una carrera musical que marcaría paso fuerte al mes consiguiendo convertir el disco de oro a triple platino con más de 400 mil copias vendidas. Hija de Pepe de Lucía y sobrina de Paco de Lucía, el flamenco recorre la sangre de esta joven cantante que, a pesar de ser flamenca de condición , ha seguido un estilo pop porque, como ella misma dice con un gesto sincero, es incapaz de expresarlo con la misma intensidad con que lo siente. Gracias es su último disco, una recopilación de sus mejores canciones junto a un DVD de su paso en concierto por Girona.
-¿Esta recopilación de tus mejores canciones simboliza un cambio de etapa?
-Es una forma de celebrar los diez años de estar aquí. Me apetecía hacer algo especial después de siete discos grabados. Podíamos hacer algo bonito y Gracias ha sido hacer un pequeño paquete de todo lo que creemos que ha sido lo mejor dentro de las dieciocho canciones establecidas junto a la gira que ha sido la que me ha llenado por completo. Me parecía bonito dar eso a todas las personas que les apetezca vivir esos momentos que, para mí, fueron tan especiales. El DVD refleja uno de los conciertos de esos ochenta que hicimos.
-Los temas seleccionados hablan del dolor de amor...
-Sí. Siempre me ha apasionado interpretar canciones muy desgarradas porque soy una persona muy pasional. Me es mucho más fácil meterme en el papel. Considero que es una cosa que mueve el mundo. Cuando haces una canción de amor o desamor está más abierta a los distintos sentimientos que cada uno quiere poner en ella.
-¿Qué relación guardabas con Alejandro Sanz cuando te apadrinó ?
-En su momento no fue un apadrinamiento. Fue mucho más especial. Era parte de mi familia y aún lo sigue haciendo.
-¿Dejaste a un lado tus estudios para introducirte de pleno en la música?
-Totalmente. El hecho de empezar en la música no era algo que tuviera planteado en la cabeza. Mi único objetivo era dejar el colegio fuera como fuera. Me dijeron de cantar y como si me hubieran dicho de hacer el pino, pero luego me di cuenta de que era lo que más me gustaba hacer en el mundo. No veía cantar como vocación porque en mi casa todo el mundo cantaba, bailaba o hacía algo, así que no era algo fuera de lo normal. Nadie le daba la mayor importancia.
-Empezaste con quince años y esto te forzó a crecer. ¿Siempre estuviste delante en cuanto a madurez?
-No. Creo que fue algo que empecé a potenciar una vez comencé a trabajar en esto. Tuve que crecer muy rápido. Obviamente, esa timidez y falta de madurez se paga, pero con quince años era como cualquier otra persona. Esa irresponsabilidad justificada que se tiene a esa edad no la pude tener, pero es algo que luego se agradece porque tengo veinticinco años y estoy haciendo lo que más feliz me hace en este mundo.
-¿Estabas preparada cuando llegó el reconocimiento?
-Para nada. Fue un golpe muy grande y me quise morir. Pensaba en cómo iba a hacer una gira si ni sabía cantar. Cantar había cantado, pero con quince años tienes la cabeza un poco perdida. Luego te fluye cuando te das cuenta que es tu vida.
-Ahora, en plena madurez tanto como mujer como artísticamente. ¿Utilizas la sensualidad como herramienta?
-No. La verdad es que si algo no he usado en mi vida porque no la considero una utilidad es la sensualidad. Al revés, lo que estoy dejando fluir en los discos es más la experiencia que he ganado musicalmente en estos años que es la seguridad y la estabilidad psíquica. Puedes trabajar un disco siendo mucho más consciente de lo que estás haciendo con todo ese bagaje detrás y aprendizaje. La sensualidad es algo que nunca he tenido en cuenta a la hora de cantar. Sólo que se cante con alma o no. Canto porque siento que esa canción te está pidiendo que la interpretas. Somos obreros de la música.
-Ahora que tienes más experiencia en la producción de discos, ¿cuánto de ti estás poniendo en ellos?
-Como autora todavía no me atrevo a dejar ver cosas que haya hecho. Siempre tengo que sentir las canciones y parecerme buenas. No por el hecho de ser mías tienen porque ser buenas o estar en un disco. En la producción de mis discos me llevo implicando bastantes años, pero no me atrevía a poner mi nombre. En este último, Desafío , finalmente lo hice porque estaba orgullosa del disco y me había implicado más.
-¿De dónde sacas las fuerzas para volver a un escenario o a un estudio?
-Esa energía te la da el público. Suena tópico, pero es así. Haces mil kilómetros y duermes tres horas, pero cuando acabas el día te compensa. Acabas haciendo lo que más te gusta en el mundo que es subirte a un escenario y dar tu alma. Hay muchas partes de mí que no puedo expresar y ésta es la única forma que tengo de hacerlo. Hay veces que tienes un bajón, pero alguien te dice algo que se te clava en el alma y te das cuenta de que, aunque sólo sea por una persona que te escuche, no puedes dejarlo.
-¿Alguna en especial que recuerdes?
-Te lo dicen a ti con toda su confianza. Sería desvelar un secreto, a lo mejor de una persona anónima, pero lo va a saber. En cierto modo es faltar a esa esencia que se ha creado entre ella y yo en ese momento.
-¿Has perdido algo por el camino al mismo tiempo que has ganado ese éxito?
-Muchas cosas. La irresponsabilidad justificada de los quince años no la he podido tener. Sí podía ser irresponsable, pero no estaba justificada. Eso es lo más importante que pierdes porque lo demás lo puedes recuperar. Antes, no tenía tiempo para el parque de atracciones. Ahora voy y me monto a las cosas mil veces. Puedes disfrutar de algunas de esas cosas, incluso con la misma inocencia porque para mí es nuevo. Ahora me dicen que empecé muy pequeña, pero en aquel momento no me lo decían si no que me juzgaban por todo. Pero también he ganado mucho. Te das cuenta rápido de dónde estas y valoras más las cosas que te pasan alrededor. Aprendes y a la larga te hace ser una persona más estable y más feliz. Lo ves todo desde una perspectiva mucho más serena.
-¿Encuentras el tiempo para disfrutar de esa inocencia hoy?
-Sí. Antes, no. Soy partidaria de no tener sueños porque los idealizas y cuando llegan nunca son lo que has imaginado. Nunca llegas a ser feliz. En aquel momento lo hacía todo corriendo y lo quería hacer todo, pero cuando tuviera tiempo así que me imaginaba mi vida feliz cuando terminara de trabajar. Ahora vivo mucho más tranquila porque vivo el día a día. Siempre y cuando no falte a mi trabajo y sea la más responsable del mundo intentaré llevar una vida paralela, poder pasear a mi perro tranquilamente, peinar a mi amiga o tomarme un bote de helado enorme en frente de la televisión. La edad y la estabilidad te da la seguridad para llevar tu propia vida y hacer de tu trabajo tu vida.
-¿Cuántos años tiene tu perrita?
-Un año. Se llama Rumba y vive conmigo en Madrid, pero me acompaña cuando viajo. Es muy chiquitita, una Yorkshire que me regalaron. Lo que pasa es que está todo el día enferma. Se rompe una pata y luego se cae. Espero que sólo sea que todo lo que le tenía que pasar en quince años le ha pasado de golpe y que no siga así.
-Será de tanto viajar contigo...
-Al revés. Se hostia cuando está en casa. Es que mi vida es inestable y creo que hasta el perro lo capta.
-¿Tienes más tiempo para estar en casa o sigues una vida nómada?
-Estoy más en Madrid, pero sigo de aquí para allá. Soy muy hogareña aunque tengo los dos lados. Me considero una persona completamente hiperactiva que me encanta estar haciendo cosas, trabajar, moverme, pero por otro lado, disfruto mucho tranquila en casa con las palomitas viendo una película mientras llueve.
-¿Qué has aprendido de tu padre, Pepe de Lucía?
-No te puedo nombrar una por una las personas de las que he aprendido cosas porque es todo mucho más global. Sobre todo, mi familia me ha inculcado flamenco, música... En mi casa había mucho arte. Eso te da un mundo. El haber vivido rodeada de caracteres distintos y personas me ha abierto. Muchas veces sólo aceptamos a los que son como nosotros. De mi padre he aprendido la perseverancia, pero más que aprenderlas son cosas que admiras. La persona que más me ha marcado en mi vida con una frase fue Miguel Bosé. De una conversación con él saco cosas impresionantes.
-¿Qué admiras de Miguel Bosé?
-Le admiro a él en sí. Es papito . Te entiende, te escucha. Muchas veces, tus ideas y tus formas de pensar te hacen juzgar a la gente que se sale de cierto patrón, pero Miguel no te juzga. Es muy complicado encontrar a gente que te acepte y en un momento dado te eche un capote. Aquí te juzga todo el mundo, entre artistas incluso. Es una persona con la que me encanta estar. Me da una paz tremenda.
-¿Por qué decidiste divergir de la rama flamenca familiar y probar con el pop?
-Soy flamenca de condición y para mí es lo que más me llena del mundo. Pero, teniendo la familia que tengo a la que nunca podré llegar a la suela del zapato, no me parecía ético meterme por ahí. Sé que no podré interpretar flamenco con la misma intensidad con la que lo siento así que no lo hago. Mi familia ha estado muchos años poniendo el flamenco muy alto en el mundo y no se merecen que aparezca yo por ese mundo. Les debo mucho respeto.
-¿Qué proyectos tienes después de promocionar Gracias ?
-Seguir la gira. De hecho, no hemos parado así que seguimos de diciembre en adelante con ella. Ha sido una gira demasiado bonita para pararla. Siempre voy empalmando giras con discos porque si me machaco haciendo promos y luego no tengo lo que me llena que es estar encima de un escenario, no podría continuar.