Carmelo Gómez: "No fue nada difícil enamorarme de Aitana... en la historia"

Carmelo Gómez: "No fue nada difícil enamorarme de Aitana... en la historia"

HA PRESENTADO "LA CARTA ESFÉRICA" DE IMANOL URIBE, BASADA EN LA NOVELA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE

Este leonés campestre de mirada viva y rostro polifacético encarna a un marino en tierra que, arrastrado por el misterio y la sensualidad de Tánger, personaje interpretado por Aitana Sánchez Gijón, cumple su anhelo de volver a la mar. Pero la realidad de este actor es otra. Hasta los dieciocho años lo suyo fue el campo. Tras el arado y el carro se escondía en Carmelo Gómez un futuro importante y próximo en el mundo de la actuación. Recién cumplida la mayoría de edad, una visita a un amigo de Salamanca le trajo la oportunidad de participar en un grupo de teatro lo que fue motivación suficiente para quedarse a vivir allí durante tres años. Y de Salamanca a la gran capital. Madrid fue su próximo destino y su último empujón hacia una vida dedicada al teatro y al cine. Ahí se formó en la Escuela de Arte Dramático para luego solidificar su experiencia en el Teatro Nacional, pero su prestigio como actor lo ganaría trabajando en Compañía Nacional de Teatro Clásico.

A los veinticuatro años, la gran pantalla le sorprendió como figurante en la película de Fernando Fernán Gómez, El viaje a ninguna parte , pero no fue hasta seis años más tarde cuando el papel protagonista se coló en su currículum de la mano del reconocido director, Julio Médem, con la película Vacas .

Fuese suerte, preparación o una mezcla de ambas, Carmelo Gómez hoy es uno de los actores más aplaudidos del país y su extensa filmografía lo corrobora. Con la nueva película escrita y dirigida por Imanol Uribe, adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte, vuelve a montarse en el barco del cine como el marinero Coy en La Carta Esférica .

-En La Carta Esférica eres Coy, un marinero sin barco anclado en tierra. Como actor, ¿te has sentido alguna vez así?

-Si, desgraciadamente sí. Muchas veces. Cuando tu mundo es la interpretación y te encuentras tres años en paro indudablemente te sientes como un marinero sin barco.

-Pero más que un marinero venido abajo por no tener barco Coi es un personaje que se ha ido ablandando...

-Bueno, se trata de un personaje complejo y contradictorio, con una ambigüedad que caracteriza tanto al personaje de la novela como del guión. En la primera, aparece como un hombre con coleta medio macarra , pero amante y conocedor de las constelaciones. También, es un amante de la mar, pero tiene una relación tórrida con ella, de amor-odio. Eso le pasa a todos los marinos: odian el mar porque todo lo que les ha hecho sufrir, pero luego no pueden estar un día sin asomarse por la ventana y ver cómo está. El personaje es muy contradictorio y muy complejo por lo que, para darle coherencia interna, lo acerque a cómo soy yo. Lo primero que hice fue cortarle la coleta.

-Coy sucumbe al canto de la sirena de Tánger, aun sabiendo el sufrimiento que vendría detrás, ¿en la vida real te arriesgarías?

-Hombre, claro. De hecho, he sucumbido ante mujeres a las que no debía por haber otro remedio. En esto del amor cada uno está en su propio desierto y se crea su propio espejismo.

-La intensidad con que reflejas los sentimientos de Coy hacia Tánger, lo perdidamente enamorado que está de ella, en concordancia con su espíritu duro, ¿te resultó muy difícil?

-No, no fue nada difícil enamorarme de Aitana... En la historia (risas). Es que este elemento es entorno al cual giran todas las historias. Siempre hay una historia de amor, tanto en el cine como en la vida real. Y, en ese sentido, cada vez soy más consciente de que, como actor, las experiencias que vivo algún día las tendré que contar. Por eso, para encarnar a alguien que está tan enamorado como Coy, me bastaba con mirar a Tánger como miraría cualquiera a alguien a quien desea, a quien admira y a quien ama.

-Al ser una adaptación de novela a gran pantalla, ¿cómo haces la lectura del guión en relación a la lectura de la novela?

-Creo que el guión y la novela tienen poco que ver, la verdad, quitando la historia y los personajes. Es erróneo pensar que de una novela se puede llegar a hacer una adaptación directa al cine. Utilizan estilos y lenguajes distintos. El ritmo también difiere. Los recursos no son los mismos hasta el punto de que el lenguaje del cine es la imagen, y la del libro es la imaginación. Uno como lector va creando la historia y los escenarios en su cabeza.

-En tu opinión, ¿qué se dejó Imanol Uribe por el camino de la adaptación?

-El libro encierra otra historia increíble: cómo era posible que todos los barcos españoles que venían cargados de la Américas fueran interceptados. Nadie entendía cómo era que siempre se sabía por dónde y cuándo iban a pasar esos buques. Ya había corrupción por aquel entonces. Los piratas tenían informadores dentro de la Corte.

-¿Cómo te resultó volver a trabajar con Uribe?

-Cada vez me entiendo mejor con Uribe y nos peleamos más. Se ha establecido entre nosotros una relación en la que nos decimos todo a bocajarro y creo que el resultado es bueno. Tengo claro que si vuelve a ofrecerme un proyecto iré corriendo como loco. Que me de un talón en blanco que yo se lo firmo.

-¿Cómo ha sido rodar un largometraje de aventuras dados los límites presupuestarios que sufre el cine español?

-Uribe siempre quiso hacer una película de piratas. Hemos hecho un esfuerzo ímprobo todo el equipo. Por ejemplo, todos los días alguien se iba por la borda. Algo que es normal porque trabajábamos once horas seguidas en un barco que no para de moverse por estar buscando la luz adecuada, y con un sol implacable y tremendamente duro para un grupo de gente ajenos a la mar. Será por eso que en el mar no rueda nadie. Sólo lo hacemos los locos de los españoles, el resto lo hace en piscinas. Ha sido muy sacrificado, pero me ha encantado.

-Y, ¿qué hay de las tomas submarinas?

-Me ha fascinado bucear. Me dieron un curso ligero de iniciación para que hiciera las tomas cortas a cuatro muertos. Al principio, empecé a bucear para molestar a Imanol. Piloto fue mi instructor y uno maravilloso, además. Me dijo que se me daba bien y me fue gustando cada vez más. Le acabé llamando para pedirle un avanzado. Me quedé todo el mes de agosto aprendiendo. Al final, descendí cuarenta metros. Me impresionó mucho porque la corriente era brutal y me impedía avanzar. Hubieron momentos de crisis porque era muy arriesgado. Los actores solemos tener la tentación de hacer el personaje al completo.