COMPAGINA LA SERIE "AÍDA" CON LA GIRA DE TEATRO DE "LA TORTUGA DE DARWIN" POR TODA ESPAÑA
Carmen Machi se encuentra en uno de los mejores momentos de su vida. El reconocimiento que ya tenía gracias a su papel de Aída en la serie Siete Vidas y, posteriormente, en la serie del mismo nombre, le ha llegado ahora también, como ella quería, por su actuación en el teatro, el mundo donde nació y creció como actriz y por el que poco se le ha conocido en estos últimos años. Y es que las críticas que ha recibido por su interpretación de Harriet en La tortuga de Darwin son inmejorables. Carmen está feliz, se le nota en la cara. Por una vez, está destacando en algo que es lo que realmente le gusta y en lo que ha estado trabajando gran parte de su vida y que, según ella asegura, necesitaba para volver a reconocerse a sí misma como actriz .
¿Qué se te pasó por la cabeza cuando te dijeron que tenías que interpretar a una tortuga?
Estábamos ensayando Auto y Ernesto Caballero, el director, me dijo que estaba preparando una obra de Juan Mayorga y que quería que la hiciera yo. Ni siquiera pregunté de qué era la obra, simplemente dije que sí porque era algo que venía de dos personas que son, ahora mismo, dos columnas importantísimas del teatro de nuestro país. Pero cuando vi el texto por primera vez pensé: ¿Y esto cómo se hace? (ríe).
¿Cómo lo has conseguido?
Lo más importante es la mirada, creo que ahí está todo. Me gustan mucho los animales, y los documentales de la 2 han ayudado bastante a esto, mientras te vas quedando dormida, algo se te queda en la retina (ríe).
¿Tu caso, entonces, no es lo típico que se dice de que lo que más ves son documentales?
No, es pura realidad. Como una tortuga de tierra era imposible de encontrar, yo quería una para ver qué hace, cómo se mueve. La conclusión que saco es que da lo mismo que mires a un conejo, a un perro, o a un pájaro, porque hay algo en la mirada que es la inocencia. Yo tengo un perro, me encantan los perros, y su idea es distinta, hasta para pedir las cosas, o escuchar, ellos escuchan con los ojos no con las orejas, porque te miran a ver qué quieres.
Y, tal y como se ve en las críticas, al final lo has hecho estupendamente, ¿no?
No hagáis caso de lo que dicen, que la gente está loca (ríe). Estoy verdaderamente abrumada y muy sorprendida. Cuando uno trabaja en algo que le gusta, lo último que te esperas es que vayas a recibir unos halagos tan grandes, que me ponen muy colorada. Reconozco que cuando trabajo lo hago sin ningún pudor, porque como es todo mentira y no soy yo, me da igual. El peor momento es el saludo, lo paso fatal, porque ahí ya sí que soy yo. Pero todo esto me da mucha vergüenza.
¿Has tenido alguna anécdota en el escenario que nos puedas contar?
Soy asmática y alérgica a los perros, pero tengo perro, lo mío es que es muy fuerte. Para poder convivir juntos le medico, para el tema de los pelos, y yo me medico con cortisona, que me hincha como un zeppelín. Un día en el teatro tuve un problema porque me dijeron que había un invidente con su perro en la primera fila, y en La Abadía yo es que estaba al lado del perro. El caso es que hice toda la función con una crisis asmática. Además, me agobiaba que no me podía ir porque yo hablaba cuarenta y cinco minutos seguidos, entonces eso me creaba más pánico de pensar que me podía desmayar. A partir de ahí, tuve una afonía que me obligó a suspender alguna función, lo he pasado muy mal.
¿Sientes como que ahora ya puedes interpretar cualquier cosa?
No, qué va, ni mucho menos, la gente es muy exagerada. A lo mejor, con otro director, no hubiera resultado tan bien. Pero también es cierto que yo tengo un cuerpo muy educado, he tomado muchas clases a lo largo de mi vida, y mi cuerpo tiene memoria. También he trabajado muchísimo la voz, la he bajado un registro para que sea como más anciana. Y todo esto no sale de la nada, yo llevo mucho tiempo en esto. Además, yo soy una actriz que he trabajado mucho la caracterización, entonces cuando se te conoce por un personaje casi costumbrista, a lo mejor puede sorprender más, pero yo he hecho de hombre, de niño, de enano, de vieja.
También eres modesta...
No, lo creo de verdad. Esta profesión me parece muy complicada, y seguro que lo próximo que haga será un churro, y la crítica dirá mira, la de la tortuga, la que todo lo sabía hacer .
Carmen, ¿vivir es adaptarse?
Yo he descubierto que sí. Cuando haces un personaje, sobre todo en el teatro, algo te queda de sus mensajes, no propiamente de ellos, imagínate que me quedo ahora con concha (ríe). Los animales y los niños se adaptan a todo, pero los humanos adultos somos más tontos que yo qué sé. Es interesante adaptarse porque se sufre menos.
¿Qué te ha aportado Harriet?
Muchas cosas. A parte de todo esto que me alegra el oído todo el rato, que son premios al final que no te esperas, yo he hecho teatro toda la vida, pero necesitaba hacer algo así para volver a reconocerme a mí misma como actriz. Me gusta arriesgarme y no me importa nada equivocarme, para eso está la vida. Era tirarse al barro en una función en la que, de repente, como lo hagas mal, creo que no vuelves a trabajar en tu vida (ríe). Pero quería vivirlo porque cuando llevas tanta continuidad en un trabajo, como el que tengo en Aída , llega un momento en el que, quieras que no, es un poco siempre lo mismo.
¿Necesitabas salir de Aída ?
Sí, claro. No me importa lo que la gente piensa o diga, es una cuestión más mía, de mi día a día, de levantarme por la mañana y darle la energía a otra cosa, no sólo a eso, con todo mi respeto a lo que hago en televisión. Pero necesitas moverte, es como cambiar de ropa, es que son ya nueve años haciendo un personaje.
¿Te ves anciana como Harriet?
Sí, ojalá, porque ella es fuerte, y es una mujer muy vital, y por eso a mí me gustaría ser tan anciana como Harriet, pero tener doscientos años no, porque qué horror que todo lo que has tenido se te haya ido yendo, con doscientos años no te queda nadie, ¡qué tristeza!
Habéis terminado ya en Madrid, ¿dónde vais ahora?
Este fin de semana empezamos la gira por la Comunidad de Madrid, y luego ya por toda España.
¿Te gusta la idea de escaparte de casa un tiempo?
Claro. Lo bueno que tiene hacer teatro es, a parte de lo estimulante que es el escenario, la manera de vida. Yo hice mi primera gira con diecisiete años y no volví a mi casa en un año. Es una manera de vivir que no toda la gente la acepta ni la quiere, porque hay muchos que me dicen ay, y ahora te tienes que ir... . A mí me encanta, además porque las giras de teatro son giras gastronómicas.
Dices que el teatro y, sobre todo, esta función, te ha enseñado mucho.
Sí, es que yo recuerdo hasta palabras que he aprendido haciendo teatro a lo largo de los años. No las aprendí ni en el colegio, ni en el instituto, ni en la facultad, sino haciendo teatro. Estudié Arte Dramático, pero soy muy buena jugando al mus y al futbolín porque he hecho muchas pellas.