Diego Martín y Rodrigo Noya, la pareja más singular de la pequeña pantalla

Diego Martín y Rodrigo Noya, la pareja más singular de la pequeña pantalla

"HERMANOS Y DETECTIVES" CIERRA SU PRIMERA TEMPORADA COMO LA SERIE NACIONAL MÁS VISTA

Este año le ha visto madurar como actor en la gran pantalla con Días de cine de David Serrano, Mataharis de Icíar Bollaín y Un buen día lo tiene cualquiera donde conseguía su primer papel protagonista a las órdenes de Santiago Lorenzo. Cómico en la piel de un homosexual, Carlos, en la exitosa serie de Aquí no hay quien viva , Diego Martín se ha afeitado el bigote tras terminar la primera temporada de Hemanos y detectives , una serie originalmente argentina que, tras su adaptación y paso por la televisión española, ha barrido cuotas de pantalla convirtiéndola en la número uno de las nueve series nacionales del momento. Y ha sido su personaje, Daniel Montero, quien le ha brindado la oportunidad de conocer al joven actor argentino de 14 años que encarna a su hermano en la serie, Rodrigo Noya, quien le ha enseñado a ser niño otra vez al tiempo que le ha hecho sentirse como un padre. Celebrando la calurosa acogida que ha supuesto esta primera entrega y poniendo esperanzas para la segunda temporada que se emitirá a principios de 2008, Diego Martín ha ahondado en los sentimientos que le han nacido al compartir escena con esta brillante joya argentina.

-¿Esperabas encontrarte este éxito con la serie?

-Nunca sabes ni antes ni después. Esto fluctúa y no tiene que ver, necesariamente, con la calidad y lo interesante del producto. Me limito a lo que me concierne. Hay series horrorosas que funcionan muy bien, series maravillosas que no lo hacen y series muy bien interpretadas que no llegan a emitirse. Es un misterio absoluto. En mi trabajo pensar más allá es absolutamente inútil y suicida, pero sí había visto la serie argentina. Creo que nadie conoce las claves ni los secretos.

-¿Qué tal te ha sentado quitarte el bigote?

-Tardé quince minutos. Terminé el último plano llegué a casa y fuera. Fue volver a la normalidad, haciéndome a la idea de que como tendré que volver el bigote tendrá que volver a crecer. Empezaremos la segunda temporada a principios de año.

-En televisión has tirado más hacia la comedia. ¿Te llama más este género?

-Las dos últimas películas que he hecho son dramas. La verdad es que no me planteo las cosas así. Me interesa un proyecto globalmente o un personaje, independientemente de si es comedia o drama. Si me siguen llegando cosas tanto en cine, en televisión o en teatro que sean comedia, buenas y que me apetezcan, nunca me plantearé no hacerlo por cambiar de género.

-¿Qué has aprendido de la relación con Rodrigo Noya, te ha devuelto a la infancia?

-Asumo que me he bajado mucho a su nivel durante toda la serie aunque ha habido otras fases donde he hecho más de padre aunque él no lo diga. Estar en esta serie me ha infantilizado y he hecho cosas que hacía mucho tiempo que no hacía como jugar y tener peleas propias de un niño de trece años, cosa que a veces está bien y otras no tanto. Me gusta que Rodrigo sea un niño porque hoy en día los chavales con los que había coincidido en otros trabajos, van muy rápido y están muy avispados. A veces parecen actores de treinta años en miniatura. Una de las cosas que me gusta de Rodrigo es que es un niño y que está disfrutando y viviendo la época que le toca vivir a pesar de todo el ruido que le rodea como actor que no es un mundo fácil. Me parece que hay que jugar con él y no hay que olvidar que aparte de lo buen profesional que es, es un niño.

-¿Tienes alguna anécdota divertida del rodaje que recuerdes?

-Ha habido muchos momentos. El otro día hubo uno especial. Rodrigo tenía una escena muy dramática y siempre que había tenido que llorar o emocionarse antes recurría a trucos. Así que estuvimos trabajando mucho para conseguirlo y lo bordó. Él estaba muy orgulloso de haberlo conseguido y fue una especia de iniciación. Para su edad tiene mucha experiencia, así que verlo estrenarse fue especial. Me ha gustado hacer un poco de padre en cuanto a estar al lado de alguien que va descubriendo muchísimas cosas en muy poco tiempo. Un país nuevo, una forma de trabajar nueva, incluso una familia nueva.

-Ahora que has terminado de rodar la serie, ¿qué harás ahora con tu tiempo libre?

-Vacaciones que necesito. Llevo dos años muy intensos.

-¿Qué crees que pasaría si los guionistas españoles se pusieran en huelga?

-Habría una especie de doble dinámica. Por un lado, tampoco perderían demasiado puesto que los guionistas están muy mal pagados en este país. Con lo cual la diferencia entre ponerse en huelga o no, no la notarían. No me gustaría que fuera así, pero me temo mucho que enseguida serían reemplazados sin ningún tipo de problema por gente de donde fuera con o sin experiencia. Supongo que los guionistas americanos se pueden manifestar porque el mercado les da la suficiente importancia como para pensar que sin ellos no podrían seguir. No estamos en un momento en el que nadie sea imprescindible.

-¿Qué proyectos guardas para lo que viene?

-Hay cosas, pero de momento no quiero pensar más allá de vacaciones.

-¿Cómo llevas la popularidad?

-Bueno, (pausa) según la gente que se me acerca. No sé si es una cuestión general o de este país pero la sociedad no es un prodigio de civismo, no sé si por la influencia de una determinada televisión, pero saltan muchas barreras. Este un trabajo que hacemos para un público y, evidentemente, buscamos sentirnos reconocidos por él. Me gusta que se aproximen a mí con respeto. No trabajo 24 horas al día esté en la situación que esté y la gente, a veces ,cree que por el hecho de trabajar para un público te debes a ellos y eso no es así.

-Volviendo al principio de todo, ¿por qué elegiste estudiar Derecho en un primer momento?

-No lo sé. Quizás porque formo parte de una generación donde la obsesión con los estudios universitarios de muchas salidas estaba muy presente y como tanta otra gente que no sabía donde meterse acabé en Derecho. Nada parecido a la vocación. Aguanté mi tiempo porque tengo mis tres años acabados, pero no era lo mío.

-¿Cuál fue el impulso que te arrimó a esa otra orilla?

-Lo recuerdo de una manera muy progresiva. Fue una cosa paralela al principio que me la tomaba con curiosidad, pero ni siquiera cuando me subí a un teatro pensé que fuera lo mío. Fue gradual y de repente un día me encontré con que había tomado la decisión de dejar la carrera y de dedicarme a fondo a esto. Pero no hubo ningún acontecimiento que me hiciera tomar otro rumbo.

-¿Lo sientes ya tuyo?

-Sí. Quizás he acabado en esto porque me gustan y me interesan demasiadas cosas. Tal vez el momento en el que me di cuenta que valía para la actuación fue cuando empecé a darme cuenta de que probaba muchas cosas que me gustaban muchísimo, pero veía que no era capaz de llevarlas hasta el final. Cuando de repente uno se convierte en actor te encuentras con un trabajo que te permite hacer muchas cosas, pero ninguna por demasiado tiempo lo cual está muy bien. Empiezo muy fuerte las cosas, pero me canso también. No rápido, pero necesito estímulos nuevos y esta profesión te lo permite.

-¿Echas de menos esa etapa adolescente donde aún el camino de uno está por hacerse?

-No, en absoluto. En general, no echo nada de menos la adolescencia porque me parece un período infecto que debería ser suprimido de la edad humana. Miro mi adolescencia con bastante vergüenza. Así que no, en absoluto.

-¿En algo concreto?

-En todo en general.

-Ahora ya alcanzados los treinta y una carrera perfilada, ¿sientes que es tu momento?

-Creo que es una cuestión de fases. Además, estamos en un momento en el que esto da unos bandazos que estamos todos con tal inestabilidad que de repente tienes un período de mucha madurez con veinticinco, luego con treinta ya no y a los treinta y cinco vuelves a madurar. No lo sé. Vivimos una época en la que todo se dilata y cada vez es más fácil encontrar niños de veinte años que en realidad tienen treinta y cinco, pero se comportan y actúan como niños de veinte. Eso es resultado de una progresivo infantilización de la sociedad general. Estoy encantado con la edad que tengo ahora. Sufro mucho menos que hace diez años.