Entrevista a Gil Parrondo, el español más laureado en la historia de los Oscar

El director artístico, Gil Parrondo.
El director artístico, Gil Parrondo. - EP

EL DIRECTOR ARTÍSTICO, DE 87 AÑOS, TIENE TRES ESTATUILLAS POR SU TRABAJO Y UNA CARRERA DE DOSCIENTAS PELÍCULAS

Gil Parrondo es la cara que no se ve en la producción de una película, pero sin el cual nada de lo que vemos en el cine tendría sentido. Ha dedicado toda su vida a la dirección artística, aunque él prefiere que le consideren decorador . Por toda su labor ha recibido numerosos premios, entre ellos varios Oscar y Goya. Además, se muestra muy feliz y agradece enormemente que valoren su trabajo: Estoy encantado con los premios, yo no estoy en contra de ellos. Ahora que Marlon Brando ha muerto, con toda mi admiración hacía él, tengo que decir que me pareció terrible que estuviese en contra de que le dieran un Oscar , afirmó divertido el célebre asturiano.

-¿Por qué prefiere que se le llame decorador antes que director artístico?

-No tiene ninguna explicación, sólo que la palabra decorador en español define muy bien lo que soy. La palabra director artístico le gusta a mucha gente, pone a una cierta altura, pero a mí no me gusta, nunca en mi vida me ha gustado dirigir a nadie. Yo hago mi trabajo, a mi modo.

-¿Echa de menos algo de los años dorados del cine?

-Hombre, del pasado siempre se recuerda. Yo empecé en el cine cuando tenía 19 años y estaba lleno de ilusión, e indudablemente esa ilusión no puede ser la misma que ahora. Pero al final es todo lo mismo. A uno le dan un guión, en unas películas uno tiene más libertad que en otras, pero no porque los tiempos hayan cambiado. Ha cambiado la vida y la edad, lo demás, el trabajo en sí, es casi lo mismo.

-El director de cine John Milius tiene pinta de ser muy meticuloso. ¿Cómo fue esa relación con él?

-Precisamente él es uno de los directores que más fe ha tenido en mis decisiones profesionales, incluidos los españoles. Muchos de ellos tienen plena confianza, pero ninguno como la que tenía Milius. Siempre me decía que él hacía lo que yo decía que era mejor, sin ninguna duda.

-¿Por qué unos tienen tanto éxito y a otros apenas los reconocen?

-Uno de los encantos del cine es que nadie sabe nunca dónde está el éxito. Una promotora tiene mucho dinero y llama al mejor director, al mejor productor...Los junta a todos, y hace una película, pero hasta que no se estrena, no se sabe lo que va a pasar. En la época dorada de Hollywood, cuando ningún actor fallaba, estaba todo perfecto, menos el éxito comercial, que estaba siempre en el aire. A mi eso me parece muy bonito, porque es el exponerse, es ese placer de cuando estás filmando una película y te preguntas qué pasará. Cuando uno lee la crítica y pone todo cosas buenas, para mí es una de las cosas más bonitas de mi profesión. Eso es una de las cosas que me hace cumplir tantos años con buena salud, la enorme satisfacción por mi trabajo y mi gusto por el cine.

-¿Con quién se ha sentido más incómodo trabajando?

-El incómodo no lo digo, pero han sido solo dos, uno norteamericano y otro español. Pero dos entre setenta o más directores con los que he trabajado, no está mal. Eso sí, me llevaba mal a muerte, era incómodo y desagradable. Pero por norma general, yo me llevo muy bien con ellos siempre, he tenido suerte.

-Has trabajado con grandísimos presupuestos y con más escasos. ¿Dónde nota la diferencia?

-El cambio indudablemente es que si tienes dinero y no tienes que pensar en nada. Si no tengo dinero tengo que pensar más en lo que y en lo que no, porque no hay presupuesto para eso. De todas maneras, en las películas americanas, que son las que me gustan, en la época dorada que aún nos domina, hay una serie de títulos con presupuesto muy bajo que son para llorar o para morirse de risa, son maravillosas. Uno dice entonces que no hay diferencia. Ahora yo acabo de terminar de hacer una película de bajísimo presupuesto, acabo de rodar en Córdoba que se llama El libro de las aguas , una película con muy bajo presupuesto, basada en el libro de Alejandro López Anclada, y se ha hecho muy bien, y he disfrutado mucho haciendo la película, tanto como haciendo Doctor Zhivago. El resultado es excelente, y yo me siento más a gusto cuando con poco dinero conseguimos una buena película. Nunca una película es mejor por exceso de dinero. Yo comprendo que a un director le ofrecen hacer una película con muchísimo dinero y con los mejores actores y condiciones, y está claro que es un premio en principio, pero el resultado nunca está claro por eso. Lo verdaderamente importante es que se crea en lo que el actor está diciendo. Por muy bonitas que sean las palabras o el guión, si no son creíbles, no hay química, no sirve de nada.

-¿Qué opina del cine que se hace en España actualmente?

-El cine es España es muy bueno, estupendo. No sé porque la gente habla de crisis. Puedo decir tranquilamente, y puedo hablar con experiencia, que la calidad de antes a la realidad de hoy, de Amenábar, Almodóvar, no tiene comparación. Prueba de ello es que se les ha reconocido. Hay nombres que suenan en el mundo entero sin necesidad de publicidad ni nada.

-Ha trabajado en más de 200 películas, ¿a cuántas ha dicho que no?

-Yo creo que negarme, no me he negado a ninguna, lo que pasa es que sí que me han ofrecido muchos guiones a los que he tenido que decir que no, peor porque tenía que hacer otras cosas. Quizás una vez me negué a una que era muy dura y me daba un poco de grima.

-¿En qué sentido era muy dura: política, sexual...?

-No, yo con la política ni he tenido ningún problema nunca. No, si esa película la proyectan y la ve mi nieta, me daría vergüenza...era una cosa que rascaba. A mí no me gustaría trabajar en una película porno: el cine porno es una cosa, yo no tengo nada en contra de él, lo que pasa es que si se puede hacer igual sin usar eso...por ejemplo, hay una película que triunfó en todo el mundo, Gilda , de la que se habló muchísimo. En esta película no se ve ni un pecho, ni una pierna, pero todo hay algo erótico que está flotando en el aire. Es como Casablanca , está bien montada y bien interpretada, no le falta ni le sobra nada, bajo mi punto de vista. Hay una cosa erótica flotando en el aire maravillosa.