Especial Viajes: El invierno más dulce del Tirol

Especial Viajes: El invierno más dulce del Tirol

Europa está atravesando el que ya se considera invierno más primaveral de las últimas décadas. La escasez de nieve, favorecida por las consecuencias del cambio climático , ha sido general en países con tanta tradición blanca como Suiza, Italia, Francia o Austria que han vivido el problema con especial angustia. En el caso de los Alpes austriacos se puede decir que Innsbruck, la histórica capital del Tirol, vive también su particular invierno dulce con temperaturas que han desconcertado a sus habitantes, aunque en la última parte de la estación ha mejorado el estado de sus famosas estaciones de esquí, nueve de ellas con la etiqueta de olímpicas , y se puede practicar en ellas todas las modalidades alpinas.

Y es que el corazón de esta cordillera centroeuropea no ha parado, sin embargo, de latir en este desconcertante 2007. En sus cumbres más elevadas, situadas a más de dos mil metros, el visitante puede esquiar con facilidad gracias a los 80 funiculares y remontes operativos en las montañas cercanas a Innsbruck-; tomarse, por ejemplo, una cerveza fresca al aire libre presenciando una exhibición de snowboard o freeskiing la última modalidad importada de Estados Unidos que arrasa entre los aficionados al esquí- al borde de una pista negra de Nordpark/Seegrube; saborear en primera persona una aventura a casi 100 kilómetros por hora, como si se tratara de una bala humana , subido en un bobsleigh por 30 euros o, si es un poco menos atrevido, disfrutar de un largo y divertido descenso en trineo, aunque no se tenga la más mínima experiencia sobre la nieve.

Todo esto y mucho más se puede disfrutar en una región europea que respira por todos sus poros a nieve. No en vano aquí se celebraron dos ediciones de los Juegos Olímpicos (1964 y 1976) lo que llamamos en España popularmente Olimpiadas blancas- e Innsbruck mantiene su potencial de infraestructuras deportivas que ha mejorado, incluso, en los últimos años. Pero en esta inusual estación invernal los más remisos a subir a las elevadas cumbres alpinas han sido curiosamente los nativos de esta ciudad que fuera hace 500 años el capricho de los Habsburgo. Acostumbrados a respirar el ambiente romántico de la ciudad del tejadillo de oro en invierno y a ahogarse entre la nieve, su medio de vida natural durante siglos, prefieren esperar un radical cambio meteorológico y a veces olvidar sus penas en los numerosos refugios de las montañas próximas que sirven comida tradicional y una rica y helada cerveza. Los extranjeros, en cambio, siguen llegando.

Norteamericanos, australianos, italianos la frontera está a poco más de 30 kilómetros- y sobre todo alemanes Tirol recibe más de 7 millones de turistas germanos anualmente- se acercan a gozar de estas pistas deportivas y de la exquisita gastronomía y amabilidad de los tiroleses. Los españoles se acercan también hasta esta región en 2006 se produjeron 60.000 pernoctaciones-, pero tradicionalmente nuestro público prefiere los pastos verdes y las montañas sin nieve del verano.

Y los españoles no toman esa decisión porque no falten alicientes de todo tipo en la oferta blanca del Tirol. Si decidimos subir, por ejemplo a Kühtai, el pueblo más alto de Austria (2.020 metros), a solo veinte minutos en coche de la ciudad, no solo se puede esquiar en este bellísimo y casi intacto glaciar o probar en una excursión con raquetas de nieve por un idílico entorno natural. También podemos conocer al mismísimo bisnieto de Sissi y el emperador Francisco José I. El conde Karl de Stolberg- Stolberg decidió revitalizar este antiguo pabellón de caza, casi sumergido en un mar de nieve , en 1952, transformándolo en un coqueto restaurante y hotel de cuatro estrellas con alma aristocrática , según las propias palabras del dueño.

Las 37 habitaciones decoradas en madera, siempre con un gran crucifijo en su interior y con unas puertas de acceso asombrosamente pequeñas que el propio conde atraviesa con dificultad por sus más de 190 centímetros de estatura- guardan un encanto especial, muy al estilo de los paradores españoles , comenta el aristócrata que suele residir aquí hasta en abril para pasar el verano en su casa de Salzburgo, su ciudad favorita en Austria. Karl de Stolberg- Stolberg no conoce en persona a los miembros de la familia real española, pero nos dice al terminar la visita que estaría encantado de recibir a los Príncipes de Asturias.

Tras abandonar el pabellón de caza de Kühtai, lo más aconsejable es acercarse a cualquiera de los refugios próximos a las cumbres para tomar un refresco o un café expressso y deslumbrarse con unas fantásticas visitas panorámicas de la cordillera alpina. Hay que terminar la excursión descendiendo en un tradicional trineo de madera. Se pueden alquilar en los mismos refugios o en las tiendas deportivas del pueblo a un precio muy asequible, 4,50 euros por persona en Kühtai, pero al que le guste este tipo de descensos tiene 95 kilómetros de pistas a su disposición en esta región y algunas de ellas se utilizan por la noche al estar iluminadas.

Las emociones más fuertes nos esperan en Igls, uno de los 25 pueblecitos que rodean Innsbruck. En esta pequeña aldea de campesinos tiroleses, con humildes casas adornadas con pinturas religiosas y árboles frutales y otras más señoriales con un llamativo campanario en sus tejados (servían para avisar a los habitantes de las fuertes tormentas de antaño), se encuentra la única pista de bobsleigh del Tirol.

La instalación está destinada a los profesionales del bob, luge y esqueleton, pero los curiosos más atrevidos, siempre protegidos por un casco, pueden sentir el vértigo de ser una auténtica bala humana en el canal helado de Igls. La experiencia dura un minuto, lo que tarda el vehículo en cubrir 800 metros con toboganes, descensos y curvas en zig-zag escalofriantes, pero no dejará indiferente a nadie, sobre todo para los españoles que solo sabemos de esta electrizante modalidad deportiva por las andanzas de Alberto de Mónaco en cinco ediciones olímpicas defendiendo los colores de su Principado.

De regreso a la capital, siempre protegida por sus cumbres nevadas y dotada en su interior con varias pistas de hielo y dos pabellones olímpicos, vale la pena hacer un parón deportivo y descubrir uno los cascos antiguos más bellos de Europa, la ciudad que cautivó, primero, a Maximiliano y siglos después a la emperatriz María Teresa de Habsburgo.

Recuadro especial: GASTRONOMÍA TIROLESA

Leche Recién ordeñada, mantequilla fresca, jamones curados al aire fresco de las montañas, quesos elaborados artesanalmente, carnes de primera alimentadas con los verdes pastos alpinos, hortalizas cultivadas primorosamente, bayas y setas silvestres Estos son los ingredientes de la cocina tirolesa, una cocina sencilla y rural, que sin renunciar a sus raíces se ha adaptado a las exigencias dietéticas de nuestros días, ya que los productos autóctonos y de temporada siguen siendo la base de la moderna cocina tirolesa .

Nada mejor que una sopa para comenzar. Los tiroleses son muy aficionados a ellas. Destacan la Tiroler Speckknödelsuppe (Caldo de carne con albóndigas de harina y tocino ahumado); la Frittantensuppe (Caldo de carne con crepes troceados) o la Weinsuppe (Sopa de Vino), preparada con queso.

Entre los platos principales más tradicionales se encuentran el Tiroler Gröstl (patatas, cebolla y carne de cerdo rehogadas con mantequilla y pimienta); el Tiroler Leber mit Speck (hígado de ternera o de cerco cocinado con cebolla y tocino ahumado); el Tiroler Bauernschaum (plato a base de carne de cerdo, salchichas y tocino ahumado acompañado de patatas, cebolla y col agria) y una gran variedad de platos elaborados con carne de vaca y venado.

Para terminar algo dulce. El Kalserschmarrn (tortilla dulce que se sirve en la misma sartén donde se cocina, troceada, espolvoreada con azúcar glasé y acompañada de una compota de bayas del bosque u otra fruta); el Apfelstrudel (clásico `pastel de manzana) o Marillenknödel (especie de albóndigas de harina acompañadas de compota de albaricoque).

La comida no estaría completa sin un brindis con Schnaps , un típico aguardiente del Tirol.

No perderse en Innsbruck

La Iglesia de la Corte. Mausoleo del emperador Maximiliano I. Su atracción principal son las 28 estatuas de bronce de tamaño sobrenatural que representan la familia del emperador.

El Tejadillo de Oro. Un balcón de gala con tejas doradas que es el símbolo de la ciudad. En el casco antiguo de la ciudad.

El trampolín de Saltos Bergisel. El más famoso de Europa. Está enclavado en un lugar emblemático donde los tiroleses lucharon por la independencia en 1809 contra los franceses. La Pista de saltos de esquí fue construida en 1925 y ampliada con motivos de los Juegos Olímpicos de 1964 y 1976 y renovada en 2002. Vale la pena tomar una copa o un café en el restaurante panorámico del Café Im Turm, acondicionado en la cúspide del trampolín a 43 metros de altura. La vista es espectacular

La visita más curiosa

Mundos de Cristal Svaroski. Situado a 20 kilómetros al este de Innsbruck en Wattens, es el museo más visitado de Austria después del Palacio de Schönbrunn en Viena. El cristal visto por diferentes artistas internacionales fascina.

Museo de las Campanas. El arte de un oficio antiguo que sigue vivo. La fábrica está regentada por la misma familia (Los Grassmayr) desde hace 400 años. Fundición de campanas, museo y sala de acústica.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Cómo llegar:

En coche: Desde el sur por la autopista de Brenner; desde el norte, este y oeste por la autopista del valle del Inn. Estas autopistas son de peaje.

En avión: Innsbruck tiene aeropuerto internacional, pero no buenas conexiones con España. Lo más aconsejable es volar a Munich y tomar un taxi compartido con la compañía Four Seasons Travel (Tel 00 43 512 584157)

Para tomar una cerveza o un café

Goldener Adler ( Águila de Oro ). El mesón más antiguo de la ciudad. Vio pasar entre otros a Mozart, Siegfried Wagner, Albert Camus o la Reina Silvia de Suecia.

Café Sacher (Tel. 00 43 512 56 56 26). Rennweg 1. En el mismo recinto del Hofburg.

Para dormir:

Hotel Europa Tyrol (Tel 00 43 512 59 31 -0), Südtiroler Platz. Hotel céntrico de lujo construido en 1869. El legendario rey de Baviera Ludwig II afirmó que el Hotel Europa era el lugar más hermoso en Innsbruck para celebrar una ocasión especial. Excelente restaurante.

Hotel Grauer Bär. (Tel 00 43 512 29 240). Universitätsstrasse 2-4. Un cuatro estrellas con un pequeño spa en su parte más alta. Muy bien situado al lado del Hofburg.

The Penz Hotel (Tel 00 43 512 57 56 57-0). Adolf Pichler Platz 3, 6020. En su fachada se reflejan las montañas alpinas.

Para comer:

Ottoburg (Tel 00 43 512 58 43 38). Herzog Friedrich Strasse 1. Céntrico, en la misma calle del Tejadillo de Oro, es uno de los edificios históricos más antiguos de la ciudad.

Café Restaurant Lichtblick (Tel 0512 / 56 65 50) Maria-Theresien-Strae 18 / 7. Un restaurante de moda que goza de una terraza panorámica con vistas excelentes de toda la ciudad y alrededores. www.restaurant-lichtblick.at

Solo Vino (Tel: 0512 58 72 06). Universitätsstrasse 15b - Para los amantes de la cocina italiana a buen precio.

Para trasladarse y ver museos

Innsbruck Card

Permite acceder a los más importantes museos y atracciones turísticas de Innsbruck y al autobús turístico The Sightseer , que lleva a las principales atracciones turísticas. Precios: 24 horas - 23 . 48 horas - 28