Especial Viajes: Lugo, la ciudad del emperador romano Augusto

Especial Viajes: Lugo, la ciudad del emperador romano Augusto

Lugo lleva por bandera ser una de las capitales de provincia más antiguas de Galicia. Una tierra marcada por los surcos que dejaron tras de sí los antiguos romanos y que hacen de la ciudad la abanderada de la cultura romana. Fue hacia los años trece o catorce antes de Cristo cuando se fundó Lucus Augusti en honor del emperador Augusto, en una zona muy importante para el comercio y la organización administrativa romana del Noroeste hispano. El topónimo Lucus, de donde procede Lugo, todavía guarda el misterio de su procedencia. Algunas fuentes indican que procede del antiguo dios celta Lugh , venerado en tierras galaicas antes de la llegada del imperio romano. También se baraja la opción de que proceda del término latino que significa bosque sagrado . Es inevitable reparar en que la ciudad de Lugo se fundó sobre un poderoso lugar que estaba predestinado a ser cruce de caminos de diversas culturas: suevos, visigodos y tropas musulmanas hasta que en 740, Alfonso I reconquista la zona. Lugo será visitada por Almanzor en 997 que intentará someterla de nuevo a dominación árabe. Estas refriegas y las costumbres que se llevaban a cabo durante el siglo XVIII dañaron el bien más preciado que el Imperio Romano dejó a Lucus: su magnífica muralla. Unos daños que se prolongaron hasta prácticamente el siglo XX con la guerra de la Independencia y las guerras carlistas.

Vida de una muralla

La construcción más representativa es sin duda su muralla de origen romano. Se encuentra completa siendo la mejor conservada de la Península y siguiendo los cánones más estrictos de Vitrubio para las fortificaciones. A pesar de que se trate de una construcción perfecta para la época siglo III después de Cristo-, continúa siendo un misterio el trazado de la misma ya que se ha comprobado que se dejaron grandes espacios residenciales fuera del recinto amurallado, mientras que en el interior quedaron tierras para el cultivo. Según las últimas medidas, la muralla mide 2.117 metros en toda su extensión que se encuentra salpicada por numerosas torres de carácter defensivo que también eran utilizadas para la vigilancia. La única que da testimonio de ellas es la Torre da Mosqueira.

La muralla trajo consigo un aumento del núcleo urbano, al contrario de lo que iba siendo habitual. Es muy probable que esto tuviese lugar porque se amuralló más perímetro del que entonces era necesario para permitir crecer a la ciudad una vez que estaba totalmente protegida. Se ha documentado la existencia de un foso construido con finalidad defensiva, así como el llamado intervallum , en la parte interior de la muralla y que era la última defensa posible antes de la primera línea de casas. El complejo de defensa fue creado por la amenaza que sentía el Imperio Romano por el avance de los pueblos bárbaros y las revueltas sociales que atravesaron todo el Imperio. Esta construcción les permitía controlar esas revueltas más eficazmente.

La muralla siempre ha condicionado la vida de la ciudad tanto en su interior como en el exterior. Por ello, surgieron tres barrios vinculados a las entradas que presenta la muralla. Estos fueron el de San Roque, el de Recatelo y el del Pájaro. Pero el crecimiento económico y demográfico de la ciudad hizo que se cediesen los huecos existentes en las murallas para la construcción de viviendas a finales del siglo XVI. Lugo también comenzó a crecer fuera de sus muros debido al mismo motivo y propiciado por la ausencia de conflictos en la zona. Estas viviendas y cobertizos construidos en la muralla no sólo afectaban a la estética y la arquitectura, sino que además eran foco de incendios especialmente en los años de asedio francés durante la guerra de la Independencia. Además el sitio de 1846 causó varios y profundos desperfectos en la majestuosa muralla. Sólo a partir de 1921, cuando el orgullo de Lugo fue declarado Monumento Nacional, empezaron las acciones para recuperar y mantener la muralla, eliminando las casas adosadas a la misma y restaurando esas zonas. La restauración y mantenimiento siguen activos hasta el día de hoy, en buena medida por el turismo que atrae este vestigio romano.

Pórticos de entrada

Mención a parte merecen las entradas a la ciudad a través del muro. En los tiempos en que la zona era un hervidero de enemigos, había cinco puertas de entrada que se mantenían cerradas, especialmente por la noche. Para mayor seguridad, desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX había cuerpos de guardia apostados en las puertas de entrada, aunque su función primordial acabó siendo el control de mercancías. Se considera que La Porta Miñá, la Falsa, San Pedro, Nova y Santiago son de construcción romana aunque de estilos muy diferentes entre sí. En cambio, las de San Fernando, la Estación, Obispo Izquierdo, Obispo Aguirre y Obispo Odoario se abrieron en los últimos 150 años. Además, existieron otras puertas que fueron cerradas por reconstrucciones o remodelaciones de la fachada.

De las puertas originales que aún se conservan salían vías romanas de comunicación con diversos puntos de la geografía ibérica como Astorga, Braga en Portugal, Betanzos o Padrón. No obstante cada una de las puertas que se conservan tiene una curiosa historia que merece la pena visitar y conocer. Especialmente algunas como la porta Falsa cuyo vano fue abierto y cerrado en varias ocasiones, o la porta de San Fernando nombrada en origen como Puerta del Príncipe y erigida en honor del recién nacido Alfonso XII.

Baluarte de reina

La familia real siempre estuvo muy ligada a Lugo. Además de la Puerta del Príncipe, se hicieron multitud de reformas y construcciones en la ciudad con motivo de la visita de Isabel II, lo que impulsó la modernidad arquitectónica y urbanística. Sin embargo, ya anteriormente una reina -regente en este caso- promovió una reforma. Fue en la muralla y dio lugar al llamado Reducto de María Cristina. Es un baluarte defensivo dotado con troneras para vigilancia y piezas de artillería. Se construyó en 1837, con motivo de las Guerras Carlistas, entre la porta del Obispo Izquierdo y la Torre da Mosqueira.

Tesoros romanos

La administración imperial romana dejó en Lugo algo más que su magnífica muralla. Destaca un mosaico único en su especie ya que sólo este recoge una escena entre Dédalo y Pasifae. Fue encontrado en 1986 y todavía no se ha podido datar la fecha de su creación. Cuenta la mitología que Pasifae, reina de Creta, había sido castigada por Poseidón haciendo que se enamorase febrilmente de un toro blanco. Para calmar su pasión pidió ayuda a Dédalo, constructor del famoso laberinto. Dédalo le entregó un becerro de madera recubierto con piel de vaca, precisamente el momento que recoge la escena del mosaico. El mito continúa diciendo que, una vez dentro del regalo del constructor, Pasifae fue tomada por el toro blanco y engendró al minotauro que custodiaba el laberinto.

Las termas, también procedentes de época romana, se encuentran actualmente en el edificio del balneario y ha quedado constancia de varias dependencias: una que se utilizaba como vestuario y otra para los baños fríos, que fue utilizada posteriormente como capilla cristiana. Además, el actual balneario continúa utilizando esas aguas termales con fines terapéuticos. El agua era importante para Roma y las comunicaciones no podrían ser interrumpidas por ella. Por eso, Lugo cuenta con un esplendoroso puente romano cuya finalidad primigenia era unir Lucus Augusta con Astorga.

Pequeñas joyas

No sólo la influencia romana es apreciable en la ciudad. La arquitectura civil y especialmente la religiosa son muy importantes en obras que han quedado eclipsadas por la gran muralla lucense, pero que no pierden en belleza de manera individual. En la arquitectura civil destaca la sede del actual ayuntamiento. Se trata de una de las obras más significativas del barroco gallego. Fue construido en 1738 y cuenta con mucha ornamentación propia de la época como gárgolas y pequeñas torres de arcos semicirculares. La torre del reloj fue añadida en 1873.

Otra de las obras civiles es la Plaza del Campo, que sigue siendo centro de la vida lucense y cuenta con una fuente barroca en su centro datada en el siglo XVIII. Antes sus aguas llegaban hasta ella a través de un acueducto que desapareció. En aquella época la plaza cumplía su función los días de mercado. Unos días en los que la plaza bullía de actividad. Todo el conjunto está presidido por una estatua de San Vicente Ferrer y alrededor de la plaza el visitante puede encontrar la esencia de Lugo en sus pequeñas y antiguas calles que guardan todo el sabor de tiempos pasados.

La Catedral

En el terreno del arte sacro destaca sin lugar a dudas la catedral que mezcla el estilo románico con elementos barrocos. Llaman la atención dentro de todo el impresionante conjunto la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes, el coro renacentista, el retablo de Cornelius de Holanda y sobre todo el tímpano de la puerta que da al norte, donde la imagen de Cristo sedente recibe a los visitantes. Esta catedral, que guarda dentro y fuera de sus muros una gran riqueza arquitectónica, comenzó a construirse en el siglo XII y a lo largo de los siglos fue completada hasta mostrar su cara actual.

Al margen de la catedral, en Lugo se puede encontrar otras construcciones de carácter religioso que compiten en belleza y majestuosidad como la iglesia de San Pedro. Fue construida por los franciscanos a finales del siglo XIII aunque desde entonces ha sufrido numerosas modificaciones por los daños sufridos en incendios y guerras. De la misma época es la iglesia conventual de Santo Domingo. Una construcción que da fe de la vida en un convento de la época además de las riquezas que la iglesia ha conservado desde su construcción.

La vida conventual fue una constante en la ciudad. Por ello también la iglesia de Santiago fue concebida en su construcción medieval como iglesia para el convento del mismo nombre. Posteriormente sus dependencias se utilizaron para la sede de Correos entre otras funciones.

Reductos de historia

Al margen de la memoria viva que constituyen las construcciones que salpican la ciudad, los museos se encargan de difundir historia y cultura. El principal de todos ellos es el Museo Provincial, acogido entre los muros del antiguo Convento de San Francisco. Destaca la sala dedicada a la orfebrería prerromana y romana cuya colección de torques collares- de origen celta. Además de las colecciones y salas dedicadas a mostrar vestigios de toda la provincia, merece una visita el claustro que se encuentra en perfecto estado de conservación y que es Monumento Nacional, así como la cocina y el Refectorio del convento. Otra de las muestras destacadas se encuentra en el Museo Diocesano donde prima el arte sacro y la numismática, con una amplia muestra e importantes obras de todos los siglos. El Museo-Tesoro Catedralicio también está dedicado al arte sacro, principalmente a la orfebrería.

La sala municipal de exposiciones Porta Miñá también está ubicada en un edificio histórico como es el antiguo matadero municipal, construido a principios del siglo XX. En sus dependencias se pueden observar diversas colecciones de arte temporales que se van renovando periódicamente.

Ciudad del buen yantar

Lugo es una ciudad con una gran cantidad de encantos para aquel que se acerque hasta sus murallas y decida traspasarlas, pero además de alimentar el espíritu de la belleza y la mente de la cultura que transpira cada rincón lucense, el visitante podrá recuperar fuerzas con la magnífica cocina gallega. Comenzando con la típica empanada que en Lugo alcanza su máximo exponente con las empanadas de zorza carne magra y pimentón-, lomo, anguilas o tocino. El plato típico es el lacón con grelos, mientras que el pulpo es la mejor opción si el visitante se encuentra el día de feria. Todo ello acompañado de las variedades de carne y marisco, así como de los exquisitos vinos, por ejemplo, de ribeiro. Una cantidad de placeres que el viajero a duras penas podrá olvidar.

Guía práctica:

Alojamiento: Hotel Balneario de Lugo ***. Barrio del Puente, s/n. Tel.: 982 221 228

982 221 659. E-mail: ballugo@arrakis.es Web: www.balneariodelugo.com

Hotel Husa Puerta de San Pedro ***. Ría Neira, 29. Tel.: 982 222 381

982 240 195. E-mail: puertadesanpedro@husa.es Web: www.husa.es

Hotel Ceao *. Rúa das Leiteiras, 13 14. Tel.: 982 207 317/ 982 207 330.

Dónde comer: Restaurante España. Rúa do Teatro, 10. Tel.: 982 226 016 / 982 242 717.

E-mail: correo@restespana.com Web: www.restespana.com

Mesón de Alberto. Calle Cruz, 4. Tel.: 982 228 310. E-mail: restaurante@mesondealberto.com Web: www.mesondealberto.com

Restaurante A Cofradía. Plaza Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo.

Tel.: 982 123 007. Web: www.cofradiaderinlo.com

Más información: Oficina de Turismo de Lugo. Plaza Maior, 27 29. Tel.: 952 231 361.

E-mail: servicio.turismo.lugo@xunta.es