Especial viajes: La magia de las Islas Lofoten

Especial viajes: La magia de las Islas Lofoten

Cruzar el Círculo Polar Ártico y divisar las Islas Lofoten, a 1.500 metros al norte de Oslo, es todo un regalo de la naturaleza que se abre a nuestros ojos, impregnado de una magia especial que envuelve a cualquiera que se acerca a estas latitudes. El archipiélago noruego sorprende con un paisaje que corta la respiración: las montañas nevadas de más de 1.300 metros que emergen del mar en un hermosísimo contraste de color o las espectaculares auroras boreales que hechizan en cualquier noche estrellada son solo dos atractivos de esta vieja tierra de pescadores donde todavía se asiste hoy a la tradicional captura del bacalao que llega a estas aguas para el desove.

Las Islas Lofoten, entre 380 y 2.000 si nos ajustamos a todo tipo de tamaños y formas que surgen del mar, cuentan con una población de 24.500 habitantes (20 personas por kilómetro cuadrado). Cinco de las siete islas principales están conectadas por carretera (E-10), lo que permite recorrerlas con facilidad siempre que se mantenga una prudente precaución en sus estrechas vías de comunicación. Pero hasta 1983 la vida en este archipiélago no resultaba nada sencilla. Al no existir una pista de asfalto que cruzara de norte a sur, las islas estaban enlazadas gracias a un servicio de ferrys e incluso algunas zonas, como por ejemplo en Unstad, quedaban incomunicadas en invierno por la nieve hasta el punto de que las Fuerzas Armadas Noruegas debían lanzar comida y víveres desde el aire.

La construcción de cuatro grandes puentes y de un túnel bajo el fiordo de 1.780 metros alivió la situación de los hospitalarios habitantes de estas islas, aunque todavía hoy siguen sufriendo los problemas derivados de la escasa luz solar que se registra en la época invernal. Del 5 de diciembre al 7 de enero todo es una penumbra mermada por la luz que proyecta la propia nieve y por las maravillosas auroras boreales que desprenden su mágica luz en las noches estrelladas. Los lugareños lo sufren, duermen mucho menos 3 o 4 horas diarias- y algunos, según nos cuenta Craig, nuestro guía en inglés, llegan a la depresión .

Al acabar la semana, sin embargo, se refugian en los locales de moda de la capital del archipiélago, Svolvaer, dando rienda suelta a su afición por el alcohol. La gente que vive en las islas nos dice Pedro, un camarero extremeño que lleva tres años trabajando en un pub-restaurante de esta ciudad- es muy tranquila, pero cuando llega el viernes o el sábado se transforman y beben hasta perder el control . Claro que esto se produce en un contexto donde el consumo de alcohol está duramente perseguido. Entre semana sólo se pueden tomar bebidas de alta graduación servidas con un minucioso medidor- hasta la una de la madrugada, el vino y la cerveza tienen su límite una hora después y en fin de semana la franja horaria se alarga hasta las tres de la mañana. Para entonces la mayoría ha cogido el punto ansiado para divertirse.

Los más hogareños, en cambio, optan por quedarse en sus casas pintadas, levantadas con madera importada de la Noruega continental y expuestas siempre de día y de noche a cualquier ajeno. Las familias siempre mantienen las ventanas sin cortinas ni persianas cerradas e incluso cuando no hay luz facilitan la visión de sus estancias con lámparas encendidas. Tres son los colores tradicionales de las viviendas: rojo, para los menos favorecidos económicamente (históricamente conseguían esa tonalidad mezclando la sangre de animales con aceite de hígado de bacalao) y ocre y blanco, según va subiendo el nivel adquisitivo de los propietarios. Todavía hoy el aceite de hígado de bacalao sigue presente en las vidas de este pueblo y prueba de ello es que siguen activas siete fábricas de este producto apreciado por sus propiedades medicinales.

El paisaje de las Lofoten es, sin embargo, el espectáculo que maravilla al visitante. La irrupción de sus montañas, como si se tratara de una cordillera alpina, produce un fuerte impacto visual y emocional. En la época invernal, la nieve cubre todas estas viejas cumbres y se puede practicar el esquí (hay tres pistas en Stamsund, Napp y Svolvaer) o la escalada, en tanto que en el mar el kayak, los safaris para disfrutar del vuelo de las águilas o de los saltos de las orcas, según la época del año, o la pesca son dos alternativas perfectas.

El verano cambia la fisonomía de las islas y se produce un estallido de color que permite la práctica de otras modalidades. Senderismo, rutas en bicicleta y, por qué no, el baño en las hermosas playas del archipiélago - si uno es valiente y soporta las bajas temperaturas del agua-, algunas de ellas con color caribeño como Rambette o Vik y siempre rodeadas por flores. Una de las actuales alcaldesas del archipiélago predica con el ejemplo y se baña diariamente durante todo el año.

En las islas existe también un número importante granjas con ganado vacuno y ovino (nuestro guía Craig nos revela que las vacas de las Lofoten tienen tanta leche que llevan unos sujetadores especiales cuando pastan en las praderas), pero la tradición estrella del archipiélago es la pesca. Estamos en el paraíso del bacalao, el sabroso skrei que se ha introducido con tanto éxito en los restaurantes y los hogares españoles en los últimos tiempos.

Todos los años, entre enero y abril, toda la flota alrededor de mil barcos- sale a diario para celebrar este rito de más de cinco siglos de actualidad que no es sólo exclusivo de los pescadores autóctonos del archipiélago sino de todos los noruegos.

Toda la pesca está absolutamente regulada y organizada, siendo quizás la mayor batida pesquera del mundo, y se pueden ver barcos que utilizan la técnica del palangre o de redes y otros que pertenecen a los jubilados de las islas que salen con su espíritu romántico (hilo y anzuelo artesanales) a por las codiciadas presas. Las capturas no pueden superar las 55.000 toneladas de bacalao por temporada.

Un punto ideal para descubrir esta actividad tradicional es Henningsvaer, la llamada Venecia de las Lofoten , un pueblecito de pescadores al sur de la isla de Austvagoy que supera justamente los quinientos habitantes y que pasó a la historia porque aquí se encontró el esquí más antiguo de Noruega.

La aldea cuenta con las llamadas catedrales del bacalao , que en realidad son los secaderos de madera donde permanecen los bacalaos abiertos en canal y sin su cabeza durante tres meses hasta el verano, las lonjas donde los niños continúan la tradición y cortan las lenguas de los ejemplares capturados y hasta una imponente montaña (el monte Vagakallen), ante la que los marineros novatos de antaño tenían que quitarse la gorra en señal de respeto y honor. Eso sin contar las viejas rorbuer , cabañas de pescadores en las que se hospedaban los miles de pescadores extranjeros que llegaban hasta estos lares para participar en la pesca del bacalao y que hoy, por ejemplo, se pueden alquilar para pasar unos días de vacaciones.

Subirse a una de las embarcaciones, que se distinguen por sus velas de diferentes colores, resulta toda una experiencia. Estamos en uno de los mares más bravos del mundo y luego tras la emocionante jornada de pesca sólo nos queda comprobar la exquisitez del skrei, una joya gastronómica que, como producto fresco, ha triunfado en los mejores restaurantes de países como Portugal, Italia o España.

Recuadro especial 1

El skrei

El skrei (el nómada en noruego) forma parte de la población noruega de bacalao ártico del Mar de Barents. El bacalao ( gadus morhua ) se divide en muchas clases con distintas costumbres de vida. Dependiendo del tipo de bacalao, su color de piel puede ser entre marrón rojizo, gris y verde. Viven en bancos que, frecuentemente, se acercan bastante a la costa y se mantienen a profundidades entre cinco y seiscientos metros.

Allí cazan a otros peces, pero también se alimentan de cangrejos, moluscos y huevas. El skrei noruego crece de forma más bien lenta y a la edad de cinco a siete años comienza a reproducirse. En ese momento mide entre 70 cm y 1 m y pesa entre 3 y 8 kilos. Al comienzo del invierno empieza a migrar hacia sus zonas de desove en las Lofoten, donde llega en febrero. Entonces ya no come tanto, por lo que los pescadores deben prestar especial atención a sus cebos. En estas islas se pescan ejemplares de 110 cm y 15 kilos que suelen tener 20 años, pero se han llegado a capturar ejemplares con un peso entre 36 y 55 kilos. Una hembra grande puede desovar unos 5 millones de huevos. Para el desove, el skrei busca las cálidas aguas profundas (4º C) y las frías aguas superficiales. Después retorna con las corrientes al Mar de Barents.

Recuadro especial 2

El Museo Vikingo de Borg

En lo alto de una colina aparece este sorprendente edificio reconstruido, que fue levantado tras encontrarse en este lugar los restos de una vivienda que perteneció a un jefe de un clan vikingo. La construcción, que tiene 83 metros de largo, recrea la vida de los auténticos vikingos de las Lofoten, nada que ver con los que la tradición antigua (heredada de las óperas de Wagner) o la importada de Hollywood (los filmes donde estos guerreros lucen su archiconocido gorro con dos cuernos, toda una invención trasmitida de generación en generación).

La vivienda, que data del año 500 d.C. y fue ocupada por grupos de entre 50 y 80 personas, está dividida en dos alas. A la izquierda se observa como se desarrollaban las tareas de la familia y de los esclavos que tenían a su servicio. Las mujeres eran las encargadas de trabajar la lana para las vestimentas y las velas de los barcos- y en sus primitivos telares conseguían fabricar un metro de tejido al día, al tiempo que guardaban cuidadosamente las llaves de todo el almacenamiento de la casa. Los hombres, por su parte, se dedicaban a la caza, la pesca y la guerra, y los niños alcanzaban la mayoría de edad a los 15 años. Ya por entonces manejaban espada, hacha y arco y flechas con gran maestría, y muchos de ellos contraían matrimonio.

En el ala derecha del museo se encuentran las estancias privadas de la familia, con el gran salón o el dormitorio, que sólo compartían con invitados muy especiales. También utilizaban la estancia para adorar a sus dioses o para celebrar grandes banquetes. Los vikingos ya empleaban vasos de cristal con forma de cono- y únicamente los pudientes accedían a este tipo de utensilios. Poseer un vaso de cristal nos cuenta el guía del museo que viste al estilo vikingo - era mucho más difícil que tener uno de plata. Se consideraba que eran más valiosos y sólo lo usaban los jefes en las celebraciones más importantes . Los arqueólogos, que consideran que la vivienda estuvo habitada hasta el año 950, descubrieron en este yacimiento amuletos de oro y objetos de cristal que se exponen actualmente en el museo.

En 1997 los Reyes de España visitaron este lugar con motivo del 60 aniversario del nacimiento del rey Harald de Noruega.

Información práctica

Como llegar:

- SAS tiene vuelos diarios desde Madrid a Bodo vía Copenhague y Oslo. Desde Bodo se puede tomar un servicio de avionetas de la compañía Wideroe o el ferry.

Para dormir:

- En Henningsvaer Finnholmen Brigge . Un encantador hotel situado en el muelle de los pescadores, ideal para ver la actividad de los barcos. No perderse su Hot Tube , una bañera caliente al aire libre. Pb 47, 8312 Henningsvaer. Tel: (47) 76 06 99 60.

Para comer:

- En Svolvaer Anker Brygge As . Un pub-restaurante donde se concentra la marcha de la capital de las Lofoten durante los fines de semana. 8300 Svolvaer. Tel: (47) 76 06 64 80.

Información turística: www.visitnorway.com / www.lofoten.info