Especial Viajes: Venecia, siempre seductora

Especial Viajes: Venecia, siempre seductora

Venecia, la ciudad museo , para unos la más novelesca y romántica de todo el mundo y para otros el más bello decorado hollywoodiense, sigue viva. Su belleza impactante y melancólica, que rezuma a través de sus 170 canales y 400 puentes y todos sus históricos y monumentales edificios, la convierte en un destino único, a caballo entre Oriente y Occidente, que lucha por sobrevivir a su paulatino hundimiento. Un escenario que siempre seduce en cualquier época del año.

Aunque la leyenda cuenta que Venecia surgió de la nada, en medio de una laguna situada a orillas del mar Adriático, lo cierto es que los documentos históricos confirman que estas islas donde se levanta la histórica ciudad ya existían y que fueron ocupadas, tras la caída del Imperio romano, por un grupo de fugitivos procedentes del continente que huían del implacable avance de los invasores bárbaros. Las aguas de la laguna y sus tierras pantanosas sirvieron de barrera natural para aquellos hombres que buscaron la protección de Bizancio hasta que la presión de los ejércitos de Carlomagno provocó que la ciudad iniciara su aventura independiente y se convirtiera después en la poderosa República de la Serenísima .

Desde el siglo VIII hasta finales del XVIII, es decir durante casi mil años, Venecia fue pretendida por todo tipo de invasores. Desde Carlomagno hasta el propio Pontífice de Roma, pasando por la temible escuadra turca del Mediterráneo o las aguerridas tropas genovesas, hasta el mismísimo Napoleón Bonaparte que destronó en 1797 al último de los 120 dogos que habían gobernado la República con un poder nominal pero vitalicio que, sin embargo, se equiparaba al del Papa (el dogo nunca aparece postrado ante el Pontífice en los cuadros históricos).

El dogo, siempre rodeado por sus notables seis, uno por cada barrio de la ciudad-, la Sala del Senado de 60 a 300 según las épocas- y la Sala del Gran Consejo entre 500 hasta el siglo XIII y 2.500 miembros posteriormente- a los que reunía en el Palacio Ducal (el único con ese título oficial pues los del resto de la ciudad suelen llevar el nombre de Ca ), logró un difícil equilibro político, económico y diplomático que acabó convirtiendo a Venecia en la potencia naval y comercial por sus vínculos con Oriente más temida de Europa y fuera de ella.

A partir del siglo XVIII el fiero y agresivo león, símbolo de la ciudad, fue convirtiéndose en un animal dócil y enfermizo. La Serenísima pasó a formar parte del viejo Impero Austrohúngaro y después al recién formado Reino de Italia. La decadencia de la ciudad había comenzado ya hasta que en el siglo XX, con el auge del turismo de masas, Venecia se convirtió en uno de los destinos turísticos por excelencia y más caros del mundo y eso a pesar de la contaminación y el progresivo hundimiento de sus edificios en el siglo XX Venecia perdió 23 centímetros- a causa de la subida del nivel de las aguas.

También los venecianos son cada vez menos pues si a mediados del siglo XVII la población de la perla de la laguna estaba estimada en más de 150.000 habitantes ahora el censo no supera los 62.000 y en esta cifra se incluye un número importante de extranjeros, principalmente norteamericanos y británicos, que han adquirido muchas casas de la vieja ciudad. Por otro lado, los turistas continúan aumentando en este museo al aire libre y ya se han superado los 15 millones de visitantes anuales.

La supervivencia casi imposible de Venecia constituye todavía el desafío de ingenieros y técnicos en este milagro sustentado por el bosque de troncos que sigue resistiendo debajo de los bellísimos palacios, casas e iglesias que emergen en la ciudad. El Gobierno Berlusconi aprobó en 2003 el proyecto MOSE ( Moisés en italiano) para tratar de frenar el conocido fenómeno del acqua alta , un proyecto polémico que tiene previsto levantar diques móviles en los tres pasillos que conectan el agua de mar y el de la laguna, pero lo cierto es que los movimientos ecologistas han presionado para que no se lleve a cabo alegando que esa construcción acabará dañando irreparablemente el ecosistema de la laguna. De momento lo que sí se sabe es que el proyecto costará 4.300 millones de euros y, si no surge ningún contratiempo, estará listo en 2011.

Los italianos, en general, se lo toman con otra filosofía y argumentan simplemente que para salvar Venecia hubiera bastado con colocar bajo los pilares de la ciudad todo el dinero que se ha gastado hasta la fecha. Fuera de polémicas, lo que parece claro es que la ciudad se hundirá unos 40 centímetros más en los próximos 50 años si no se toman medidas drásticas. Esta es, al menos, la sentencia con que la que están de acuerdo todos los expertos.

Por eso, y más que nunca, hay que viajar a Venecia. Un buen consejo para empezar: conviene llegar a la ciudad por el agua, bien tomando algún vaporetto (el número 1 recorre todo el Gran Canal) o algún taxi (motora de madera con cabina). Esta última opción es más cara, pero la experiencia resultará inolvidable. Una vez en tierra, déjese llevar e incluso perderse por el laberinto de calles y canales, aunque una buena guía con recorridos recomendados a pie le será muy útil.

Haga la clásica apuesta romántica y dé una vuelta en góndola. Aunque llueva siempre encontrará algún gondolieri dispuesto a iniciar el paseo romántico y seguro que tendrá oportunidad de saludar a cualquier grupo de turistas japoneses que tampoco se dejan amedentrar por el mal tiempo. Luego camine sin rumbo. Por pocos pasos que dé disfrutará con un majestuoso palacio (Grassi, Ca Rezzonico, Ca D Oro ) o un encantador campo (las pequeñas plazas donde todavía se respira la vida diaria de los venecianos), o una iglesia de cualquier estilo, con todo tipo de formas y dedicadas a diferentes santos, incluso mezclados con mitología antigua (Salute, La Pietà, Santa María Gloriosa dei Frari ) o un museo con obras de los clásicos pintores venecianos como Tintoretto, Tiziano o Veronés (Correr, Storico Navale, Galería de la Academia, Escuela de San Rocco ).

Si prefiere hacer shopping , no deje de visitar un taller-tienda de máscaras con su maravillosa fantasía de colores. Uno de los clásicos en la ciudad es el atelier de Antonia Sautter, donde incluso, si es más atrevido, podrá experimentar lo que se siente vestido con los trajes tradicionales del Carnaval veneciano. Los precios del alquiler de estas prendas hechas a mano oscilan entre los 400 y los 2.000 euros (Venecia, Frezzeria S. Marco 1286 www.ballodeldoge.com).

En el caso de que disponga de poco tiempo hay que disfrutar del triángulo mágico que componen el Palacio Ducal, la Basílica y el Campanile en la Plaza de San Marcos. La visita del Palacio Ducal, una vez superada la cola de entrada, resulta impresionante: Desde el comienzo, en la Escalera de Oro, a la Sala del Gran Consejo donde se expone El Paraíso , el lienzo más grande del mundo con 500 figuras pintadas, pasando por los calabozos y las dependencias de la Inquisición donde la esperanza de vida de los presos no superaba el año o a lo sumo dos, dadas las condiciones de humedad de estas celdas que eran ocupadas por cuatro, seis u ocho prisioneros.

La Basílica de San Marcos, la otra joya de lo que Napoleón consideró el salón más hermoso de Europa, es el principal templo católico de la ciudad, aunque representa la obra maestra de la influencia bizantina en el Véneto. Su construcción fue iniciada en 828 para guardar el cuerpo de San Marcos, traído desde Alejandría. Concebida como una prolongación del Palacio Ducal, al principio era de cruz griega, cúpula sobre crucero y brazos (5 cúpulas). Fue quemada en un motín en el 975 y reconstruida en el siglo XI por arquitectos y obreros de Constantinopla. Posteriormente se modificó también en los siglos XV y XVII. Con su decoración intacta de mosaicos dorados (más de 8.000 metros cuadrados en el templo), parece más bizantina que las iglesias de Constantinopla blanqueadas por los turcos.

Tras abandonar la basílica, si el tiempo acompaña, no olvide subir a lo alto del Campanile derrumbado en 1902 y después reconstruido- para disfrutar de una vista bellísima de la ciudad. Antiguamente el campanario era utilizado para señalar la llegada de los barcos y la aparición de los incendios. Hoy nos servirá para llevarnos la última imagen de esta maravilla histórica antes de emprender el regreso.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar:

La compañía Vueling inauguró el pasado 29 de marzo un vuelo directo y diario de ida y vuelta entre las ciudades de Madrid y Venecia con unos precios tentadores:

Horario:

MAD-VCE 18.30h 20.45h

VCE-MAD 21.40h 23.55h

Billetes desde 35 euros trayecto, todo incluido.

Perspectivas de la ruta: alrededor de 100.000 pasajeros al año.

Para dormir:

- San Clemente Palace (5 estrellas). Si quiere hospedarse en una isla privada ésta es la mejor alternativa. Situada a diez minutos en barco de la plaza de San Marcos, los orígenes de la isla de San Clemente se sitúan en 1131, año en el que se levantó una iglesia que servía a las Órdenes religiosas y a los caballeros que las apoyaban como punto de arranque en el viaje a Tierra Santa.

El hotel, que está construido en un antiguo monasterio reconstruido en 1645, cuenta con spa, campo de golf y embarcadero propio (cada veinte minutos parte su propio barco con destino a la plaza de San Marcos servicio gratuito). Isola di San Clemente 1. San Marco. Venecia. Tel: 39-041-2445001. www.sanclemente.thi.it

- Luna Hotel Baglioni (5 estrellas). El hotel más antiguo de Venecia, junto a la Plaza de San Marcos, con unas excelentes vistas al gran canal y la isla de San Giorgio Maggiore. Excelente restaurante. San Marco 1243, 30124 Venecia. Tel: 39-041-5289840. www.baglionihotels.com

Tres sorpresas en la ciudad

- El Café Florian. En la misma plaza de San Marcos, conserva su ambiente clásico. Fue inaugurado en 1720 y es uno de los cafés más antiguos de Europa. Tomarse un capuchino no le saldrá barato, pero conviene darse el capricho.

- El Mercado de Rialto. Situado cerca del famoso puente. Vale la pena madrugar para conocer este barrio veneciano medieval de los mercados; en él encontrará pescados, alimentos frescos, panaderos... y mucha, muchísima actividad.

- Las islas de la laguna veneciana. Después de acercarse a la cercana isla de San Giorgio, en frente del Palacio Ducal, hay que visitar al menos las tres islas más pintorescas de la laguna: Murano, Torcello y Burano.

Información turística: www.turismovenezia.it y www.govenice.com