José Sacristán interpreta a Picasso en su nueva obra teatral

José Sacristán.
José Sacristán. - EP

JOSÉ SACRISTÁN: "ESTO SIGUE SIENDO UN JUEGO. SI NO, YO HAGO LO QUE MI AMIGO ALFREDO LANDA Y ME QUEDO EN MI CASA"

José Sacristán ya cumple los setenta. Desde muy joven, supo que su destino era ser actor. Nació en Madrid y allí continúa viviendo. Sencillo y cercano, se ha convertido en uno de los actores más respetados de la escena española. Últimamente, se ha inclinado por el teatro, al que vuelve con Un Picasso , una obra en la que se narran tres horas de la vida del genio, que vivió, de primera mano, la ocupación nazi en París. Sacristán nos revela su nuevo papel, nos cuenta qué significa para él interpretar y, sobre todo, nos regala un poco de su experiencia sobre los escenarios.

-¿Qué significa esta obra para ti?

-Significa la oportunidad de rescatar un tiempo siniestro que fue el tiempo de la ocupación nazi y poner en boca de un personaje tan singular, uno de los protagonistas máximo del siglo XX como Pablo Picasso, observaciones, consideraciones... a propósito de la vida y de la muerte. Todo esto en un juego muy bonito que ha hecho el autor. Porque se recupera un tiempo cierto, se dan tiempos ciertos... La acción ocurre el día 24 de octubre entre las tres y las seis de la tarde. A Picasso le pasaron las cosas que pasan en la función. Hay una trama de ficción desarrollada en base a unos datos ciertos y es muy interesante hacer una reflexión sobre aquel tiempo en boca de Pablo Picasso, provocada por el antagonista, que es la señorita que representa el mundo de los nazis.

¿Cómo surgió el proyecto?

-Me vino desde mi amigo Nacho Artime, que había hecho la versión. Me pareció interesante estar con él en la versión definitiva y la producción no fue una aventura demasiado difícil.

-¿Cómo te has preparado un personaje tan complicado?

-Me lo he preparado en base al punto de partida del autor propone porque no se trata de hacer biografía de Picasso, sino tomar un carácter, una personalidad... La he preparado documentándome lo justo.

-¿Es un placer interpretar a Picasso?

-Sí lo es. Sobre todo porque tienes la libertad... Como la trama es de ficción, basada en hechos reales, no estás sujeto a una composición física sino simplemente intelectual. Es una gozada contar las bajadas a los infiernos, la singularidad de la mirada de este genio.

-Vas a representar la obra en Madrid. ¿Qué sientes por esta ciudad?

-En Madrid capital, no. En Torrejón. Se ha caído porque las fechas me coincidían con Buenos Aires. Vivo a caballo entre El Escorial y Madrid. A mí, Madrid me encanta. Hay zonas, como la parte de los Austrias... Llegué de Chinchón a los seis años y hay cosas que son menos agradables pero, el balance general de esta ciudad, es que me encanta.

-¿Impone actuar en el sitio en el que resides?

-Es una ciudad más. Mi sentido de la responsabilidad me hace actuar exactamente igual en un lugar que en otro. Salgo a hacerlo lo mejor posible, sea el sitio que sea.

-¿Sientes una debilidad especial por el teatro?

-No, en el teatro puedo elegir. Las ofertas que me hace el cine no son interesantes. La televisión es un trabajo muy duro, con muchas horas de rodaje. Últimamente, el teatro es el compañero de juegos, que es lo que me importa: el personaje y la historia. El medio es secundario.

-Al elegir un proyecto, ¿te basas en que el personaje te marque?

-Si la historia es mala, el personaje no puede ser bueno. Si la trama está mal construida, da pena.

-¿Cuál es el personaje que más te ha marcado?

-No te sabría decir. Puntualmente, por la cosa coyuntural, desde Flor de otoño , Asignatura o Muerte de un viajante , El hombre de la balsa ... No te sabría decir trabajos concretos, porque luego ha habido películas sin tanta trascendencia y, sin embargo, por peripecia profesional, me han gustado.

-¿El trabajo con el que te quedarías?

-No sabría decir... Igual hay dos o tres pero habría un agravio comparativo. Siempre habría un cuarto o quinto que se quedaría ahí...

-¿Duele el fracaso?

-El fracaso circunstancial es, hasta incluso, conveniente. La crisis, el fracaso... Pobre de aquél que siempre acierte, porque es impensable. Otra cosa es cuando ya llegas a una altura determinada de la vida y no has conseguido lo que te proponías. Pero el fracaso es una cosa que viene muy bien.

-¿Se saca algo positivo?

-En un oficio como éste, es casi fundamental. En la escala de valores en la que te mueves, conviene en que, de vez en cuando, te vengan a poner el espejo delante y veas las cosas en las que no aciertas.

-Te has convertido en uno de los grandes actores de España. ¿Pesa este título?

-No (risas). Lo que sigue alimentando mi vocación es el afán de jugar a hacer creer al otro que eres lo que no eres. Básica y fundamentalmente, esto sigue siendo un juego. Si no, yo hago lo que mi amigo Alfredo Landa y me quedo en mi casa. Sigue siendo un juego por encima de todo, nada más y nada menos, en el que hay que conocer muy bien las reglas y en el que hay que salir a disfrutar.

-¿Piensas en retirarte?

-Cuando esto deje de divertirme, me quedo en casa, sin ningún problema. No le pongo una fecha concreta. Todavía creo que queda un poco de cuerda.

-El arte de actuar, ¿es innato o se aprende?

-Puedes llegar a perfeccionar, a corregir... Pero esto se tiene desde que se nace.

-Si no te hubieras dedicado a esto, ¿qué serías?

-Me hubiera gustado ser director de orquesta. Ya es tarde. Me apasiona la música en general. Estoy encantado de haber hecho este trabajo-juego, que sigue dando sentido a mi vida.

-¿Qué te queda por hacer?

-No tengo metas concretas. He hecho zarzuela, cine, teatro, televisión, drama, comedia... Todo aquello, en principio, que me divierta: no perder la sensación de que lo estoy pasando bien.

-¿Te atreves a escribir algo?

-De hecho, he escrito tres guiones, partiendo uno de un relato de Eduardo Mendoza y otro en colaboración con Pérez-Melinero y, en borrador y en cuartillas. Ando escribiendo y desescribiendo.