Julio Bocca dice adiós a la danza

Julio Bocca dice adiós a la danza

MADRID SERÁ LA PRIMERA CIUDAD ESPAÑOLA EN VIVIR LA EMOTIVA DESPEDIDA DEL BAILARÍN ARGENTINO, QUE REPRESENTARÁ "ADIÓS, HERMANO CRUEL".

Comienza para Julio Bocca la cuenta atrás para su retirada de la danza. El bailarín argentino está esperando al 22 de diciembre para despedirse definitivamente de los escenarios. El motivo principal es el cansancio. La danza le apasiona, pero todo lo que lo rodea -los compromisos, viajes, planes, aviones, ruedas de prensa...- le agotan. Pero el principio del fin del bailarín argentino no comienza aquí, ya que lleva desde 2005 despidiéndose de los distintos escenarios y países que lo han acogido y aplaudido a lo largo de su larga trayectoria artística, que comenzó hace ya 20 años.

Madrid será la primera provincia española en vivir esta emotiva despedida. El teatro Albéniz acogerá en febrero la obra Adiós, hermano cruel , un drama basado en una obra de John Ford, contemporáneo de Shakespeare.

Cuentas que estás tomando este fin de la carrera con mucha ilusión, ¿Tienes otros proyectos?

La verdad es que estoy cansado, sigo disfrutando muchísimo encima del escenario, pero eso no cambia el que vaya a terminar. Ya la cabeza no me llega a más. Ya no puedo parar de pensar en el día en que esto acabe, levantarme y decir: no hay responsabilidades, no hay compromisos, no tengo un horario que cumplir, un programa, con qué coreógrafo tengo que hablar, qué avión tengo que coger, cómo hacer las conexiones...

¿Pero cuál es tu primera ilusión?

Mi primera ilusión es no hacer nada (Ríe). Lo único que tengo programado es un viaje a la Antártida, a un lugar en el que no hay nada. Y luego, tomarme el tiempo que sea necesario para hacer lo que mi corazón y mi cabeza dicten... Además, yo sigo teniendo la asociación, la escuela Ballet Argentino , que va a seguir trabajando. Necesito un tiempo para mí: limpiar la cabeza, borrar todo y tener espacio libre en el disco.

¿Cierras totalmente la puerta a la posibilidad de bailar?

Sí.

¿De qué te arrepientes de esta larguísima carrera artística?

Arrepentirme, de nada. Estoy muy orgulloso de lo que llevo haciendo desde hace muchos años. Las cosas que me han pasado de operaciones, cancelaciones, no son cosas agradables, pero fueron aprendizajes que me permitieron el tiempo suficiente para seguir adelante en esta carrera. Estoy agradecido porque he hecho más de lo que pensaba: he viajado por todo el mundo, he podido hacer grandes obras de ballet, he trabajado en grandes compañías, junto a grandes figuras de la danza mundial.

¿Qué es lo que le ofrece la coreógrafa Ana María Stekelman?

Me da libertad de poder improvisar, además de aceptar mis tiempos de trabajo. Nunca fui muy querido por los coreógrafos porque ellos siempre me pedían más tiempo de preparación del que yo estaba dispuesto, porque prefería estar encima del escenario, que en una sala de ensayo. Ana es muy exigente, pero nos tenemos una admiración mutua.

Con tus últimos espectáculos como Boccatango te has convertido en un embajador de Argentina, ¿Qué hay de tu país en esta obra Adiós, hemano cruel ?

Todo el equipo: el ballet, la música, el vestuario, la coreografía...

¿Cómo va a ser el cierre definitivo de tu última actuación en Buenoa Aires?

La función última será el 22 de diciembre, al aire libre y gratiuta en el Obelisco. He invitado a varias compañías argentinas con las que he trabajado y también estoy invitando a figuras a la cuales he admirado y con las que he subido al escenario, como Tamara Rojo. Lo que se va bailar, todavía no lo sé, supongo que un poco de todo. Voy a hacer un gran concierto porque quiero que sea una gran noche, de la que la gente salga feliz y me pueda recordar como un buen bailarín.

¿Recuerdas algún momento especial aquí en España?

El público español siempre me ha dado un cariño y un respeto. Recuero con cariño una de las primeras veces en las que vine a bailar, concretamente el Festival de Santander, al que vine a sustituir a Baryshnikov. La verdad es que el recibimiento del público fue maravilloso. Recuerdo también los festivales en otras ciudades españolas, como los del Conde Duque en Madrid, donde la gente gritaba porque no veía... Creo que he podido disfrutar de un montón de cosas, como trabajar con Tamara Rojo, que fue algo maravilloso. Voy a borrar los compromisos, pero el cariño de la gente no puedo borrarlo.