LA FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 2006 NOS RECIBE UN SU CASA DE MADRID
En una céntrica plaza madrileña vive la finalista del premio Planeta 2006. El murmullo de la gente que pasea, las voces de los niños que juegan o las conversaciones de los que se sientan en cualquiera de sus terrazas, ayuda a Marta Rivera de la Cruz (Lugo, 1970) a concentrarse en su trabajo. Dice que le relaja. Su casa, un inmueble de más de cien años, presenta un estilo ecléctico: techos altos, puertas y muebles antiguos, combinados con cuadros modernos, como el que preside su salón, que compró a un amigo portugués.
Su pequeña estatura y aspecto frágil, contrastan con su enérgica voz y fuerte personalidad. Dice lo que piensa y lo que siente con gran naturalidad. La muerte de su madre, hace más de un año y medio, le empujó a escribir En tiempo de prodigios, y con esta obra, la joven escritora cierra una etapa marcada por unas circunstancias personales muy difíciles, que paralizaron durante un tiempo su capacidad creativa. Fue como una soga que se le lanzó en un momento en el que lo estaba pasando verdaderamente mal.
El título de su novela procede de la cita de Sergio Pitol aunque si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios . Además de explorar su dolor de forma autobiográfica a través del personaje de Cecilia, esta novela encierra multitud de aventuras de la mano de Silvio, un octogenario que relata a la protagonista su apasionante vida, ambientada en la Segunda Guerra Mundial y que perfectamente podría llevarse al cine. Amor, amistad y ficción son los ingredientes básicos de esta obra.
Periodista y escritora o escritora y periodista. Las dos profesiones le llenan por igual y no le gustaría encontrarse en la tesitura de tener que elegir. Tiene una historia en mente, pero carece de la tranquilidad necesaria para sentarse a escribirla. Mientras tanto practica, en los pocos ratos libres que le quedan, su mayor afición: el arte de la conversación.
¿Qué ha su supuesto para ti ser finalista del Premio Planeta 2006, tanto personalmente como profesionalmente?
Personalmente, en realidad nada. Bueno, sí, una tranquilidad económica para tener una estabilidad personal. Y Profesionalmente, muchísimo. Normalmente, de un libro mío se lanzaban 5000 ejemplares y con éste se han lanzado 85000. Eso significa llegar a muchísima más gente. A esto hay que sumarle toda la promoción, la campaña de publicidad y de marketing que lleva consigo el Premio Planeta, que evidentemente, para un escritor, es lo mejor que le puede pasar.
¿Qué te llevó a escribir En tiempo de prodigios y en qué momento decidiste hacerlo?
Hacía tiempo que quería volver a escribir ficción porque había estado cuatro años sin hacerlo y, por otro lado, después de la muerte de mi madre, yo quería reflexionar y escribir sobre eso y explorar las cosas que yo estaba sintiendo y que me estaban pasando. La literatura me pareció una buena forma de hacerlo. No sabia cómo iba a acabar todo esto, ni siquiera si iba a tener un final, pero una vez que me puse a escribir, la historia salió sola y de hecho es mi novela más larga, con más de 500 páginas y, sin embargo, es la que más rápido he escrito. Me ha llevado 9 meses.
¿Consideras, como algunos escritores afirman, que es necesario estar triste para escribir?
No. Puede ser que haya gente a la que le ayuda la tristeza para expresarse, pero a mi personalmente no me ayudó. La tristeza, en mi caso, me empujó a escribir, pero de la misma forma que me habría empujado otro estado de ánimo, como la exaltación o la alegría...
Después de cuatro años sin escribir una novela, ¿En qué aspectos de tu literatura consideras que has evolucionado? ¿Qué hay de diferente en tu forma de escribir desde entonces?
Lo primero de todo, En tiempo de prodigios es la primera novela que escribo en primera persona y eso es una novedad con respecto a las anteriores. Además, mi literatura es mejor, más depurada y el estilo también, porque que es más personal. Antes estabas más influida por otras lecturas... Yo creo que he encontrado mi propia voz.
Hay espacios o lugares que se repiten en tus novelas, por ejemplo, la ciudad gallega de Ribanova aparece en varias, ¿Por qué?
Para mí es quizás un guiño al lector de mis novelas. Quería establecer un lazo con la persona que leyó mi primer libro, porque esta historia que comienza en Ribanova, podría haber empezado en cualquier otra ciudad pequeña.
¿Van a volver a editar tus anteriores novelas, Que veinte años no es nada, Linus Daff, el contador de historias y Hotel Almirante?
Parece ser que sí, que Planeta va a volver a sacar, pero el año que viene, Linus Daff.
¿Tienes alguna novela en mente?
Tengo una historia en la cabeza, pero hasta que pase todo esto no voy a volver a escribir porque no tengo tiempo. Estoy viajando mucho y tengo bastantes compromisos derivados del premio. Esta no es la mejor forma para escribir un libro. Yo necesito concentrarme mucho, de hecho, el año pasado estuve muy encerrada escribiendo.
¿Cómo escribes?
Cuando puedo porque no solamente escribo, sino que hago otras cosas... Cuando empiezo una novela, me siento a escribir a ratos. Luego, cuando ya está más encauzada, me pongo un horario. En realidad no soy maniática, escribo cuando puedo: en esa mesa o en cualquier parte. De hecho, en esta última novela, hay media página que escribí en un avión. No tengo manías y trabajo en cualquier ordenador, en otra casa... La única cosa que no soporto cuando estoy escribiendo, es la sensación de frío porque soy muy friolera y las manos se me quedan enseguida rígidas.
¿Qué hay de realidad y qué de ficción en En tiempo de prodigios?
La parte más real es la de Cecilia y su madre, que esa fue la historia de mi madre y mía. Está muy calcada de la realidad. El resto no, es pura ficción.
Respecto a la parte autobiográfica, ¿No has sentido cierto pudor en contar todo lo que has podido sentir en un momento determinado, a pesar de que es un sentimiento de lo más natural?
No, no me importa. Yo creo que no hay nada de malo en enseñar el dolor. Además, me he encontrado con una cosa que no esperaba, y es que mucha gente que me ha dicho que le ha ayudado leer mi novela porque estaba pasando por un proceso similar. Con que una persona me haya dicho eso, ya era motivo suficiente para haber escrito este libro, que sí que es verdad, es muy personal.
Pero aunque el lector no haya sentido la pérdida de la madre, se puede sentir muy identificado con la relación maternofilial que está tan presente en el libro y le puede conducir a valorarla más, ¿no es así?
¡Efectivamente! Yo creo que este aspecto es importantísimo. Todos estamos condenados a ver morir a nuestros padres, a sentir su pérdida y creo que este es uno de los terrores que tenemos todos. Por una parte, te das cuenta de que es algo por lo que vas a tener que pasar; pero por otra, mientras no pase, hay que aprovechar esa relación tan especial que existe, como en este caso, entre una madre y una hija. Quizás con este libro hago más un alegato a la relación entre una madre y una hija.
¿Crees que las mujeres en general se pueden sentir muy identificadas con tu novela?
Yo creo que sí, porque aunque no todas hemos sido madres; todas hemos sido hijas.
Se ha dicho que tu obra tiene tres ingredientes fundamentales: amor, amistad y ficción. Ingredientes sin los que probablemente sería complicado vivir ¿estás de acuerdo con esta afirmación?
Sí, es cierto. La verdad es que no lo había pensado nunca. Pero yo creo que de los tres, el más importante es la amistad. Sin amor-pasión, es decir, sin pareja, uno puede vivir perfectamente. Pero sin afectos, no. Lo que sentimos por nuestros padres, amigos... son distintas formas de amistad, son afectos. Estos afectos personales, además, dependen de nosotros, de nuestra capacidad de entrega, de nuestra voluntad de darnos a otras personas, de que otras personas nos den cosas también.
Como por ejemplo, la relación de amistad que se produce en tu obra entre Cecilia y Silvio, entre dos personas de generaciones diferentes ¿Reivindicas con tu libro el respeto por la sabiduría de los mayores en una sociedad en la que cada vez se pueden sentir más denostados?
Es muy curiosa una cosa: la única cultura que menosprecia o arrincona a la gente mayor, es la occidental. En las culturas asiáticas o en las africanas, la vejez es un valor. La experiencias, el bagaje de lo vivido son sumamente valorados. La cultura occidental, al viejo lo arrincona y esto me produce verdadera pena. Yo he tenido la suerte de vivir en una familia donde hay mucha gente mayor y para mí ha sido una fuente de experiencia y de enseñanzas invaluable. Por ejemplo, todo lo que sé de la Guerra Civil y su intrahistoria, me lo han contado mi abuela y sus hermanas.
¿Existe Silvio, ese personaje anciano con una vida tan intensa e interesante, en la realidad?
No, Silvio como persona no existe en la realidad, pero sí es el resumen de todos aquellos abuelos y abuelas que todos tenemos o hemos tenido y de los que debemos aprender muchas cosas.
La historia de Silvio, que es la parte aventuras y ficción de En tiempo de prodigios, está sobre todo ambientada en la época de la Segunda Guerra Mundial, ¿por qué elegiste esa etapa de la Historia?
A mí la Segunda Guerra Mundial me parece un episodio interesantísimo, desde el punto de vista histórico y sobre todo social por muchas razones: primero, porque el desencadenante de la Segunda Guerra Mundial fue la invasión de Polonia por la tropas nazis. Esto, a su vez, vino provocado por un proceso democrático, es decir, Hitler llegó al poder no por un golpe de Estado, sino porque fue elegido democráticamente y eso me parece alucinante. Eso ha creado en el pueblo alemán, y yo tengo amigos alemanes con los que he hablado de este tema, un sentimiento de culpa tremendo que se ha trasmitido de generación en generación. Sienten que provocaron todo el desastre que vino después: la expulsión, la negación y el exterminio del pueblo judío... El resto de Europa les dio la espalda, no quería saber, no cogieron el toro por los cuernos a pesar de que ya había muchos judíos que habían conseguido escapar y contaban todo lo que estaba pasando en los campos de exterminio.
¿No crees que esta historia de Silvio es muy cinematográfica? ¿Consideras la posibilidad, o te gustaría, que En tiempo de prodigios se adaptara al cine?
Si, me encantaría. Pero yo creo que una parte del libro, la de Silvio, si se podría adaptar al cine y la otra no, porque es muy introspectiva, más psicológica.
¿Cuál de todos los personajes de tus novelas es tu favorito? ¿Hay alguno al que le tengas un cariño especial?
Yo creo que a Linus Daff. Es el personaje más original y raro de todos, que vive de reinventar historias del pasado de los demás.
Desde que te concedieron el premio, ha habido mucha gente que te ha recriminado que siendo gallega, escribes en castellano y que por eso tus obras no pueden formar parte de la Literatura gallega, ¿qué opinión tienes al respecto? ¿consideras que se están radicalizando estas posturas?
Yo hice unas declaraciones en las que reivindicaba simplemente mi condición de escritora gallega por escribir en castellano. Desde ese momento, he recibido insultos, ofensas, e incluso han insultado a mi padre y a mi abuelo... He descubierto, para mi horror, que se ha radicalizado el asunto tanto, que se está confundiendo la idea con la creencia y que dentro de la defensa del idioma gallego existen auténticos fanáticos. Es algo trágico lo que está ocurriendo. Es algo tan sencillo como que el propio Estatuto gallego defiende y promulga la existencia de dos lenguas oficiales. Querer negar esto, es una aberración legal y además, culturalmente es una atraso. Estoy viendo que quieren crear generaciones enteras de analfabetos funcionales, de gente que no sepa hablar castellano.
¿Te merece la pena haber hecho este tipo de reivindicaciones?
Pues sí y mucha gente que me conoce me ha preguntado lo mismo que tú. El otro día me vino una profesora a darme las gracias de parte de muchos docentes que piensan como yo porque dicen que están intentando arrinconar el castellano como materia de estudio. A mí esto claro que me compensa, porque estoy diciendo algo que lo he pensado toda la vida y ahora tengo la oportunidad de decirlo. Me parecería muy mezquino callarme por conveniencia. Simplemente por reivindicar el uso libre del castellano, me he dado cuenta de que mucha gente me pediría el pasaporte para entrar en Galicia. Yo hablo y escribo el gallego perfectamente, pero no es la lengua que utilizo.
¿Qué opinas sobre la afirmación de que estos premios literarios están amañados ?
A todos lo que piensan eso yo le preguntaría que si creen de verdad que si estos premios estuvieran amañados me lo hubieran dado a mí, que no me conoce nadie, que no tengo nombre y no soy una persona mediática. Yo creo, que en este sentido, para Planeta soy una apuesta. Lo que tengo claro es que no voy a pedir perdón por haberme presentado al Planeta y haber sido finalista.
Esta novela abarca un abanico de lectores muy amplio, ¿para quién escribes realmente? ¿a quién te diriges?
Reconozco que cuando escribo soy una persona absolutamente egoísta y escribo la novela que yo quiero leer. Cuando escribo no pienso en nadie más que en mí.
¿Lees muchas veces lo que escribes? ¿Eres muy perfeccionista?
Sí, normalmente empiezo el día leyendo lo que escribí el día anterior y corrigiendo, aunque después, cuando pasa más tiempo, vuelvo a corregir...
¿Cómo y cuándo decidiste ser escritora?
No lo sé. Yo creo que siempre me gustó escribir. Desde pequeña escribía cuentos, poesías, cosas para la revista del colegio... Lo que tenemos en común todos los escritores es que pensamos que nunca nos vamos a dedicar a esto, que es algo muy marginal. Yo empecé a escribir más en serio en el último curso de la carrera.
¿Cuáles son tus referentes en Literatura?
Muchísimos. Ahora estoy leyendo mucha literatura norteamericana, que se está haciendo actualmente, como Philip Roth, Johnathan Frozen o Tom Wolf. También me gusta mucho la obra de la escritora inglesa Doris Lessing.
¿Te sientes más escritora que periodista?
No. Cuando escribo una novela, me siento escritora; sin embargo, cuando escribo un reportaje, me siento periodista. Mi estilo es muy distinto en ambos casos.
¿Qué te gusta más?
No lo sé. Espero no tener que elegir nunca. Me gustan muchísimo las dos cosas.
¿Consideras importantes las campañas de fomento a la lectura, que hace el Ministerio de Cultura? ¿Crees que en España no se lee?
Y no creo que en España no se lea, yo voy a todas partes en transporte público y veo a muchísima gente leyendo. Las campañas de fomento de la lectura a mí, personalmente, no me interesan nada. Creo que este problema hay que atajarlo desde otros puntos de vista, hay que facilitar el acceso a la lectura abriendo más bibliotecas públicas dotándolas de más ejemplares, novedades editoriales... Me hace gracia que realmente nunca se haya atacado este problema haciendo un grupo de trabajo con editores, escritores, profesores de Literatura. Además, se hacen estas campañas, al tiempo que se reducen las horas de clases de Lengua y Literatura en los colegios... Así es imposible.
Además de escribir y leer, ¿qué otras cosas te gusta hacer?
Viajar me gusta mucho, pero como es una afición cara, no puedo hacerlo todo lo que quisiera. Pero lo que realmente me gusta es hablar, juntarme con mis amigos escuchar música y charlar. La conversación es un arte que se está perdiendo por culpa de la televisión. También me encanta pasear por Madrid e ir al cine. Escucho mucha música, pero no tengo un tipo de música preferido; un día escucho Piazzola, otro bossa-nova, otra canción italiana de los sesenta... Los fados, por ejemplo, me encantan y una vez al año voy a Lisboa, al mismo local, a escuchar un recital. Lisboa me encanta.
¿Qué le pides a este año 2007?
Que mucha gente lea mi libro.