MIGUEL HERMOSO, EL MALVADO "DIEGO DE LA VEGA" DE "YO SOY BEA"

MIGUEL HERMOSO, EL MALVADO "DIEGO DE LA VEGA" DE "YO SOY BEA"

COMPAGINA LA POPULAR SERIE CON LA OBRA TEATRAL "EL GRAN REGRESO", JUNTO A PEPE SANCHO, Y CON LA PELÍCULA "GAL"

Tiene una ambición sin límites y porta un semblante excesivamente serio. Es egoísta, maquiavélico, dictatorial... pero en la ficción. En la realidad, Miguel Hermoso (Diego de la Vega en Yo soy Bea ) es alegre, pasional y divertido.

Es hijo del director de cine Miguel Hermoso y de la directora de casting Elena Arnau, de los que ha heredado su faceta como actor. Debutó en el teatro con tan sólo diecinueve años, mientras terminaba sus estudios de Arte Dramático. Su pasión por el trabajo es inmensa. Sus ojos se iluminan de una manera especial cuando habla de los proyectos que tiene entre manos: la obra de teatro El gran regreso (junto a Pepe Sancho), la película Gal y la serie que le ha acercado al gran público: Yo soy Bea .

¿Cómo es Diego de la Vega?

Con estos personajes que de cara a la audiencia son tan negativos hay que evitar caer en el error de interpertarlos así. En vez de ello, hay que buscar los motivos que le llevan a una persona a tener ciertos comportamientos antisociales o dañinos para los demás. Digamos que yo lo enfoco de la siguiente manera: Diego de la Vega es un tipo que ha sacrificado todo placer y satisfacción personal en pos de un objetivo, que es hacerse cargo de la empresa de su padre. Es un personaje que tiene una obsesión: ser como su padre. Él lo tiene idealizado porque murió cuando era pequeño. Es un seguidor de la filosofía de Maquiavelo: el fin justifica los medios . No importa si hay que aplastar cráneos para alcanzar el objetivo. Por otra parte tiene como mayor enemigo a un chico con el que convivió desde pequeño, al morir el padre y la madre de los De la Vega. Fuimos criados por los Aguilar, con lo cual ha existido una rivalidad endémica y enfermiza con Álvaro. Álvaro normalmente siempre ganaba esas pequeñas batallas cotidianas y desde niño eso se le quedó grabado. Yo los veo como Felipe González y José María Aznar.

¿Quién es quién?

Álvaro sería Felipe González y yo sería José María Aznar. Felipe González era un encantador de serpientes, un tío carismático con un discurso conveniente según la situación y al que la gente adoraba. Aznar era un tipo antipático, insoportable, irascible y que no soportaba no ser carismático, entonces empleaba la fuerza donde el encanto no le llegaba.

O sea, que entre muchas cosas, ¿te has basado en Aznar para crear tu personaje? ¿Has estado viendo vídeos de él?

(Risas) No, eso sería un castigo demasiado duro para mí. Pero sí que me baso en esta gente que va tan rígida por la vida, que considera que la diversión es una pérdida de tiempo. Creo que en realidad mi personaje sería una mezcla entre Pedro J. Ramírez y Mario Conde.

¿Cómo eres tú realmente? Porque supongo que no tendrás nada ver con tu personaje...

Yo creo que los seres humanos somos tan diversos dentro de nosotros mismos, albergamos tantos tipos de tendencias, que en nuestra vida dominan unas en vez de otras. Si cada uno mira dentro de sí mismo, verá que hay un prequeño dictador, un pequeño salvaje, hay bondad, maldad... Los actores tenemos que recoger todo eso como si fuera una librería, coger el pequeño libro de maldad y crueldad -en el caso de mi personaje- y abrirlo, y luego volverlo a cerrar y volverlo a meter. No hay que dejar que eso se meta en tu vida para que no te vuelvas loco. Yo creo que todos los seres humanos tenemos todos los libros del mundo en la biblioteca. Los actores debemos jugar con ese riesgo apasionante de investigar en lo que hay dentro de un corazón humano. Porque, ya te digo, yo pienso que hay de todo.

En tu corazón, ¿Qué podemos encontrar? ¿Cuál es tu principal virtud?

Yo creo que la pasión y la emoción. Yo busco que en la vida los días sean emocionantes, busco divertirme, busco sufrir si es necesario y por un motivo, y sobre todo me apasiona estar con compañeros y hacerles reír, sentirme parte de un equipo donde cada uno nos apoyamos, nos conjuntamos y conseguimos transmitir algo divertido o emocionante a unos espectadores. Eso es lo que me mueve en la vida. Quizá soy un actor enfocado al teatro, porque ahí recibo directamente la respuesta del público al que queiro llegar. En la televisión me lo tengo que imaginar. Son cosas diferentes.

Cuando empezaste en esta serie, ¿imaginabas el éxito que podía llegar a tener?

Tenía mis dudas, si te soy sincero, porque nos basábamos en una serie que ya había tenido éxito. Cuando leí los guiones, vi que me estaba riendo, y me di cuenta de que había calidad, que los personajes habían cambiado y se habían españolizado. Había personajes muy castizos con los que se iban a identificar los espectadores, otros eran muy pasados de vuelta, como el mío o como Bárbara (Norma Ruiz), que digamos que lo que hacían es una parodia de un esterotipo ya inventado. Y esa conmbinación me parecía que podía funcionar. Luego, una vez que entré aquí vi lo buenos que eran todos los compañeros y cómo nos hemos compenetrado. Es un equipo genial donde no hay estrellas ni gente egoísta que busque destacar por encima de los demás. Nos hemos sincronizado, ha sido una cosa espontánea.

En otras telenovelas el humor que hay es fácil, sin embargo en esta hay un humor más trabajado...

Aquí hay que romper una lanza por los guionistas. Un actor sin un papel no es nada. La clave no es que los actores seamos graciosos, sino que las situaciones tienen gracia. El intercambio entre un personaje y otro, las pullas que nos lanzamos... Es muy divertyido ver cómo las personas se hacen la guerra las unas a las otras cuando lo ves con una distancia. Hay series como 7 vidas o Aída que juegan con eso, la batalla entre unos y otros.

¿Cómo vives la fama que te ha dado este personaje?

Me lo tomo con humor. La gente me dice que cómo puedo ser tan malo. Es verdad que en estas series diarias te metes en las casas de las personas y la gente luego mezcla la realidad con la ficción. El otro día una señora me agarró por el brazo y me dijo: ¡Cómo se puede ser tan malo! , y me defendí: Señora, si yo no fuera tan malo, Bea no podría ser tan buena, así que ustedes me necesitan a mí , a lo que me contensó: Pues nada, sigue siendo tan malo .

¿Saben diferenciar lo que es la persona del personaje?

No sé... El otro día, en un bar, una señora no me quería servir, decía que yo no era bienvenido (ríe), pero bueno, yo soy un soldado de la trinchera y hago lo que me dicen. Pero es normal, tenemos un equipo fabuloso detrás que hace magia, porque aquí trabajamos a un rítmo muy duro y entre todos sacamos la serie adelante. Nosotros somos ese delantero que en el último segundo remata con la cabeza, mete el gol y se lleva el crédito. Yo me llevo el crédito de doscientas personas que hay detrás de mí y que son las que hacen posible la serie. Yo soy el que pone la cara.

¿En qué dedicas tu tiempo cuando no estás en la serie?

Cuando salgo de la serie me voy a hacer unas funciones que tengo en el teatro con Pepe Sancho, una obra que se llama El gran regreso sobre un padre y un hijo. Te advierto que es refrescante, porque ahí hago un personaje que sí que es como yo, es muy diferente a Diego de la Vega, la gente a veces ni me reconoce. Me resulta muy enriquecedor, porque así no me encasillo, es como una excursión a otro tipo de mundo, y cuando vuelvo, tengo ganas de ser de nuevo perverso y cruel como lo es Diego de la Vega.

¿Cuándo descansas?

(Risas) Entre una cosa y otra. Pero si te soy sincero, el terror de un actor es no tener trabajo. Cuando tienes demasiado trabajo haces lo que sea para cumplir con todo el mundo. Cuando no lo tienes es cuando te sientes inutil. Un actor necesita llegar a la gente para sentirse realizado y que su vida tenga sentido. Que en una época tengas un pequeño exceso, no es tan malo. Yo me dedico a haceros la vida más llevadera, a haceros reír, a emocionaros, y luego la gente te lo agradece constantemente. Qué más puedo pedir, tengo el mejor trabajo del mundo.

Desde pequeño, ¿siempre quisiste ser actor?

La verdad es que no, pero sobre todo mis padres no querían que fuera actor. Principalmente porque ellos se dedicaban a esta profesión y sabían que aquí nunca sabes si has llegado a algo o no. Ahora tenemos un éxito tremendo con Yo soy Bea , pero llegará un momento en que la serie se acabará y habrá que volver a empezar de cero. En unos meses la gente se olvidará de esta serie y yo volveré a buscarme la vida, como siempre.

¿Y qué querías ser de niño?

Quería ser antropólogo. Era muy buen estudiante, lo que pasa que tuve una crisis adolescente como todos y decidí que quería ser autodidacta. Entonces, perdí el tren de los estudios y cuando estaba muy perdido mi madre me recomendó que por qué no me metía en un grupo de teatro para encontrarme a mí mismo, y de repente encontré que canalizando mi exceso de energía a través de unos personajes, era capaz de -con toda esa frustración y esa rabia que tenía a los dieciséis años- aportar algo positivo a la sociedad. Y pensé, bueno, pues igual siendo payaso, siendo bufón, merece la pena.

Ha merecido la pena...

Yo creo que sí, y la verdad es que creo que no me he equivocado, porque la gente se lo pasa bien conmigo.

Aunque los antropólogos han perdido a un colega...

(Risas) Pues a los antropólogos les gusta mucho el arte. El otro día llegué a conocer a Juan Luis Arsuaga, que es uno de mis ídolos. A mí me gusta la antropología como aficionado, y Arsuaga no se pierde un estreno de teatro. Digamos que los actores, no es que hagamos antropología, eso sería una pretenciosidad, pero nos dedicamos a conocer al ser humano para luego recrearlo. Sacamos los higados emocionales porque tienes que entenderlo para representarlo. Por eso te digo que para hacer a Diego de la Vega no me planteé que fuera a ser muy malo, sino qué le ha llevado a este tío a no tener escrúpulos. Los actores deberíamos ser más cultos y más intelectuales para indagar un poco en la naturaleza de los personajes que hacemos, porque cuanto más indagas más creíble resultas.

Todavía le queda mucho, pero cuando acabe la serie, ¿qué tipo de trabajo te gustaría hacer?

Me gustaría hacer esta misma serie con un poco más de tiempo. Ahora estoy en la película Gal , una producción que espero que haya quedado bastante bien, yo todavía no la he visto. Echo de menos el cine, el trabajo más meticuloso, pero a lo que siempre perteneceré es al teatro, eso no puedo evitarlo, porque yo me he criado ahí.