Pablo Motos triunfa en la pequeña pantalla con "Sus hormigas televisivas"

Pablo Motos triunfa en la pequeña pantalla con "Sus hormigas televisivas"

TIENE 41 AÑOS, HA TRABAJADO EN PRENSA, RADIO, TELEVISIÓN Y AHORA ES EL "REY DEL HORMIGUERO".

Tiene cuarenta y un años y unas ganas de trabajar como las del primer día. Y es que Pablo Motos tiene el don de crear proyectos que con el tiempo resultan ser auténticos éxitos. Ha sido locutor y director de Radio Requena, ha trabajado en Radio Nacional y en Onda Cero, donde ha presentado y dirigido programas como Protagonistas ; Mareando la Perdiz o Hacia el dos mil ; además de formar parte del equipo como redactor y presentador de la Radio de Julia (Julia Otero), ha presentado en la Televisión Valenciana (Canal Nou) el programa Megacine .

Como músico ha compuesto, entre otras, la canción Saber amigos , que ganó el primer premio del Festival de Benidorm de 1993. Ha sido columnista del diario El Mundo (Edición Comunidad valenciana); ha escrito un libro de humor que se llama La sonrisa del mirón . Y en la actualidad, es uno de los guionistas y el director de No somos nadie , en M-80 Radio, y El hormiguero , en Cuatro.

En cuanto a su ámbito privado, Pablo Motos comparte su vida con una periodista que tiene dos hijas.

¿Cómo definirías No somos nadie ?

Es un programa que sirve para entretenerse, para informarse, para pensar y para reírse.

No somos nadie tomó el relevo de Gomaespuma en M-80, ¿cómo conseguisteis mantener al público en la misma emisora?

Cuando nos ofrecieron esto teníamos mucho miedo, porque Gomaespuma es un mito del humor en la radio. Yo lo único que tenía claro es que nuestro programa no se podía parecer en nada al suyo. Trabajamos con toda la libertad, a excepción de que si había algo que creíamos que se parecía a ellos no lo hacíamos. Lo malo de ir detrás de gente importante es que la gente va a intentar compararte, así que hay que evitar cualquier posibilidad de comparación. Es mejor que me digan: No me gusta tu programa, no tenéis gracia a Esto los otros lo hacían mejor .

Los colaboradores de tu programa de radio son los mismos que los del de televisión ( El hormiguero ). ¿Por qué contactaste con ellos?

Es gente que he conocido a lo largo del camino, en Onda Cero , en El club de la comedia , La noche de Fuentes ... Ahí hice un grupo de amiguetes con los que me llevaba muy bien, y me une a ellos la amistad y la admiración. Es un vínculo muy fuerte para trabajar.

¿Quién crea cada sección del programa?

Todos hacemos todo. Muchas veces en una conversación, cuando la primera persona lanza una mala idea, a una segunda persona se le ocurre una que no está mal, y de repente al cuarto se le ocurre una idea genial. Lo que sí intentamos es ser valientes a la hora de ponerlas en marcha.

¿Qué te tomas para que se te ocurran las cosas tan disparatadas que se te ocurren?

Mi desayuno por la mañana es una bomba atómica. Tomo un complejo vitamínico que toman los culturistas para hacer pesas, lo mezclo con un Actimel , un café doble, un zumo de cuatro naranjas y un limón, y mil miligramos de Jalea Real. Con todo esto me vengo y a la media hora estoy como una moto. Es que cuando madrugas te entra mucha hambre. Y cuando acaba el programa es un momento muy peligroso para la dieta, porque te apetece comerte una tortilla para cinco, necesitas alimento.

¿Cómo transcurre un día normal para ti una vez que terminas el programa?

Cuando salgo es cuando empieza de verdad el programa y es la parte más divertida, pero es complicado. El hecho de que parezca que todo lo que hacemos en el programa surge en ese momento es mentira. Lo que hacemos mucho es romper el plan, pero tenemos que tener un plan aunque sólo sea para romperlo. Pensamos mucho cuál es el tema que más va a funcionar, de qué vamos a hacer el Rap ... y de la radio no nos vamos antes de las cuatro de la tarde. Yo me levanto a las cinco y veinte, y el programa es de siete a diez.

Y por la tarde?

Intento no dormir por la tarde para ir al gimnasio. Si tengo comida -que las procuro evitar- por la tarde no hago nada. Estoy en casa leyendo y preparando cosas. Siempre estoy preparando cosas, es mi hobby, a mí me divierte, lo malo es la presión. Ahora me estoy leyendo un libro de chinos para hacer una entrevista, no sé si la haré al final o no, pero a mí me viene bien.

¿Qué libro es?

Mi jefe es chino . Habla de la diferencia entre tener un jefe chino o no, que los chinos nos van a invadir en el año 2034, seremos sus esclavos... Se ve venir. Y además hay incluso fecha.

Has trabajado en televisión, en radio, en el teatro, en periódicos, has escrito libros... ¿Qué te queda por hacer?

No, ahora nada... (risas) Tengo un par de ideas de teatro para hacer una obra muy divertida pero muy gamberra. Si alguna vez lo hago tendrá que ser con un anónimo. ¡No quiero firmar eso y que se sepa!

¿Tan gamberro es?

Es una manera de divertirse un poco salvaje. A mí me parece que el teatro es un lugar donde todo lo que haces tiene que ser verdad, no es como la tele o como el cine que valen los efectos especiales. Es un lugar donde puedes hacer que quinientas personas vivan algo único que no se va a poder repetir. Creo que la gente no ha pasado suficiente miedo en un teatro, teniendo en cuenta que es un lugar fantástico para morirse de miedo. La diferencia entre una obra de teatro y el cine es que te pueden tocar las cosas, te puede pasar algo. Creo que ahí hay todavía terrenos para explorar.

¿Cómo surgió el programa de televisión?

Me ofrecieron hace un año hacer un programa en Cuatro, y tengo que decirte que no era la primera vez que me ofrecían esto, que antes hubo otras cadenas. De pronto tuve una idea muy facha que era hacer el programa sólo si me hacían caso en todo (risas). Dijeron que estaban dispuestos a arriesgarse. Dije: Voy a hacer un programa que tenga cosas nuevas, que no sea un programa que ya habéis visto otras veces, pero tenéis que poner dinero y tenemos que arriesgarnos a darnos el batacazo . La cadena aceptó con un valor que yo no conozco en la historia de la televisión. Vieron un vídeo piloto -yo no sabía que eso se lo iban a pasar a Cuatro-y sé que les encantó.

Luego salió bien...

Sí, lo que pasa es que uno puede poner el cien por cien del esfuerzo, pero nunca sabe el cien por cien de los resultados.

La idea de las hormigas de peluche ¿de quién surgió?

La idea de las hormigas es una de esas ideas que no se puede contar en una mesa de negociación. Te la tiran para atrás. ¡Unos muñecos que salen de la mesa! Eso qué son, ¿los Fraggle Rock ? ¿Mari Carmen y sus muñecos? ¡Dónde voy yo con esa idea! Los directivos creen que cuando se mezclan esos conceptos se convierten en programas infantiles y fracasan.

¿Cómo lo explicaste?

No, no lo expliqué. Lo vieron. Yo les dije que quería hacer un programa de autor, con lo cual se tenían que fiar de lo que hiciese. Cuando lo vieron, ya estaba hecho el agujero en la mesa. Cada hormiga vale cinco mil euros -una pasta-, porque te la tienen que diseñar. Entre los cincuenta y dos diseños que nos propusieron tuvimos que elegir una. Yo la cambié de arriba abajo, porque me gustaba que fuese fea, que tuviese un ojo más grande que otro, que tuviese un diente. Si es bonita no transmite ternura. Luego inventamos lo de los ojos que se mueven, somos unos frikis, está claro. Los ojos de los Fraggle o de los Lunnis no se mueven, esto impide que haya humanidad. Nosotros inventamos una especie de muellecito para que los ojos se pudieran mover. Esto me parece un hallazgo (risas), vale es una tontería, pero...

¿Quién hay detrás de cada hormiga?

Son Juan y Damián. Ajenjo y Cigarro. Cada hormiga tiene su personalidad y es inimitable. Lo de las hormigas fue maravilloso, porque además estaba el plató sin hacer, todo era madera. Sólo estaba lo que iba a ser la mesa, ese día se metieron debajo, hicimos cinco minutos improvisando, y todo el mundo se puso a darse besos.

Al margen de las cámaras y los micrófonos

¿Cómo eres cuando no estás delante de una cámara o de un micrófono?

Yo soy así. Tengo un genio muy fuerte, todos mis equipos saben que tengo cinco minutos muy malos, luego no soy nadie. Para mí la felicidad es una mañana, un libro y tiempo. Poder leer el libro despacio, que no es lo mismo que buscar en el libro información útil para un programa de tele o de radio. Leerlo por leerlo, sin una libreta. Yo siempre leo con una libreta para poder tomar notas. A lo mejor leo y hay una cosa ahí que me dispara una idea. Dejo el libro y me pongo a escribir la idea. Mi mujer dice que así no se lee, que se lee para descansar. Y al cine voy todas las semanas. Ahora tengo vicio con Prison Break , está claro que la van a declarar ilegal porque el DVD lleva algo que te engancha (risas).

Tu mujer, ¿se dedica a lo mismo que tú?

Sí.

Entonces entenderá tus horarios...

Sí, me comprende. Yo le he prometido muchas veces que me voy a dejar de meter en líos, y ella dice que es mi naturaleza, que yo moriré metido en líos. Me aguanta, ¿eh? Pero no es fácil.

¿Cómo vives la fama?

Estoy un poco extrañado. Hace ya bastante tiempo que salía en televisión, pero digamos que ahora estoy en un paso totalmente distinto, un poco asustado. Cuando hay tanto cariño también te asustas. Cuando me siento observado es incomodo. La gente me trata con respeto y con cariño. Pero me pasan cosas, como que me de la vuelta en un supermercado y encontrarme a unos tíos haciéndome fotos con el móvil, no lo entiendo. No me parece bien. Soy consciente de que no me puedo enfadar aunque alguien sea un poco maleducado. Se supone que si eres famoso tienes que ser mejor que los demás, y no entiendo por qué.

¿Qué es lo más curioso que te ha dicho la gente por la calle?

A mí lo que me hace ilusión es cuando viene alguien y me dice que estaba muy triste, y que yo le he salvado. Nosotros hacemos un programa donde intentamos dar energía y ánimo a la gente, y les recordamos que tienen que ser felices, que el ser humano es el único bicho de la creación al que hay que recordarle cada día que hay que ser feliz. La tristeza se recuerda perfectamente, recuerdas tu adolescencia, todo lo que te sucedió cuando te humillaron, hasta que hoy te ha sucedido esto. La alegría no, la alegría se olvida mucho, entonces hay que recordarlo. Hay gente que está pasando por un mal trace y que te hablan temblando y dicen que para ellos eres importante. Ahí piensas que el trabajo vale.

En aquellas ocasiones en las que seas tú el que tenga un mal día, ¿cómo te superas para hacer un programa de humor?

Yo me dejo llevar por el clima. Si estoy de mal humor, lo que intento es hablar poco. Hay gente que si te oye todos los días sabe que estás desanimado, y es mejor que el resto del equipo hable ese día más, vas más a un segundo plano, intentas que no se te note que estás de mal humor. Lo bueno que tienen los programas de humor es que te ganan. Hay una técnica de felicidad que es hacer como si , todo se contagia. Aquí hay cinco personas, si una de ellas tiene un día malo porque se acaba de enfadar con el jefe, a los tres minutos esa persona y las otras cuatro están contagiadas de mal rollo. Ha contagiado unas pelotitas negras de mal rollo. El buen rollo es exactamente igual, si uno está muy contento entra en una reunión y hace que todo el mundo esté de repente un poquito mejor, esas son pelotitas azules. Te lanzan pelotitas azules y tú haces como si estuvieses contento y acabas estando contento de verdad.

Es casi una terapia...

Para mí sí, sin duda. Ten en cuenta que mi trabajo consiste en estar de buen humor, con lo cual tengo que entrenar.

¿Tienes hijos?

Tengo dos adquiridas, venían en el pack.

¿Te han comentado si quieren seguir tus pasos?

Una sí y la otra no quiere saber nada, pero las dos tienen talento para hacerlo.

¿Las animas a seguir tus pasos?

Yo creo que a cada persona hay que animarle donde le gusta a ella. Reorientar la vida de la gente no me parece bien, y creo que una persona sobre la que tú tienes responsabilidad porque si le pasa algo malo tienes que salvarla, lo que tienes que hacer es intentar que, sea lo que sea, sea una versión de sí misma muy buena. Yo no puedo ser Bertín Osborne. Yo podría montarme en un caballo, beber fino y decir ole, pero sería un gilipollas montado en un caballo. Puedo ser la mejor versión de mí mismo, y a eso es a lo que hay que aspirar.

¿Qué personaje de todos los que has entrevistado a lo largo de tu carrera te ha impresionado más?

Hay mucha gente que me impresiona. Me gusta, por ejemplo, cuando haces una entrevista y de repente piensas que alguien va a estar bien, y en ves de estar bien está genial, ese día es un subidón. Hace poco me pasó con Paco León, me pareció un portento, creo que está desaprovechado, y fíjate que le va bien y que no puede tener más éxito, y además hace lo que quiere. Es un tío estupendo. Me gusta mucho hablar con Iñaki (Gabilondo), intentamos hacerle una entrevista al año. Él y yo hemos compartido mucho, cuando yo llegué aquí, estaba en la puerta de enfrente, y él me ayudaba mucho, me decía lo que me iba a pasar, cómo me iba a sentir, me adelantaba mucho psicológicamente el trayecto en el desierto que vivimos al principio, cuando veníamos a sustituir a alguien que era muy importante. Juan José Millás me parece que es un hombre que cada vez que hablo con él me da al menos un par de regalos que ya son para mí, un par de ideas buenísimas, de alguna frase que dice.

¿Y alguno que haya sido todo lo contrario?

Ha habido, sí. En este programa me ha pasado con dos cantantes.

¿Qué hicieron?

Que no se sabe muy bien para que vienen a hacer promoción de sus discos si no tienen ganas de hablar contigo y además no tienen nada que decir.

¿Cómo reaccionas cuando te viene alguien así?

Una entrevista de cinco minutos y fuera. No se puede ser educado cuando hay un público. Es decir, si yo te hago una entrevista, tú tienes la gentileza de venir a la radio y todo lo que quieras, pero tanto tú como yo tenemos una responsabilidad con toda la gente que nos está escuchando. Si tú tienes un mal día, mala suerte, pero tengo que seguir con el programa. Al público le da igual que tú tengas un mal día. Yo no quiero que apaguen la radio o que se vayan a otra. Así que te digo adiós y sigo con otra cosa.

¿Puedes poner algún ejemplo concreto?

Me acuerdo sobre todo -no en esta radio- de un grupo infantil del estilo de Parchís . Vinieron cinco niños con doce guardaespaldas, ocho managers... aquello era un despropósito. Y en la primera pregunta me di cuenta de que ese niño era idiota, así que les dije: Ha terminado la entrevista . Luego todos me gritaban. Se enfadó todo el mundo conmigo, me llamó el director para decirme que venían de no sé dónde... Pero a veces tienes que hacer esto.

¿Qué te contestó para que terminaras la entrevista?

Uno nunca se acuerda de por qué se enfada. En las empresas, a los jefes les enseñan que en una reunión jamás se debe discutir en público, porque dentro de un año nadie se acordará del tema por el que habíais discutido, pero todo el mundo se acordará de que discutisteis.