La posguerra madrileña cobra vida en "Las 13 Rosas"

La posguerra madrileña cobra vida en "Las 13  Rosas"

Aunque "Las 13 Rosas" se convirtieron en un símbolo de las injusticias cometidas tras la Guerra Civil en España, el director de la película homónima, Emilio Martínez-Lázaro, explicó el lunes que no ha querido cargar las tintas contra los "malos de la película" y sí contar la historia de las jóvenes fusiladas.

"No quería que la película fuera un museo nacional del horror", dijo durante la presentación en Madrid de la cinta.

Así, se han suavizado o reducido algunos aspectos de la historia real, como el tratamiento que recibían las presas en comisaría y en la prisión de Ventas, para no hacer la película "insoportable", ni distraer al espectador de la historia central: la de las jóvenes que acabaron sin motivos frente al pelotón de fusilamiento.

Las trece jóvenes, también conocidas como "las menores", fueron acusadas de crímenes tan dispares como distribuir octavillas antifranquistas, formar parte de organizaciones socialistas, o prestar dinero a un amigo para que saliera del país.

Y aunque la naturaleza de sus delitos no hacía esperar más que un breve tiempo en la cárcel, el asesinato de un comandante de la guardia civil, su hija y su chófer impulsó al régimen a tomar una sentencia ejemplar. Así, ellas y otros 30 prisioneros fueron fusilados frente al muro del cementerio de La Almudena aunque ya hubieran estado en la cárcel cuando se produjo el atentado.

La película se centra en la vida de cinco de las 13 muchachas: sus amores, su familia y sus miedos en el Madrid de la posguerra, viviendo en el lado de los perdedores. Sus historias, documentadas y reales, se combinan con algunos personajes masculinos de ficción o 'mezclas' de varias personas reales.

"Esta película se acerca más a las barbaridades no ya de la guerra, sino de la posguerra", afirmó el director.

HEROÍNAS PECULIARES

Durante la presentación de la película, el director destacó también la importancia que para él había tenido hablar con Mª Carmen Cuesta, superviviente de la época, compañera de cárcel y amiga de las jóvenes fusiladas.

Martínez-Lázaro, que afirmó haber conocido la historia en 1992, dijo agradecer enormemente los testimonios de Cuesta, no sólo por los detalles, diálogos y recuerdos que podía compartir, sino por ofrecerle el punto de vista para esta "película de personajes" y "heroínas peculiares".

Los actores reconocieron la posibilidad de que muchos de los espectadores descubran esta historia a través de la película, que ellos tampoco conocían.

"Es un pasado que está ahí, y que hay que conocer", dijo Félix Gómez, que afirmó sentirse "muy contento" de formar parte del reparto.

Luisa Martín, que interpreta a la madre de una de las fusiladas, dijo también que para ella, la película " es un homenaje a mis abuelas", así como a muchas mujeres que soportaron el peso de perder a sus seres queridos, " y de las que tampoco se habla".