EL POPULAR ACTOR DEDICARÁ AHORA SU TIEMPO A DISFRUTAR DE SU NIETA Y DE SU FAMILIA
A punto de cumplir ochenta años, Quique Camoiras ha decidido poner fin a su gran carrera artística. El teatro Príncipe Gran Vía de Madrid será el último que vea sobre sus escenarios al genio del teatro cómico que, tras más de sesenta años de profesión y amor a este género, ha decidido jubilarse para así poder disfrutar de su nieta y de su familia.
No mejor actor que persona, este entrañable actor nos habla de sus aficiones y amores en la vida, como son la música y el fútbol, por una parte, y su familia, su mujer y su nieta, por otro.
Ante la noticia de la muerte de su amiga y actriz Emma Penella se mostró muy disgustado y apenado. Sólo tuvo buenas palabras hacia la fallecida, de la que dijo que era una actriz genial y una gran amiga.
¿Qué piensa su mujer y su familia de su retirada del teatro?
Hace tiempo que ya me lo han pedido, así que mi familia está encantada, y mi señora encantadísima de que me jubile y de que esté en casa. Mi mujer lo está deseando ya, ella no se esperaba esta prórroga, se creía que ya terminábamos en verano y no sabía que había firmado otra temporada, así que me van a tener que aguantar viniendo al teatro unos mesecitos más, pero para ellos es unas satisfacción.
¿Qué significa su nieta en su vida?
Mi nieta es todo para mí, es la mayor satisfacción que me haya concedido Dios. Acaba de cumplir ya 9 años el mes pasado y eso que dicen que se les puede querer más que a los hijos yo lo estoy comprobando, ya que se puede tener un cariño grandísimo por una nieta. Yo es que perdono todo por estar con mi nieta.
¿Hay algo que le haya faltado por hacer en el teatro, o que le hubiera gustado hacer?
No, yo he hecho género cómico toda la vida, desde que dejé las variedades, donde era bailarín de claqué y lo dejé para empezar a hacer skechts . También hice Revistas, entre ellas una en la que éramos 50 artistas en escena, Mujeres o diosas se titulaba. De los sketchs , pasé a hacer comedia musical y comedia cómica. Tengo también la satisfacción de haber sido contratado para el Teatro Español, donde hice una obra de Calderón de la Barca en verso. Quizá me haya quedado un poco la ilusión de hacer algo trágico, dramático, porque también me gusta lo dramático, al extremo de que cuando arreglo alguna obra, si puedo meter alguna pincelada tragicómica, lo hago, porque me gusta estar en escena haciendo reír y, de pronto, meterme en una situación melodramática.
¿Ha sido muy crítico consigo mismo a la hora de trabajar?
Sí, completamente, siempre me pido más y, aunque salgo satisfecho, creo que nunca he estado a nivel. La risa es un termómetro, donde estás pulsando al público; si se ríe es que estás gustando. Hasta que la gente no se empieza a reír, estás nervioso; una vez que entra en escena -así se dice en teatro-, te tranquilizas.
En todas las etapas de su vida han estado presentes los escenarios, ¿esto le ha condicionado su vida, en cierta manera?
Me ha condicionado los horarios con mi familia. Mi mujer se ha dedicado mucho a mis hijos, ha sido una buena madre y una buena esposa, ya que siempre me ha atendido muy bien. Pero no me ha condicionado tanto, mi vida ha sido normal, siempre he encontrado tiempo para ir a ver a mi hermano, a mi familia y mis sobrinos.
Unos 60 años en los teatros le han debido dejar muchos momentos y recuerdos inolvidables, ¿puede contarnos alguno?
Fuera de la profesión, los momentos más felices de mi vida han sido los nacimientos de mi hijo y de mi hija, y dentro de la profesión, cuando estando trabajando en Madrid, me contrataron directamente para ir a Barcelona de primer actor y director. Yo, por aquel entonces, seguía compaginando el teatro con mi empleo como auxiliar administrativo en el Ministerio de Trabajo, y este contrato con el Teatro de Barcelona supuso la culminación de mi carrera artística.
¿Qué siente al ver las reacciones del público?
Mucha emoción, sobre todo ahora que voy a retirarme. También mucho agradecimiento, porque hay público que noto que viene muy predestinado a reírse, porque nada más empezar la función noto que se ríen, no a destiempo, pero sí ya. El público no es el mismo el de hoy que el de mañana, y lo tienes que saber llevar e ir donde ellos quieren que vayas.
¿Qué aficiones tiene?
Soy muy futbolero pero también, como hablaba el otro día con mi hermano, hemos sido los dos muy aficionados a todo. Lo mismo me gusta un partido de tenis, que ir a unas carreras de caballos. Hay quien dice que las carreras de galgos no le gustan, que son aburridas, a mí, en cambio, sí me gustan, o un espectáculo de patinaje, me gusta todo. También me encanta la música. He estudiado piano, por lo que los conciertos sinfónicos me gustan mucho. Ir al Monumental, al Teatro Nacional, al Palacio de la Música me ha entusiasmado siempre mucho. He oído mucho a Pierino Gamba cuando debutó en España de niño, con 10 ó 12 años.
¿Sigue tocando?
Sí, aunque me resisto un poco más porque tengo algo de artrosis. La música es que me ha encantado siempre. A mí me das una ópera y voy corriendo por ir a verla y, si son de repertorio, todavía más: Aída, la Bohème, o la Traviata. Y esto es lo que ahora podré hacer, porque antes, el teatro no me lo permitía.