Ricardo Darín, el actor argentino más atractivo para el público español

Ricardo Darín, el actor argentino más atractivo para el público español

DIRIGE "LA SEÑAL", UN FILME QUE COPROTAGONIZA JUNTO A DIEGO PERETTI

Ricardo Darín vuelve al panorama cinematográfico después de superar un doble reto: protagonizar la película La señal y, a su vez, debutar como director de cine. La película iba a ser dirigida por Eduardo Mignogna, autor de la novela en la que se basa el filme, pero la muerte de Mignogna cambió las circunstancias. Así, Ricardo Darín emprendió el camino que lo convertiría en protagonista y director de La señal . Según el actor argentino, dirigir ha sido muy gratificante y, además, le ha servido para profundizar en la interpretación, sin embargo ha asegurado que se cuidará de no volver a dirigir y actuar a la vez. Con ánimo positivo, Darín nos comenta cómo ha vivido esta experiencia.

Es tu primera película como director, ¿qué te ha aportado esta experiencia?

Dirigir esta película ha sido una experiencia muy reveladora en muchos sentidos. Cuando un actor participa en un rodaje, aún estando muy concentrado, difícilmente tiene la opción de tener una mirada tan totalizadora del largometraje como un director. Lo más revelador fue la etapa del rodaje y de edición, donde por cuestiones técnicas estuve obligado a revisar cada uno de los planos. Ahí aprendí a descubrir algo en lo que nunca había pensado: el origen de un gesto. Me llamó muchísimo la atención que algo tan nuevo para mí como el montaje me ayudase a interpretar mejor, aprendí mucho de interpretación en el proceso de montaje.

¿Cómo has vivido la doble faceta de dirigir e interpretar?

No sé si volveré a dirigir una película o no, lo que sí está claro es que no protagonizaré una historia y a su vez la dirigiré. Esto ha sido un caso especial, fue un trabajo muy grato, el equipo ha sido fantástico y todos los compañeros de rodaje hemos tenido muy buena química.

¿El papel más potente del filme ha sido la fotografía?

Hemos estado inmersos en este filme por muchos motivos. Dejando de lado el plano emocional y hablando estrictamente de los aspectos técnicos, si hay uno de ellos que realmente nos llena de orgullo es precisamente el concepto estético que tiene la película, en el cual ha estado involucrado de forma inevitable la fotografía.

¿Volverás a dirigir una película?

Esa pregunta me la estoy haciendo ahora precisamente. Esta experiencia ha sido muy gratificante pero ahora estoy obligado a mirar en mi interior y analizar si realmente tengo la necesidad de contar una historia. Si es así espero que sea la historia más simple posible, porque esas son las que más me gustan. Estoy empezando a jugar con esa idea, aunque todavía no he pensado en ello seriamente.

¿Cómo ha sido la elección de la música de la película?

En un principio partimos de caminos distintos. Llegamos a pensar que la película no debía tener música, a pesar de que el género está sobrecargado de este elemento, porque todos sabemos lo que ayuda. Después tomamos otro camino y tuvimos en cuenta dos aspectos. En primer lugar, sabiendo que la historia transcurre en Argentina y en un contexto sociopolítico muy concreto, no queríamos pasarnos de argentinidad con esta película. Eso no nos gustaba y decidimos olvidarnos del tango, así que nos volcamos hacia el jazz. Con la textura del filme el jazz quedaba muy bien, pero tuvimos la sensación de que nos estaba pasando exactamente lo contrario. Buscando ese equilibrio llegamos al punto musical que tiene la película.

¿Hasta que punto el resultado final de la película tiene que ver con Eduardo Mignogna?

Esta película podría ser de Mignogna si tuviera una mirada más esperanzadora. El filme no es una película de Mignogna, sino que está basado en una novela suya y tiene Mignogna por todos lados. Cuando decidimos tomar el camino que tomamos sobre la historia lo primero que nació fue la pregunta de si Eduardo estaría de acuerdo con el resultado. Me siento mínimamente capacitado para decir que sí, a pesar de que la textura de la película no sea fiel a Mignogna. Cuando empezamos a trabajar en la película, me acuerdo de que Diego Peretti le preguntó a Eduardo de qué iba a tratar la historia y él dijo que quería hablar de la solidaridad, lo que nos sorprendió mucho. Él en realidad de lo que quería hablar es de los valores y códigos que pertenecían a otras generaciones y que después se han perdido en el tiempo, esto hay que mezclarlo con lo que quedó impreso en su novela. La película tiene vida propia y la novela también.

En Argentina no se hacen muchas películas de este género, ¿no era muy arriesgado, desde el punto de vista comercial, hacer este filme?

Sí. Por ello nos encontramos con muchos inconvenientes. De eso se nutre también el espectáculo, de tomar riesgos, porque si no se toman todo sería igual, no existirían los matices.

¿Cuál es tu principal baza como actor?

No hay una única cosa que se pueda decir de forma categórica, creo que esa baza depende del atractivo de la historia. Hay personajes que gracias a la historia resultan muy atractivos por su complejidad; otras veces te interesan los personajes por lo útiles que le resultan a la historia.

¿Qué ha sido más divertido, dirigir o actuar?

Yo me divierto mucho trabajando, incluso cuando me toca interpretar personajes de los llamados aburridos; me gusta mi oficio y lo disfruto. En este caso, debido a la responsabilidad que significaba dirigir la película, mentiría si dijera que lo que más me preocupó fue la actuación. Mi principal preocupación fue llevar adelante el proyecto, era lo que debía hacer. Lo que más me gobernó a la hora de hacer mi trabajo fue la mirada totalizadora que debe tener un director sobre todos los detalles del filme, sobre todo teniendo en cuenta que soy muy obsesivo en el trabajo.

¿Eres muy crítico contigo mismo?

Más que crítico soy obsesivo. Es una cuestión de voluntad, si amas lo que haces inviertes la misma energía si hacer las cosas bien o mal, sólo que el rédito que obtienes es diferente dependiendo de cómo lo hagas. Soy obsesivo, pero no maniático a la hora de trabajar. Me gusta que el equipo que trabaja conmigo sienta que hay una mirada que esta velando por ellos y los está cuidando. Un director debe hacer eso, no puede haber nada ajeno al él.

Has trabajado en Argentina y en España, ¿Qué es lo que más te gusta de estos dos países?

La gente, no se puede trabajar en este oficio si no te gusta la gente. Mi oficio se nutre del contacto con las personas, por eso amo tanto el teatro, ahí es donde se produce el contacto directo. Decidir venir a hacer teatro a España después de caminar por la calle en ciudades como Madrid o Barcelona. Al ver cómo la gente se movía, cómo se trataba, me di cuenta de que hacer teatro en España era una buena posibilidad. Tuve razón cuando todos creían que estaba loco.

¿Eres una persona intuitiva?

Soy intuitivo. Me siento atento en ese sentido, no estoy ajeno.

Tu personaje es bastante romántico. ¿Eres así en tu vida real?

Soy sensible. Creo que en un momento determinado el romanticismo nos puede rescatar y salvar la vida, como una buena canción, una palabra, un poema, una mirada... No soy recalcitrantemente romántico, soy sensible. No tengo miedo a mostrar mis emociones, sean de alegría o tristeza, no soy de los que piensan que un hombre pierde si muestra sus emociones.

¿Cómo te definirías en pocas palabras?

Soy bastante inconstante, la fuerza de voluntad no es uno de mis rasgos preponderantes. Me suena un poco grande decir que soy buena persona, pero sospecho que no debo estar alejado porque no recuerdo engendrar malos pensamientos o rencores con respecto a nadie. Me he equivocado mucho. Me considero un ser muy afortunado aunque muy dolorido por la gran injusticia que se vive en este mundo; soy consciente de que soy un privilegiado. Trato de ser todo lo feliz que puedo teniendo en cuenta todo lo que he dicho.