EL VIUDO DE "ANA Y LOS SIETE" HACE AHORA LO QUE LE GUSTA: TEATRO JUNTO A ELENA ANAYA
Roberto Álvarez es sobre todo recordado por su papel como viudo acaudalado, muy serio y padre de una tribu de chiquillos en 'Ana y los siete'. No obstante ha participado en películas como 'Hable con ella', 'Juana la loca' y en series tales como 'El Comisario'. Tras su último trabajo en televisión se ha dedicado principalmente al cine y vuelve al teatro de mano de Mario Gas en 'En casa / en Kabul'. Es esta una obra que no sólo le reconcilia con el gran género de la interpretación después de más de siete años sin encontrarse con el teatro, sino que también le está aportando una experiencia vital tan intensa que hace que transpire paz. Su personaje, muy distinto del televisivo al lado de Ana Obregón, tiene una fuerte carga dramática y comparte la condición de pequeño burgués con el actor. A pesar de ser este un trabajo mucho mas profundo, Roberto afirma que en la popular serie de televisión se divirtió muchísimo haciendo el tonto debido a la poca complejidad de la misma. Sin embargo, el actor disfruta con cada trabajo que realiza y deja todas las puertas abiertas para su regreso a la pequeña pantalla.
¿Cómo es Milton, tu personaje en 'En casa / en Kabul'?
Es un pequeño burgués que cree, como todos los pequeños burgueses, que el mundo es sencillo. Está casado con una mujer maravillosa, se llevan bien y tienen una hija con la que se llevan bien. De los conflictos y las guerras se entera a través de los medios pero están lejos de sus vidas y sin embargo, en Kabul, todo eso se le viene abajo. Su mujer ha desaparecido, se ha ido a Kabul. Se supone que la han descuartizado o se ha casado con un musulmán. El conflicto es la búsqueda. Milton no puede dar crédito a lo que le está pasando porque va en contra de su mundo imaginario y feliz. Está asustado y es una persona muy poco valiente. Esto le lleva a refugiarse en las drogas como forma de huir de una cosa que no quiere que exista. Este es el pobre Milton.
¿Qué te aporta este personaje?
Muchísimas cosas. Me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas de la vida. Es cierto que todos los actores lo decimos, a veces es hasta un tópico, sin embargo han sido increíbles los tres meses de trabajo. Personalmente me ha hecho entenderme a mí mismo y a parte de mi pequeño burgués. Como creemos que queremos, como creemos muchas cosas. Hurgar en esas sensaciones con los afectos me ha resultado absolutamente terapéutico.
¿Te ha aportado más que otros papeles anteriores?
Me pilla en otro momento. Estuve veinte años haciendo teatro pero era productor, muy agobiado por la responsabilidad de tener a tanta gente a tu cargo. Luego he hecho mucho cine, mucha televisión y ahora vuelvo al teatro siete u ocho años después de no hacer teatro. Vuelvo a reencontrarme con el teatro en primer lugar, con un director estupendo y un pedazo de obra. Con esas tres cosas me he encontrado muy a gusto como actor. Estoy feliz como nunca lo he estado.
Milton es bastante dramático, ¿tú te sientes más cómodo con este tipo de personajes con gran carga dramática?
No. Yo me siento feliz haciendo comedia, haciendo gracia. Lo que pasa es que me buscan siempre para ese tipo de personajes. Tengo una cara que puedo hacer tanto de camionero como de presidente de un banco o de político como en 'El menor de los males', la última película que he hecho. Valgo para un roto y para un descosido y sin embargo hay una predilección por darme papeles de tipos austeros, pusilánimes o introvertidos. Tipos de esos que te miran y no dicen nada, pero están diciendo muchas cosas.
"CON LA SERIE DE ANA ME COMPRÉ UNA CASA ENORME QUE PODRÁ SER EL PAN DE MI HIJO PASADO MAÑANA"
¿Tienes algún proyecto en mente?
El año pasado hice 'El menor de los males' donde trabajo con Carmen Maura y que está a punto de estrenarse el día diez en el Festival de Málaga. Tengo un proyecto para finales de año pero depende de si la gira de 'En casa / en Kabul' se alarga o no, podré hacer otras cosas que sí tengo por ahí.
¿Te apetece volver a televisión?
Sí porque la televisión tiene otra cosa. El teatro es una experiencia vital espectacular pero la televisión tiene una frescura y un trabajo de todos los días que me interesa mucho. Si viene un proyecto de televisión, lo haré. Al igual que cualquier otra cosa. No le hago ascos a nada.
¿Cómo te fue en 'Ana y los siete'?
Me lo pasé muy bien porque yo siempre lo paso bien trabajando. Para mí la televisión fue estar cuatro años divirtiéndome y haciendo el tonto, porque era una serie que no se complicaba la vida absolutamente nada. Además con eso me compré una casa enorme que podrá ser el pan de mi hijo de pasado mañana, que también hay que tenerlo en cuenta.
¿Queda alguna cosa que te gustaría hacer y no has hecho?
Uno podría llegar a decir que le falta mucho por hacer, que eso es muy de actores, pero es que es tan apasionante esta profesión, tan bonita en sí misma, que cada experiencia es única. Cada texto que tengas por hacer te va a abrir la visión sobre tu forma de trabajar y tu experiencia personal. Por tanto, cualquier cosa que hagas es ya de por sí divertida. Cualquier cosa que venga es bienvenida. Lo peor que me puede pasar es que no tenga trabajo. A mí no me ha pasado. Esa es la obra que no quiero representar, la que no existe.
¿Cómo está siendo el trabajo entre los actores?
La relación entre nosotros va más allá de la relación artística con los actores de otros países. Ha sido toda una experiencia personal. Hemos estado hablando desde el primer día con cada uno de los actores de cuáles son sus vivencias en cada país. Son gente además con vidas de lo más impresionante: uno de ellos ha estado en un submarino por todo el mundo, dejó las armas en la guerra de Argelia...Te das cuenta de que tienes una idea del Islam y sus culturas totalmente sesgada por los poderes políticos y una visión absolutamente errónea de las personas. Son sobre todo ciudadanos que quieren ver crecer a sus hijos, echar una cana al aire y tomarse un vaso de whisky. Les importa un pimiento los fanatismos y son víctimas nada más en unos países de enorme pobreza que utilizan la religión y la política para hacer del ciudadano una víctima de la opresión, para hacer a la gente a su manera. Igual que la que sufrimos en este país, de una manera mucho más elaborada.
De cualquier modo es muy intensa...
En teatro compartimos tres horas en las que estás sólo y exclusivamente con tus compañeros en un sitio con focos y oscuro. Hay un montón de flujos que existen entre nosotros. Es absolutamente emocional. Cada cosa que te dice el otro, cómo te mira, sobre todo en este tipo de obras tan complicadas. Cuando te cogen una mano y lloran contigo por el personaje. Ver todos los días llorar a Elena Anaya delante mío, y ella verme a mí, es una experiencia emocional única que te sella para toda la vida. En el cine y la televisión es una cosa mucho más puntual. En el teatro, es algo que compartes para siempre porque son muchos días del mismo texto interpretado de diferente manera.