Roberto Álvarez, el nuevo fichaje de "Hospital central"

Roberto Álvarez, el nuevo fichaje de "Hospital central"

"EL PÚBLICO TODAVÍA ME RECUERDA POR "ANA Y LOS SIETE"

Fue el eterno novio de Ana Obregón en Ana y los siete y uno de los rostros más conocidos de la pequeña pantalla. Pero el actor Roberto Álvarez no sólo ha despuntado en la televisión, sino que además ha conseguido figurar en algunas de las mejores producciones cinematográficas españolas. Así, le hemos visto en Hable con ella , Los Borgia , Juana la Loca o Manolito Gafotas .

Ahora podemos verle ataviado con una bata blanca ya que se ha sumado al elenco de médicos del hospital más entrañable de la pequeña pantalla: Hospital Central . Interpreta a Julio Román, un médico militar que ha estado durante años destinado en la República del Congo viviendo situaciones límite en campos de batalla en los que atendía a los militares heridos. Cansado de esta situación, Román ha vuelto a España como médico civil con propósito de encontrar una vida personal más estable.

¿Cómo es tu personaje en Hospital Central ?

Román deja la carrera militar, ha estado trabajando en labores humanitarias del Ejército en África y ahí tiene una novia con la que viene a España para casarse con ella. Una vez aquí decide abandonar su carrera y meterse en el hospital. Es un personaje alegre, positivo, un poco gamberro, iconoclasta, se salta todas las reglas, muy osado y muy profesional también.

Vuelves a televisión por la puerta grande...

A una serie de éxito, prestigiosa, premiada (sonríe). Vengo con la idea de divertirme y de pasármelo bien.

¿Eras espectador de la serie?

He visto capítulos de muchas series. Veo poco la televisión, pero me intereso por todo lo que se hace para estar informado. Es una gran serie, está muy bien hecha. Estoy haciendo ahora Homebody Kabul en el Teatro Español, y lo puedo compaginar muy bien.

¿Cómo llevas moverte por el ámbito hospitalario?

Soy muy aficionado a la medicina.

¿No eres aprensivo con las visceras?

No. Me acuerdo que cuando iba de gira con una obra de teatro había un programa de televisión de operaciones en directo que eran terribles. Recuerdo una operación a un niño que nació con un ojo en la nuca, la nariz en la oreja, y lo recomponían entero. Era famoso en la compañía de teatro porque me encantaba ver ese programa. Nadie quería ni estar a mi lado en esos momentos.

¿Qué tipo de paciente eres?

Soy muy hipocondriaco, mal paciente. Sí tengo una cosa muy buena, que cuando tengo algún problema estudio mucho hasta saber bien de esa enfermedad, y eso ha llevado incluso a salvarle la vida a un familiar. Hemos tenido casos en mi familia de errores médicos muy concretos y que se solucionaron a base de darle vueltas a esa historia.

¿Eres concienzudo?

Muy concienzudo, estudioso y un hipocondriaco.

¿El público te recuerda todavía por Ana y los siete ?

Sí.

¿Quieres que este papel te ayude a olvidar aquel personaje?

Mi curriculum es extraño. A veces, viendo lo que hago, creo que sólo tiene un referente en los actores de antes, que hacían de todo. Yo hago de todo, películas, acabdo de hacer Los Borgia , hago teatro, televisión... Supongo que poco a poco irá contando todo y menos el personaje ese que tanta popularidad me dio.

Tiene más impacto la televisión...

Fueron millones de espectadores los que veían Ana y los siete y es un personaje que además, quedaba muy bien en la retina, era una cosa exagerada. Todavía hay amigos que me llaman Fernando. Y yo les digo: Tío, que eres mi amigo .

¿No te molesta?

¡En absoluto! Esa serie hizo audiencias que no se pueden repetir.

Entras en Hospital Central en su temporada 13. ¿Eres supersticioso?

Sí. Me ha roto mucho las narices el tema. Primero, por hacerme la foto junto a uno del Samur que iba de amarillo, y luego el hecho de que sea doce más uno. Pero bueno, yo nací un trece de mayo.

Estudiaste una ingeniería, sin embargo te decantaste por algo totalmente distinto como es la interpretación.

Al estar estudiando Ingeniería veía que todos mis amigos, aquellos con los que yo me quería relacionar, hacían cine, tocaban la guitarra, escribían poesía... en aquella época recuerdo que me presentaba a muchos concursos de poesía. Parece ser que mi espíritu real estaba más cerca de algo creativo o artístico, que algo técnico o práctico, que también tengo esa parte. En algún momento determinado, por las circunstancias, me puse a dar unas clases de teatro como hobby, de ese grupo surgió una primera propuesta de teatro en el Centro Dramático: Fausto , de Goethe. A partir de ahí no fui eligiendo yo realmente, sino que fue algo que me fue sucediendo, hasta que ya era imposible volver atrás.

Realmente de niño, ¿qué soñabas ser?

De niño yo quería ser cura, como todos, creo, motorista de tráfico, no me disfrazaba de nada porque era muy tímido, y es más, en el colegio nunca me llamaron para hacer ninguna obra de teatro ni nada, no me llamaban ni para leer en la Primera Comunión el texto que había que leer, porque lo hacía mal. Era muy tímido.

¿Sigues siendo tímido?

Sigo siendo tímido en el fondo y un cantamañanas impresionante en la forma. He aprendido a superar mi timidez a base de hacer el gamberro continuamente, pero en el fondo supongo que soy igual.

¿Qué sueles hacer en tu tiempo libre?

Tengo tres obsesiones: clases de solfeo, clases de canto, que voy a empezar este año, y clases de inglés. Y llevo un año haciendo pilates. O sea, estudiar y hacer gimnasia son mis mayores aficiones.

Trabajas, haces deporte, estudias, y encima eres padre. ¿Cómo está tu hijo?

Va a la Universidad ya... (risas). Tiene tres años y medio y está pensando lo que quiere ser en la vida, está muy mayor y muy guapo. Le adoro.

¿Tiene dotes de actor?

Sí, sí, ese sí que se disfraza todos los días. Cuando vengo del rodaje de una película en no sé dónde, lo único que pregunta es qué le he traído, qué disfraz le he traído, si el de Peter Pan, el de Gruñón...