EL MARIDO DE "LA HIERBAS" EN "¡AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA!" SE VUELCA EN EL TEATRO TRAS HABER ABANDONADO LA SERIE.
Después de participar en ¡Aquí no hay quién viva! , una de las series españolas de que mayor éxito ha tenido, Santiago Ramos vuelve al teatro con energías renovadas. Después de una gira de más de un año por todo España el despechado marido de La hierbas se sube a las tablas del teatro Fígaro de Madrid para dar vida al clásico Paulino de Ay Carmela . El actor salmantino se convierte así en réplica perfecta para una experta en estas lides, la actriz Verónica Forqué, que ya estrenó esta obra de José Sanchís Sinisterra hace veinte años.
-¿Qué te atrajo de Paulino?
-Se ha convertido en un clásico, un personaje muy deseable para cualquier actor de este país, de los más conmovedores que se han escrito en los últimos treinta años. No me da ninguna pereza interpretarlo porque me siento muy cerca de él.
-¿En qué te identificas con él?
-Me gusta mucho cantar , no tengo sentido del ritmo pero desde niño he querido ser cantante lírico. Cuando empecé a trabajar en Madrid con el grupo Tábano hice mucho teatro musical, eso me permite enfrentarme a él con más seguridad. Además de tener una gran comicidad a lo largo del desarrollo de la obra, Paulino es cobardón y conciliador, nos parecemos mucho.
-Hace veinte años estabas en el estreno de esta obra...
-Si, fue una gran casualidad. Ya entonces se me pusieron los dientes largos viendo este mano a mano cómico entre dos actores. Siempre me ha atraído la parte cómica y cuando vi esta obra hace veinte años me pareció mucho más seria. La partitura es tan extensa que cada actor hace lo que puede, no he querido fijarme en ninguna otra interpretación anterior. Cada actor debe hacer lo que siente ante una obra y jugar con las emociones del personaje a su manera.
-¿Cómo has preparado el personaje?
-La duda a la hora de interpretar el personaje de Paulino siempre está en cómo interpreta el discurso nacional que le han escrito: con un punto de vista bromeado o con seriedad absoluta para salvarse. Siempre he creído que defiende lo que ha escrito el teniente aunque no le guste o no crea en ello y además lo hace extremadamente bien para ganarse su amistad. Ellos no están extremadamente politizados, lo que ocurre es que Carmela reacciona con nobleza e ingenuidad heroica y Paulino se acobarda.
-¿Qué tal compañera es Verónica Forqué?
-Magnifica, es una actriz maravillosa. En esta obra hay veces que nos robamos atención el uno al otro en el escenario y jamás hay ningún pique entre nosotros, todo lo contrario, los dos sabemos trabajar a favor de obra. Verónica es exactamente lo que parece: una mujer dulce y delicada. Ha sido un bombón para mi trabajar con ella, estoy muy a gusto. Habíamos trabajado juntos en cine con Trueba y hacía tiempo que queríamos coincidir sobre el escenario.
-¿Qué opinas de que Antena 3 siga repitiendo los capítulos de ¡Aquí no hay quien viva! ?
-Son piques entre cadenas que al final sólo perjudican a los actores.
-¿Tienes pensado volver a televisión próximamente?
-No, voy a seguir haciendo teatro y por ahora parece que buen teatro. Pero no descarto ningún medio. La vida del actor se tiene que repartir entre todos los medios y todos los papeles porque si no no vives.
-¿Qué recuerdos te quedan de tus comienzos con el grupo Tábano?
-Muchos y muy buenos, fue una época de éxito extraordinario con el público. Pretendían llegar a la gente que a través del espectáculo musical, basándose en la revista y la zarzuela, con toques más intelectuales y mucha imaginación para inventos colectivos de cómicos. Lo recuerdo como una época extraordinariamente creativa.
-¿Queda algo de la reivindicación social de aquellos años?
-Sí, el movimiento de los actores siempre ha sido importante, en el caso de la guerra de Irak volvió a verse eso. A mi nunca me ha atraído, creo que la verdadera forma de expresión para un actor es la estética y la calidad de las cosas que hace. Ahora bien, somos ciudadanos y cuando hace falta tiene que haber una toma de postura por nuestra parte. No te puedes negar a intervenir en cosas que ves injustas.