"DESPUÉS DE HABER SUFRIDO VARIOS INFARTOS ME PLANTEO RETIRARME"
Víctor Ullate, considerado como uno de los maestros bailarines más importantes del mundo, es un adicto a la danza. Ni las dificultades económicas, ni sus problemas de salud lo han podido apartar del universo del ballet clásico. La danza es su vida. Ullate, además de maestro, director y coreógrafo, fue un gran bailarín. Colgó las zapatillas de baile para poder dedicarse por completo a la escuela y compañía que lleva su nombre y de la que han salido grandes bailarines como Tamara Rojo o Igor Yebra. Después de cuarenta años de brillante trayectoria parece que Ullate lo tiene todo y se le nota feliz. Pero todavía le queda un sueño por cumplir antes de retirarse: que su compañía tenga una sede propia en la que él y sus sucesores puedan seguir soñando.
Estrenas en Madrid el espectáculo Coppelia , ¿qué se va encontrar el espectador cuando vaya a veros al teatro?
El público va a salir encantado. Es una obra en pequeño formato que no necesita de tanta gente. Hemos incorporado elementos nuevos y el espectador va a poder ver a grandes bailarines.
De tu escuela han salido grandes bailarines y la compañía que lleva tu nombre se ha ganado a la crítica y al público, ¿cómo te sientes?
Hoy en día es muy difícil que una compañía semiprivada salga adelante y yo estoy muy contento con lo que hemos conseguido. En el extranjero piensan que somos una compañía estatal. En España hay muchísimo talento pero hay la tendencia a creer que lo de fuera es mejor. Muchas veces un bailarín bueno no empieza a ser reconocido hasta que sale fuera.
¿Qué te queda por hacer después de tantos éxitos?
Antes de que me retire, que será pronto, quiero dejar a la compañía un teatro. Quiero que tengamos estabilidad y dejar de preocuparnos por los temas económicos. De momento seguimos teniendo muchas ganas e ilusión por nuestro trabajo. Queremos que se pueda hacer una temporada continúa de ballet como sucede en otros países. La sede puede darnos la tranquilidad que necesitamos para poder viajar fuera de España.
Has vivido momentos buenos pero la vida de un artista es dura, ¿a qué te agarrabas en los malos momentos?
No te agarras a nada y lo haces como sea. Cuando quieres hacer algo se hace a base de esfuerzo y cueste lo que cueste. La Comunidad de Madrid nos ha estado apoyando muchísimo, gracias a ellos podemos seguir creando. El público siempre nos ha apoyado mucho y solemos llenar el teatro. La pena es que no haya más competencia. Competimos con compañías extranjeras y ojalá lo hiciéramos con las de aquí. Yo empecé de cero, formé mi escuela y después la compañía. He ido muy despacio y he tenido que pasar por momentos muy duros pero ha merecido la pena.
Después de más de cuarenta años de trayectoria, ¿has pensado en retirarte?
Después de haber sufrido varios infartos me lo planteo pero prefiero no pensar todavía en eso. Igual que un día dije que no me subía más a un escenario. Pero supervisar no quiere decir que deje de estar al pie del cañón. Sé que otros van continuar mi labor pero quiero que esta compañía siga teniendo mi sello personal.
¿Qué sientes cuando das clases de danza?
Adoro dar clase. El contacto con los chavales es maravilloso y ser capaz de animarlos también. Les suelo decir que sientan lo que están haciendo, que respiren, que sientan calma en su interior...
¿Se nota cuando un niño va a ser un gran bailarín?
Enseguida se ve. Se nota en la morfología, en si tiene las piernas largas, los pies cabos, con empeine. Si son delgaditos, si tienen un buen salto, buen sentido del movimiento y gracia.
¿Un bailarín nace o se hace?
Las dos cosas, tienes que nacer y luego te tienes que formar. El arte es algo que se siente pero también te pueden enseñar a sentir. Si tienes un maestro que te saca la expresión va a ser más fácil. Hay que nacer bailarín igual que se nace para ser minero, carpintero... Cada uno nacemos para una cosa y valemos para una profesión determinada.
¿A ti te han enseñado algo tus alumnos?
Aún sigo aprendiendo de ellos. El trabajo con gente siempre aporta algo nuevo. El día que dejas de aprender estás muerto.
"PARA MÍ SALIR AL ESCENARIO ERA LO MÁS SAGRADO"
¿Cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a la danza?
Yo desde que era niño cada vez que escuchaba música me ponía a bailar. Llegó un momento que era inquietante porque me pasaba el día bailando. Un tía mía siempre les decía a mis padres que yo iba a ser artista. Mi padre decidió llevarme a aprender a bailar la Jota y después comencé a bailar flamenco. En Zaragoza no había una escuela de danza flamenca y solía bailar en un grupo de aficionados. Antonio Gades, que presenció una de nuestras actuaciones, se fijó en mi y le dijo a mis padres que tenían un artista en casa pero que me tenían que llevarme a Madrid para que progresara. La única escuela que había entonces era la de María Ávila que era de baile clásico y me metieron allí. Yo no entendía porqué clásico si a mi me gustaba zapatear. Pero como ella era una gran pedagoga hizo posible que me gustara la danza clásica también. Al poco tiempo ya quería ser un bailarín clásico. Antonio Ruiz Soler me dio mi primera oportunidad y me metió en su compañía. Después de tres años Maurice Béjart me contrató y así pertenecí al Ballet del Siglo XX hasta que viene a España a dirigir la Compañía Nacional de Ballet Clásico.
¿Por qué decidiste dejar de subirte a un escenario?
Lo dejas cuando te das cuenta de que ya no estás dando el cien por cien por cien o tienes tus expectativas puestas en otra cosa. Dirigir y bailar a la vez es muy difícil. Fui muy feliz bailando pero bailé muy poco porque tuve muchos accidentes que me mantuvieron inactivo durante un tiempo. A mi la vida me lo ha puesto muy difícil pero poco a poco lo he ido consiguiendo. Cuando me encargaron la creación del ballet clásico, ya era difícil compatibilizar las dos cosas a la vez. Durante un tiempo si que dirigía y bailaba pero llegó un momento que era angustioso. Los problemas se me caían encima. No tenía días libres. La danza es muy dura y tienes que dedicarle muchas horas, te pide dedicación plena y no es posible estar pensando en lo demás.
¿Qué solías hacer antes de salir al escenario?
Yo solía llegar dos horas antes al teatro con mucha tranquilidad. Me desnudaba, me ponía la bata, el maquillaje y reflexionaba sobre lo que iba hacer. Para mi salir al escenario era lo más sagrado de todo y me centraba mucho.
¿Consigues desconectar en algún momento de tu trabajo?
Estamos veinticuatro horas conectados con la danza y apenas tenemos tiempo para tu vida personal.
¿Cómo ves a las nuevas generaciones de bailarines?
Hoy en día la juventud no tiene paciencia. Quieren estar en lo alto muy rápido. Para ser bueno, tienes que dedicarle tiempo. No puedes ser buen bailarín en meses. No se puede ser solista a los dieciséis o dieciocho años.
¿Estudiar ballet clásico es muy caro?
Las clases son muy asequibles. Yo tengo una Fundación que facilita a las familias de poder adquisitivo bajo que sus hijos puedan estudiar danza. En todas los estudios hay que pagar pero la danza tiene esa etiqueta equivocada de que es algo caro pero no es así.
¿Qué aporta la danza a un niño?
Ayuda en muchos aspectos de la persona. Te enseña a ser disciplinado, a mantener la columna recta, a conocer tu cuerpo a fondo. Si después te quieres dedicar al teatro o a la moda la danza te puede ayudar porque gracias a ella aprendes a conocerte.