MADRID 5 May. (EUROPA PRESS) -
La noticia me cogió por sorpresa pero, la verdad, no me extrañó. El domador Angel Cristo vivió la vida al filo de la navaja y sólo a sus 66 años y con un paro cardíaco mediante, ha logrado la ansiada paz que buscaba y nunca llegó a encontrar.
Parecía un hombre dicharachero al principio de los años 80, cuando la vida le sonreía, pero en el fondo era un gran solitario que sólo se crecía ante el peligro de las fieras. Era su forma primitiva de exorcizar la desazón que siempre le consumió: quería amor, familia, paz... y siempre se debatió entre los celos, la posesión y la guerra.
Fue un niño huérfano o casi y eso marca. Tenía padres, sí, una contorsionista y un trapecista, pero como el circo no era vida para niños, lo abandonaron al poco de nacer en la Casa Cuna de Ayamonte (Huelva), un centro de acogida de menores en situación de desamparo, donde estuvo sus primeros 14 años de vida.
Pero los genes hicieron de las suyas y volvió al circo del que había salido. Y a los 22 años -justo el día de su cumpleaños, el 17 de octubre- el chico se convirtió en domador. Siempre había sentido predilección por las fieras... hasta que la afición se transformó en profesión y con 26 años se convirtió en empresario. Al cabo de un tiempo regentaría 'El circo ruso', con más de 300 personas trabajando bajo su dirección.
Y el circo fue su vida (aunque ya por entonces sufrió numerosos accidentes). Pero, de repente, en 1980, un torbellino de energía entró en su existencia: Bárbara Rey, una preciosa murciana que fue Miss España y que cinco años antes había irrumpido en la España de la transición en el llamado "cine de destape". Luego fue presentadora de televisión y hasta imagen de la campaña de la UCD en las primeras elecciones generales. No en vano, Bárbara había mostrado su admiración por el candidato Adolfo Suárez...
Se decía que era novia del actor Fabio Testi primero, de Pedro Ruiz después y de Paquirri más tarde, justo cuando el torero tonteaba con Lolita Flores. Pero el huracán Rey nos sorprendió a todos al anunciar su compromiso con el domador y su boda al poco, en enero de 1980.
Recuerdo que por entonces todos pensábamos que la pareja no pegaba ni con cola. Ella, alta, guapa, atractiva, con una ironía y un desparpajo fuera de lo común y con las ideas muy claras, sin achantarse ante nadie. Él parecía buena persona, pero mucho más limitado... aunque había demostrado su arrojo ante las fieras y su saber hacer empresarial ya que, en ese momento, su circo era el más importante del país...
Poco tardó en llenarse de deudas y, para mayor INRI, ese mismo año 80 uno de sus leones llamado 'Tarzán' le desgarró a Ángel Cristo los hombros y la axila derecha. Y Bárbara, que había dejado todo por su marido, debuta como domadora de elefantes a los cuatro meses de casada.
Pronto se quedó embarazada de su primer hijo, Ángel, y tras diez meses de matrimonio, los celos y los problemas comenzaron a hacer su aparición. Bárbara no aceptaba el peligroso trabajo de su marido y Ángel no aceptaba la popularidad de su mujer. Pero como había que comer, la artista cambió los elefantes por la revista y la carpa del circo se convirtió en su escenario.
Tuvieron su segundo hijo, niña en este caso, Sofía. Parecía que volvían los momentos dulces, pero su relación se fue convirtiendo en un duelo de amor y odio hasta que se separaron en 1988. Y a partir de ahí, el domador se viene abajo vertiginosamente, aunque todavía consigue la Medalla de Oro que le concedió el Festival Internacional del Circo en 1982.
Ángel vuelve a ser atacado por sus leones y sus tigres en varias ocasiones. Se comenta que ha caído en las garras de la cocaína y por eso descuida a los animales del circo hasta el punto que ni siquiera les da de comer. Cuando no está en el quirófano por las múltiples heridas, tienen que hospitalizarlo por ingestión masiva de barbitúricos.
Vuelven a acusarlo de maltrato a sus animales e, incluso, le denuncian por utilizar en su circo a un bebé y dos niños en un número con elefantes. En el 88 le embargan el circo y en el 2000, la Comunidad de Madrid le impuso una multa de más de 2.000 euros por infracción de la ley de protección de animales... En fin, su vida profesional se convierte en un caos. Pero su vida personal no va mejor.
El domador, desmejorado en su aspecto físico, entra al trapo en las proposiciones que le ofertan varias televisiones para que cuente su vida a cambio de dinero. Y jura y perjura que Bárbara Rey le fue infiel y además, que se gastaba un montón de dinero en el juego. Y Bárbara, parapetada por sus hijos, le acusa de haberla maltratado y de haberle sido infiel con una amiga suya. Y las peleas entre ambos se convierten en un circo. Ángel Cristo, el valiente hombre del auténtico circo, nos acaba mostrando sus miserias.
Intentó rehabilitarse de verdad. Incluso ingresó en la comunidad terapéutica 'Peniel', en Córdoba... pero recayó una y otra vez. Parecía un hombre sin rumbo, enfadado, derrotado. Sin mujer, sin hijos...
Al final pudo pasar sus últimos minutos de vida con ellos. Sólo al final pudo reunir a Bárbara, a Ángel y a Sofía. Pero ya era tarde. Una vez más, el corazón le jugaba una mala pasada.
Ahora, lo único que debe hacer es descansar en paz en el cementerio madrileño de La Almudena. Seguramente se lo merece después de haber luchado tanto consigo mismo y contra el mundo.