MADRID, 2 Jun. (CHANCE) -
Ana Verónica Schultz nació en un pueblo de Venezuela y desde muy pequeñita supo que quería dedicarse al mundo de la interpretación, probablemente porque fue lo que vivió en casa desde que era una niña: su madre fue una personalidad importante en la cultura venezolana por su lucha para la creación de "espacios culturales". Con nostalgia, la actriz -que ahora aparece en la 4ª temporada de la serie 'Machos Alfa' en Netflix- recuerda a esa "niña revoltosa" que esperaba a su madre después del colegio "en su escuela haciendo todas sus clases" mientras soñaba con llegar a meterse en la piel de esos personajes en un futuro.

Vestido y pañuelo de Zara.
Teniendo muy presente la "lucha de emigrante" que ha tenido para llegar a ser una actriz reconocida, Ana Verónica se sincera como nunca con CHANCE -vertical de Europa Press especializado en moda, belleza y lifestyle- en una entrevista en exclusiva con motivo de protagonizar de la digital cover de este mes de junio.
"Siempre fui artista: desde pequeña pintaba, cantaba, bailaba, actuaba", dice emocionada la intérprete, quien además asegura que este mundo es "mi conexión más familiar", ya que, con tan solo abrir y cerrar sus ojos, se transporta a esos momentos cuando soñaba con llegar a ser lo que tanto imaginaba.
DE PARÍS A ESPAÑA: "PARÍS HA SIDO UNA DE LAS UNIVERSIDADES MÁS IMPORTANTES DE MI VIDA, DONDE TUVE TRABAJOS ALIMENTICIOS"
Como en todos los sueños, siempre hay sacrificios en el camino. El primero que tuvo que hacer Ana Verónica fue dejar su país e instalarse en París con tan solo 18 años. Allí, lo que le salvó fue la actuación porque "me escribía un guion en una libretita en francés e iba a buscar trabajo de camarera". Y no le salió mal, allí empezó en el mundo de la moda: "Como no hablaba francés, no podía actuar y me lancé a una nueva aventura. Lo que hacía era conectarme con esa prenda y transformarme en ese personaje que me inspiraba. París ha sido una de las universidades más importantes de mi vida", asegura.

Chaqueta tipo tweed de Zara.
No fueron tiempos fáciles, durante muchos años la actriz tuvo "trabajos alimenticios" que le servían para mantenerse, pero nunca olvidó su objetivo: convertirse en la mujer que siempre quiso sin olvidar la "lucha emigrante" que comenzó cuando salió de Venezuela y que ella define como una "carrera de obstáculos". Sin embargo, ahora esa lucha le ha merecido la pena porque "el arte es mi alimento principal, además de mi salvación".
"Cuando llegué a Europa era huérfana, no tenía quien me pudiera respaldar y tampoco a dónde volver. Fue difícil, pero si no hubiese pasado por ahí, no tendría ahora todas las herramientas tanto emocionales como personales que tengo", explica emocionada Ana Verónica. Tanto es así, que una de las experiencias más enriquecedoras para ella es "llegar con una mano y otra detrás y esforzarte más que todo el mundo para poder lograr tus objetivos", asegura.
ANA VERÓNICA SCHULTZ, SOBRE SU PERSONAJE EN 'MACHOS ALFA': "TUVE QUE PARARME A MÍ MISMA"
Esa lucha la canaliza actualmente con los personajes que interpreta, como el de Marcela en 'Machos Alfa', una mujer a la que prejuzgó porque "no tiene nada que ver conmigo" y quien le obligó a "pararme a mí misma y a ese juicio que hacemos todos para hallarme a mí misma dentro de ese grupo de personas, y ver que es un estilo de vida válido", desvela.

Vestido de Zara.
Un papel que a priori podía caer en el estereotipo de mujer latinoamericana hipersexualizada, pero que recibió con ilusión al ver que "Alberto Caballero, a partir de enviarles mi material, me dijera 'se nos ha ocurrido crear esta trama de mujer mantenida' porque me estaban abriendo un hueco".
Viviendo uno de los momentos más especiales de su vida, presenta este año en cines 'El Profesor' y 'Clanes de Dios'. Esta última verá la luz en el mes de julio y ha significado mucho para ella porque el director, Tino de la Huerta, forma parte de su pasado. Hizo un cortometraje con él, 'La ira del olvido' y cuando le llamó para contarle brevemente el personaje "no me especificó su nacionalidad porque el problema es ese, que siempre tengo que esperar a que me digan de dónde es mi personaje". Cuando supo las características del papel, no lo dudó: "Le dije 'Tino, este personaje es una musulmana, lleva velo y solo se le ve la cara'". Y ahí está la grandeza de ser actriz, que "yo soy responsable de mi trayectoria y busco la forma de tener una carrera versátil", asegura.
"NO DEJO DE SER LA PROTAGONISTA DE MI VIDA", ASEGURA ANA VERÓNICA SCHULTZ
Una profesión que no solo tiene sentido gracias al esfuerzo y sacrificio que ha hecho durante todos estos años, también por la persona más importante de su vida: su hijo, del que nos habla con orgullo. "Mi hijo me ha visto luchar, es cómplice y compañero de esta aventura que ha sido ser emigrante, ser madre y ser artista. Me ha visto trabajar de camarera y no llegar a fin de mes, estar triste por no dedicarme a mi profesión y ha visto el cambio", nos confiesa.

Es una de las razones por las que sigue luchando día a día, pero no la única, ya que "no dejo de ser yo la protagonista de mi vida, lucho por él y mi vida se la entrego, pero no me dejo a un lado", confiesa. Eso sí, nos reconoce que "ser madre es lo mejor que se me da en la vida porque ha sido un recorrido con mucha certeza. Puede que no me seleccionen en un proyecto que quiero, pero me da igual, tengo a mi hijo cada día para abrazarlo", desvela emocionada.
Además, con él ha compartido su pasión. El menor actuó junto a ella en la película 'Zeta' de Dani de la Torre: "Fue una casualidad, Dani preguntó si podían hacerle el casting a mi hijo y nos sirvió para poder mostrarle el cine desde dentro, sobre todo esa sensación", explica.
ANA VERÓNICA SCHULTZ: "SIEMPRE VIVÍ CON LA SENSACIÓN DE HABER ABANDONADO A MI FAMILIA"
Ese amor que demuestra día a día por su hijo, también lo ha hecho con su familia, a la que no dudó en ayudar para que se instalasen en España. En concreto en Fuerteventura, la que acabó siendo "mi isla": "Llegué sola y siempre viví con la sensación de haber abandonado a mi familia y, poco a poco, fui teniendo mejores condiciones y fui trayéndome a mi familia", desvela. Primero fue su hermano, después su tía y, por último, a sus primos: "Me di cuenta de que no podía traer a una madre que abandona a sus hijos para que me ayude a cuidar al mío", explica mientras se rompe recordando las complicaciones que vivió.

Ahora, Ana Verónica asegura vivir "tranquila" porque se quitó "esa mochila de soledad de tristeza de emigrante". Vive "como una reina" despertándose por las mañanas temprano, tomándose un café, atendiendo a su hijo y yendo al gimnasio para "mantener la cabeza en su lugar". Además, esa paz también se la ha dado proyectos profesionales como el cortometraje que va a dirigir este verano en Canadá, algo inesperado que llegó en una reunión con una productora "que se hizo para hablar de un proyecto como actriz y, al contarles que había escrito un guion, se interesaron y de repente me encontré entregándoselo", desvela.
Sencilla, consciente de su lucha y con una mirada hacia el futuro cargada de positivismo, Ana Verónica celebra sus éxitos y se despide de nosotros asegurando que "la madurez me ha ayudado a estar bien conmigo misma, a sentirme segura, pero sobre todo para no tener la necesidad de demostrar nada, sino de demostrarme a mí".
* Agradecimientos a angelacariddi.com