Alberto Dugarte, de coger comida de la basura en Londres a maquillar a Isabel Pantoja y Ana Obregón: "La fama no sirve"

Alberto Dugarte, de coger comida de la basura en Londres a maquillar a Isabel Pantoja y Ana Obregón
Alberto Dugarte, de coger comida de la basura en Londres a maquillar a Isabel Pantoja y Ana Obregón - EUROPA PRESS

   MADRID, 13 Jun. (CHANCE) -

   Alberto Dugarte está de celebración. El maquillador, que hoy puede presumir de haber trabajado con algunas de las mujeres más famosas de nuestro país, cumple ocho años al frente de su academia y no olvida lo duro que fue el camino hasta llegar aquí. "Me fui a Londres a vivir, no teníamos para comer, compartiendo colchón, cogiendo comida de la basura y dándome cuenta de que, en realidad, la fama no sirve para nada; lo que sirve es rodearte de gente bonita y hacer lo que realmente te hace feliz", recuerda, poniendo en valor el sacrificio y las renuncias que marcaron sus inicios.

   Con esa filosofía de esfuerzo y tierra firme, Dugarte ha construido una carrera sólida que le ha llevado a convertirse en uno de los maquilladores de referencia para artistas de primer nivel. Por sus manos han pasado divas tan mediáticas como Isabel Pantoja, con quien mantiene un estrecho vínculo profesional y personal, o Ana Obregón, a la que ha acompañado en sesiones fotográficas, platós y eventos donde cada detalle de su imagen estaba cuidado al milímetro. A ellas se suman otras caras muy conocidas del panorama televisivo y de la crónica social, que confían en su criterio a la hora de subirse a un escenario, posar ante la cámara o afrontar una alfombra roja.

   Ocho años después de abrir su academia, Alberto combina su trabajo en el sector con la formación de nuevas generaciones de maquilladores, entre los que se cuentan alumnas tan mediáticas como Julia Janeiro, a la que siempre ha destacado como "buena alumna" y "muy coherente" con sus decisiones personales y profesionales. Para él, el auténtico éxito no está solo en maquillar a grandes estrellas, sino en transmitir a sus alumnos lo que aprendió en aquella etapa londinense: que detrás de los focos, las fotos y la fama, lo verdaderamente importante es mantenerse fiel a uno mismo, rodearse de buena gente y buscar aquello que, de verdad, te hace feliz.