MADRID, 9 Oct. (CHANCE) -
Alejado del foco mediático y residiendo en un pueblecito de Zamora desde que hace tres años protagonizó infinidad de titulares tras ser acusado de 'inquiokupa' por la casera de la casa en la que residía a las afueras de Madrid, Antonio Canales ha reaparecido públicamente coincidiendo con la muerte de Mari Carmen Abascal tras el desahucio del piso en el que residió durante toda su vida en el madrileño barrio del Retiro, y horas antes de firmar el nuevo contrato de alquiler que le permitiría regresar a su hogar.
Un fallecimiento que ha causado un gran impacto en la sociedad española y ha reabierto el debate sobre el problema de la vivienda en nuestro país, y sobre el que el bailaor se ha mostrado rotundo -comparando su caso con el de la anciana de 87 años- durante la celebración del 5º aniversario del Tablao Carmela junto al artista Juan Andrés Maya.
"Este soy yo. Aquí me siento en mi hábitat, es cuando soy feliz, donde el flamenco lo elevamos a donde merece. Mi hábitat es este. Muchas veces cuando hago en televisiones otro tipo de cosas que no son las mías, me meto en camisa de once varas y salgo perdiendo siempre, porque hago un perfil que no es el mío. Yo sé donde me meto, no soy un niño y no soy tonto, pero luego tengo que curarme y lamerme las heridas durante meses de insultos, de provocaciones..." se ha sincerado, dejando entrever que se arrepiente de haber pisado ciertos platós para hablar de su vida privada en lugar de reivindicar su faceta de artista.
Y eso que como ha confesado, cuando el Rey Felipe VI le entregó la Medalla de Oro de las Bellas Artes le preguntó si había pasado hambre en la isla, revelando así que siguió su paso por 'Supervivientes': "Son humanos. Y no es que viera o fuera un fan del realiy pero sabía que estaba allí. El Rey no anda en una nube, sabe quiénes son sus pintores, sus bailarines. Pero eso pasó y creo que ahora lo bonito es verme aquí, creo yo, con mis 64 años, que me falta un año para jubilarme y con muchísima ilusión por bailar".
"Yo creo que la cara es el espejo del alma y muchas veces uno dice, me encuentro bien y tú miras y dices, tú dices que estás bien, pero yo no te veo bien. Y ahora pues no hace falta más. Llevo nueve meses ya viviendo en el campo, en Zamora, en Benavente, en mi casa, que me la compré cuando me tiré de Superviviente, y la he podido ir reformando y curarme mis heridas. Llegué con un saco de heridas y de silencio, mi almohada fue el silencio mucho tiempo, pero creo que lo necesitaba para depurarme, para reformar, para, como decía Gabriel García Márquez, hay que regresar de la muerte muchas veces para poder recordarse" se ha sincerado a corazón abierto sobre el momento en el que tocó fondo, cuando fue desahuciado de la casa en la que había vivido durante más de una década.
De ahí que al ver lo que le ha pasado a Mari Carmen, haya afirmado emocionado que "yo he sido un poco un cabeza de turco. He sido una Maricarmen pequeño hace tres años atrás. Llevaba doce años viviendo en esa casa, yo nunca falté a mis pagos, pero como yo pagaba 620, ella ahora está cobrando por un alquiler 1800, tres veces". "Ella quería que yo me fuera para poderlo subir. Entonces la única forma en vez de hablarlo conmigo, que éramos amigos, y pues bueno, pues a ver. Ella me ha mandado un desokupa, y ahí es donde vemos esto que está pasando ahora, yo lo viví en mi carne hace tres años. Una injusticia tan grande, claro, de manchar mi imagen, y manchar todo lo que mancharon. Aun hay gente que dice ese que vivió de okupa".
Una mala etapa que ha dejado atrás en Zamora, donde confiesa que está feliz: "Pues tengo gallinas, tengo 220 vecinos nada más. Entonces hay un bar que se llama El bar, la asociación de los jubilados, y pues es otro tipo de vida. Uno te trae tomate, el otro te trae pimiento, juegan al dominó... Y saben quién soy, entonces soy uno más. Hay que ir con la ropa de abrigo, la sábana tiene que ser de felpa, todo, no sé, es otro tipo de vida, levantas muy temprano, acuestas muy temprano.... Tanto Machado como Bécquer murieron allí en aquellas tierras, y decía Antonio Machado, "el olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas nuevas le han crecido" ha zanjado poético.