MADRID, 28 Feb. (CHANCE) -
Violeta Mangriñán sigue gestionando las consecuencias de la fuerte polémica que desató al "felicitar" el inicio del Ramadán con la imagen de un plato de jamón y dos cervezas en TikTok, un contenido que muchos interpretaron como una burla hacia la comunidad musulmana y que derivó en acusaciones de racismo, una ola de 'hate' y hasta amenazas contra ella y sus hijas. Tras borrar el vídeo y pedir disculpas públicas, la influencer ha tenido que dar un paso más y anunciar que contratará seguridad privada, después de recibir mensajes tan graves que le han hecho temer por su integridad y la de su familia.
Ahora, Violeta se pronuncia con más calma sobre lo ocurrido y asume su parte de responsabilidad: "Pues yo estoy bien. Mira, yo cometí un error. Yo no soy religiosa, entonces no le di el peso que tenía y ya pedí disculpas, que creo que pedir perdón es el acto más difícil que puede hacer una persona y a mí, la verdad, que no se me caen los anillos". Sin dramatizar pero sin restar importancia, deja claro que no piensa flagelarse eternamente por lo sucedido: "Ya está, de nada me va a servir fustigarme. Ya he pedido disculpas, espero que a los que se ofendieron se les pueda pasar cuanto antes, que yo soy buena gente".
La creadora de contenido reconoce, eso sí, que el estallido de odio la ha marcado y la ha llevado a tomar medidas concretas en su día a día: "He pasado mucho miedo, mucho miedo, porque al final, cuántas cosas horribles pasan en el mundo y piensas: 'a lo mejor algún día me toca a mí y por esta tontería, que para mí era una tontería'". Por eso ha decidido contratar seguridad privada "sobre todo para cuando dejo a las niñas en el cole y las recojo y tal, porque yo soy muy cagona", confiesa, dejando claro que su mayor preocupación es lo que pueda pasar cuando va con sus hijas.
Violeta también hace autocrítica sobre el uso de sus redes y la exposición que maneja: "Fui un poco irresponsable al no darme cuenta de que eso se lo mandas a un colega y no pasa nada, pero cuando tienes tanta exposición, para lo bueno y para lo malo, luego pasa lo que pasa: que cuando metes la pata es mucho peor". Aun así, se queda con el aprendizaje: "Esto me ha servido para aprender. Yo creo que de todo lo malo aprendemos muchísimo. Para aprender, perder".
En medio de la tormenta, la valenciana ha recibido mensajes de apoyo de otras influencers que también han pasado por polémicas, como María Pombo: "Me escribió muy linda. Imagínate la que le dieron a ella con los libros... Es que no entiendo nada. Hay que tener mucho cuidado, pero es que cualquier cosa que digas le va a ofender a alguien". Convencida de que no se puede gustar a todo el mundo, se resigna a vivir con ese escrutinio permanente: "Ya me he dado cuenta de que no se puede acertar con nadie. Hay que cuidar cada cosa que se dice y eso también quita libertad".
Lo que no se plantea es irse del país: "No, no he pensado en mudarme. Me encanta España, me encanta Madrid. Si algún día me voy será de vuelta a mi tierra, pero no, qué va". Y deja claro que, aunque reconoce el error, reivindica que nunca fue su intención atacar a nadie: "Tampoco he ido a insultar a nadie ni me he metido con nadie. Simplemente compartí un meme, que para mí era un meme, porque no le doy tanto peso a la religión. Yo no sabía que para ellos era tan sagrado". Por eso promete un cambio radical en su manera de hacer humor: "Ya lo he aprendido, ya no voy a hacer ninguna broma más sobre ninguna religión, te lo puedo garantizar".
Tras lágrimas, ataques y noches de miedo, Violeta asegura que no busca victimizarse, pero sí recalcar lo que ha supuesto esta experiencia: "Obviamente, cuando te cae una ola de 'hate' así, se pasa mal. He aprendido muchísimo. No me va a volver a pasar, te lo aseguro".