MADRID 24 Nov. (EUROPA PRESS) -
Tengo que confesar que siempre me ha caído bien Belén Ordóñez. Tiene una mirada triste, apagada, distante... como si su existencia no tuviera nada que ver con este mundo. Al tiempo resulta muy vulnerable. Dan ganas de abrazarla, de protegerla de los demás... y sobre todo de sí misma. De su mala vida, de sus amistades peligrosas, de sus adicciones, de sus fantasmas... en definitiva, de su propia debilidad.
Así aparecía ante las cámaras después de abandonar la clínica psiquiátrica López Ibor de Madrid, donde ingresó voluntariamente junto a su hija veinte días antes.
Belén y Belencita, de 27 años, tuvieron una bronca increíble el pasado 3 de noviembre. Hasta tuvo que intervenir la policía, que se personó en la casa de Torrelodones donde viven desde hace poco tiempo, en casa de una amiga. Y una vez allí lograron convencer a madre e hija para que ingresaran en el centro hospitalario y se sometieran a un tratamiento psiquiátrico. Ambas ya habían estado ingresadas anteriormente en otra clínica de Barcelona, pero parece que su enfermedad resurge periódicamente, en forma de brotes psicóticos.
Hija, nieta y sobrina de toreros, Belén siempre estuvo a la sombra de su hermana Carmina. Incluso ahora, cinco años después de su muerte, sigue llevándolo fatal. Se peleaban mucho, pero no podían vivir la una sin la otra. "Su muerte me dejó totalmente huérfana", afirmaba no hace mucho.
Pero parecía que, a pesar de su fragilidad, Belén era una luchadora que podía con todo. Superó un cáncer linfático que le diagnosticaron en 1999 y que le trataron en Houston (Estados Unidos). Pero si duro es vivir y superar una enfermedad así, más duro todavía había sido ver desaparecer al amor de su vida.
Francisco Ruiz Wagner, padre de su única hija, moría en el 85 víctima también de cáncer y desde entonces, a Belén siempre se le ha visto triste, sin ese brillo en los ojos que le caracterizaba cuando era jovencita.
Parecía que la hermana de Carmina no podía tener peor suerte, hasta que conoció al que se convertiría en su segundo marido. Un hombre que empezó a golpearla durante la luna de miel. Incluso llegó a encerrarla junto a su hija en la habitación de un hotel de Ecuador durante quince días.
Su vida está llena de muertes, de enfermedades, de malos tratos, de retos difíciles de superar... Los primeros meses de 2004 se conoció que Belén había sido ingresada en un centro de desintoxicación en Cataluña. En un principio, los especialistas trataron de que la hija de Antonio Ordóñez reconociera sus problemas, pero no fue así. Y, al final, ella abandonó voluntariamente el centro. Y por más que le insistieron su hija y su sobrino Francisco Rivera, ella no hizo caso.
Unos meses más tarde, el destino le volvió a asestar un duro golpe: su hermana Carmen aparecía muerta en la bañera de su casa. A estas alturas, Belén asegura que todavía tiene una pesadilla en la que su hermana aparece en una bañera flotando, girando y pidiendo ayuda desesperadamente. Una vez enterrada La Divina, Belén concedió una entrevista a la revista Hola en que hacía impactantes declaraciones como: "A lo mejor en pocos meses me toca irme también a mí. Porque, desde siempre, le pasaba a una de las dos (refiriéndose a su hermana) una cosa y al poco tiempo le sucedía lo mismo a la otra".
Desde entonces, su vida ha girado siempre en torno a la polémica: que si estaba arruinada, que si perdía su casa de Sevilla, que si tenía un contencioso con la Junta de Andalucía, que si vivía de la caridad de sus amigos y vecinos...
La propia Belén negaba hace poco que esté arruinada. Simplemente, se ha ido a vivir con su hija a la casa de una amiga, en la localidad madrileña de Torrelodones, pero porque comparten una amistad profunda, no por razones económicas. "Afortunadamente, tengo un patrimonio saneado y una casa y un local comercial en Sevilla que están bien alquilados", declaraba. Sí es cierto que tenía pendientes unos derechos reales extras por la casa que heredó de su padre, que consideraron tenía más metros de los declarados, pero ya están pagados...
Ahora bien, dinero, lo que se dice dinero... no tiene. Ella misma ha reconocido que su tratamiento y el de su hija en la López Ibor la ha pagado su sobrino: "Fran me ha adelantado el dinero, que le devolveré cuando pueda". Pero lo verdaderamente importante es que Belén ha logrado salir una vez más de ese pozo negro y sin fondo que parece ser su vida.
¿Conseguirá eludir el destino trágico que rodea a su familia? Confiamos en que si. Al fin y al cabo, es una superviviente.