MADRID 2 Nov. (EUROPA PRESS) -
Ha sido una mujer discreta y valiente. Nunca se quejó ni habló de su enfermedad. Carla, lo único que quería era trabajar en el teatro y seguir luchando contra el cáncer para poder disfrutar de sus hijos mucho más años. El mayor, Juan, ya es todo un hombre a sus 21 años, pero las mellizas sólo tienen 11. Aún así, ella sabía que había llegado su hora y un día antes habló con las pequeñas para explicarles con gran amor que tenía que irse a un lugar mejor desde el que siempre las protegería. Aquí, además de su padre, su tía Norma las cuidará con tanto amor como ella misma les ha ofrecido durante toda su vida.
Carla siempre ha vivido a la sombra de su hermana mayor. Ella sabía que la fama de la vedette le impediría brillar con luz propia. Pero Carla y Norma se adoraban y ella se esforzó para sacar a flote su verdadera personalidad a través del arte. De hecho estudió en París arte dramático en aquellos locos años 80, cuando ella tenía 18 añitos y Norma triunfaba en la capital gala.
Luego volvió a España y se convirtió también en vedette con Andrés Pajares e intervino en varias películas y en alguna serie de televisión. Y como no acababa de encontrar su camino, decidió irse a México para probar fortuna y allí conoció al padre de su primer hijo, Rafael Rojas. Una relación con más sombras que luces.
En el 84 publicó un disco tecno, 'No te detengas', que pasó sin pena ni gloria y después de varios años como vedette, decide comenzar su andadura en el teatro con Arturo Fernández como protagonista. Luego conoció al que se convertiría años más tarde en su marido, Santiago Paredes, cuando dirigía la comedia musical 'A través del espejo', en la que ella participaba. Carla había descubierto que lo que más le gustaba era la interpretación y a ello se dedicó mientras cuidaba de su hijo mayor y de las dos chiquillas fruto de su relación con Paredes, con el que contrajo matrimonio en 1997 y del que se separó posteriormente.
El teatro le llena en su vida profesional y la pintura le emociona personalmente, porque ella coge los pinceles desde que estaba en el colegio, más como una necesidad de expresión en su tiempo libre que en una dedicación a jornada completa. Pasó por diferentes estilos, incluido el surrealista, pero su intención de los últimos tiempos era reinterpretar la naturaleza, porque Carla siempre ha disfrutado con esa vertiente polifacética, pintando y exponiendo su obra, trabajando, calladamente, viviendo su vida, sin molestar.
La casualidad ha querido que abandonara este mundo un frío 31 de octubre y que fuera enterrada el día de Todos los Santos en el cementerio de San Isidro, en Madrid, muy tempranito, a las ocho de la mañana, pero rodeada de sus seres queridos. Justo cuando nadie esperaba que ese cáncer de útero que apareció en el 2007 la hubiese vencido. Porque Carla se sentía con fuerza para tirar hacia adelante y volver a la interpretación junto a sus compañeras de la obra 'Brujas'.
Tuvo que abandonarlas el pasado mes de agosto, en Santander, porque estaba agotada y no podía seguir el frenético ritmo que impone el directo del teatro, pero había jurado a Lara Dibildos, Juncal Rivero, Arancha del Sol y Cristina Goyanes que volvería a sumarse a la obra en noviembre, cuando fueran a actuar en Valencia. Porque el teatro le daba vida.
Carla era pura energía y sus ganas de vivir, infinitas. Poco antes de morir, confesaba: "Amo la vida porque todavía sigo conservando algo de la fantasía que tenía cuando era niña". En cambio, reconocía que el cáncer le había ayudado a reconocer su fragilidad y a evolucionar como ser humano. "En cuanto me ponga bien vuelvo a la faena, porque me voy a curar", aseguraba en una entrevista a Beatriz Cortázar en la revista 'Hoy corazón'. Desgraciadamente, ése fue el principio del final.
Y eso que Norma, que además de hermana era su compañera, su amiga, su confidente... lo intentó todo. Juntas batallaron hasta el final y juntas fueron a una clínica alemana intentando que Carla recuperase fuerzas. Pero fue inútil.
"Carla era un ángel"- dijo Norma entre lágrimas, en su último adiós a su hermana pequeña-. "Se ha despedido de todos nosotros, nos ha dado consejos... Aún estando tan malita, nos ha escrito cartas para que sonriamos al pensar en ella".
¡Descansa en paz, Carla y ahí va nuestra mejor y más grande sonrisa!