En las nubes

Cuento de un amor imposible

MADRID 3 Nov. (EUROPA PRESS) -

El gran amor de mi vida, durante muchos años, acaba de morir. Él no sabe que ha dejado ese rastro en mi existencia, pero yo así lo siento, aunque sea por aquel amor de juventud que sentí por él.

Conocí a José Luis López Vázquez cuando era una jovencita estudiante que intentaba entrar en el difícil mundo del periodismo, a base de prácticas estivales primero y de prácticas mal pagadas el resto del curso universitario. Por entonces colaboraba en un prestigioso diario barcelonés, ya desaparecido, que me pidió una entrevista con el ya famosísimo actor; aunque no bien reconocido por aquel entonces (era la época de la Transición) debido a la 'españolidad' de sus películas.

Debía ser la tercera o cuarta entrevista que yo había hecho hasta el momento y guardaba una terrible experiencia de la primera, a Manuel Vázquez Montalbán, mi ídolo por aquella época, que no hizo más que contestarme con monosílabos todo el tiempo y me lo puso realmente difícil para conseguir hilvanar un pensamiento detrás de otro y conseguir que aquello pareciese una entrevista.

Como digo, mi falta de experiencia en la labor, hizo que me sintiese aterrada ante la idea de que López Vázquez, que tenía fama de borde, me las hiciera pasar canutas. Pero, de todas formas, me fui derechita al hotel Palace de la ciudad Condal, donde habíamos concertado la cita.

Me recibió un tanto seco, como diciendo: esta niñata no ha visto ni una sola de mis películas. Dónde voy yo explicándole mi vida profesional a esta criatura...

Sin embargo, por aquella época, yo había devorado cine español de aquel que primero fue definido como cutre y que luego, afortunadamente, se ha reconocido como de los mejores de la historia cinematográfica española. Y enseguida empezamos a hablar de 'Novio a la vista', la película que hizo con Berlanga cuando yo todavía no había nacido y de 'El pisito', 'El cochecito', 'Atraco a las tres'...

Y José Luis (entonces ya me daba permiso para tutearlo) comenzó a gesticular, a reírse, a recordar la famosa frase que decía Fernando Galindo, el trabajador de banca que interpretaba en esta película, cuando entraban y salían las clientas: ¡Un admirador! ¡un amigo! ¡un esclavo! ¡un siervooooo!

Y, cada vez más dicharachero, seguía hablando de 'Sor Citroén' y de Gracita Morales, a la que alababa repetidamente, "aunque tiene su genio, no creas", repetía una y otra vez. De pronto se puso serio y empezó a hablar de política, o más bien de la no política que se había practicado en el régimen anterior y de cómo íbamos a salir de este cambio que España había comenzado... y descubrí un actor muy alejado del cine cotidiano que yo conocía.

Es verdad que había visto 'El verdugo' de Berlanga y hacía poco que habían estrenado 'La prima Angélica', de Carlos Saura, pero desde mi ignorancia, nunca se me hubiera ocurrido pensar que José Luis López Vázquez era algo más que un actor, un hombre que se preocupaba por la libertad, en mayúsculas.

Y si su cercanía de trato me había dejado impresionada, para bien, su compromiso social (que así se llamaba entonces al interés por la política, de los partidos no legalizados todavía) me dejó sin palabras. ¡¡¡Y yo que pensaba que este hombre era un facha!!! Divertido, pero facha.

Ya sólo faltó que me contase que él, en realidad, había querido ser pintor porque dibujaba maravillosamente y que esto de ser actor le había llegado casi por casualidad. Que él lo que pretendía era dirigir... Y su bigotito negro se ensanchaba en su cara con una sonrisa. Y sus ojos vivarachos se iluminaban todavía más al hablar de proyectos... Y era tal la ilusión que le ponía, que hasta desapareció de mi vista ese señor mayor, calvito y un poco anticuado -elegantemente vestido, eso si- al que había visto al principio. Su vitalidad contagiaba, pero la firmeza se convertía en dulzura...

¡Qué más puedo decir! José Luis López Vázquez me dejó tan impresionada en mis primeros pasos como periodista, que creí firmemente que me había enamorado de él. Aunque soy muy habladora, sólo me atreví a confesárselo a una amiga y ésta me contestó con un: ¡te has vuelto loca! Seguido de un "déjate de tonterías y vuelve al mundo real, que tú siempre has sido muy práctica". Y claro, tuve que volver al mundo real, pero siguiendo de cerca la carrera artística de José Luís. Y disfruté viéndole en 'La verdad sobre el caso Savolta' y en 'La Colmena' y sufrí mucho sintiendo su claustrofobia en 'La cabina' y le fui a ver alguna vez al teatro... Pero nunca volví a hablar con él hasta que un día coincidimos en una fiesta.

Yo, por entonces, era directora de una conocida publicación semanal y ya vivía en Madrid y al verlo en el cóctel, enfundado en un traje oscuro, con chaleco y una corbata de rayas, impecable, repeinado... me acerqué a él, esperando que me reconociera...

Le dije, hola José Luis, ¿te acuerdas de aquella entrevista que te hice en Barcelona?

El me devolvió la sonrisa muy amablemente y me contestó: "Sí mujer, por supuesto, me acuerdo perfectamente. ¡Cuánto tiempo!" Y seguimos hablando de lo humano y lo divino y me preguntó qué hacía ahora...

Lógicamente, López Vázquez no me había reconocido, pero se comportó como lo que era, un maestro.