En las nubes

La guasa de Sara Montiel

MADRID 10 May. (EUROPA PRESS) -

A sus 83 años, María Antonia Abad Fernández, o sea, Sara Montiel, vuelve a la gran pantalla. Dice Sara que si dejó el cine en los años 70 fue porque no le ofrecían más que películas de destape y que se retiraba para siempre. Por eso, verla de nuevo en acción nos deja a todos con la boca abierta.

El proyecto que obra el milagro y la recupera para el séptimo arte , junto a Javier Gurruchaga (con el que ya colaboró en su disco 'Purísimo Sara', junto a Joaquín Sabina y José María Cano, del grupo Mecano), es una comedia que se titula 'Abrázame'. La película, en clave de humor, trata de dos jóvenes que regresan a su pueblo para que uno de ellos se recupere de una crisis sentimental.

En la escena que han dejado colarse a los medios de comunicación, Sara, de luto riguroso pero enjoyada hasta el barroquismo, con unas uñas kilométricas y maquillada como si de una caricatura suya se tratase, lamenta la pérdida de un ex amante que, por exigencias del guión, va vestido de rey Baltasar.

"Esto -dice la actriz riéndose- más que una película, es una broma que hacemos entre un grupo de manchegos". Tal vez porque el director es Óscar Parra de Carrizosa, un admirador ferviente de la de Campo de Criptana y el rodaje ha tenido lugar en La Mancha. "Sólo puedo decir que estoy encantada, porque hace más de 43 años que dejé de hacer cine, me retiré y es la primera vez desde entonces que he vuelto al cine", señala una satisfecha Sara.

La Montiel se interpreta a sí misma en 'Abrázame'. Un papel que tiene miga porque si hay una vida que parodiar, ésa es la vida de Sara Montiel, una vida de película. No en vano se le ha considerada uno de los mitos más importantes del espectáculo en lengua hispana, tanto por sus éxitos en cine y música como por su espectacular belleza.

Comenzando por sus triunfos en Hollywood en la década de los 50 y los 60, haciendo de pareja de grandes como Burt Lancaster o de Gary Cooper en el mítico filme 'Veracruz'. Sara (que entonces era conocida como Sarita Montiel) es una de las pocas leyendas viva de la época de oro del cine mexicano, porque entonces, España apenas existía en el mundo del celuloide, pero Estados Unidos necesitaba estrellas hispanas en la línea de Rita Hayworth.

Con interpretaciones como 'Cárcel de mujeres' y 'Piel canela' se le abrieron las puertas para entrar a Hollywood en 1954 como una nueva Gilda y logró índices de popularidad que jamás había tenido una artista española.

Luego volvió a España y aunque ya no necesitaba seguir trabajando para vivir porque amasó una gran fortuna, protagonizó 'El último cuplé', que se convirtió en un éxito de taquilla por sus sensuales interpretaciones de los temas 'Fumando espero' y 'El relicario'. Y continuó con películas de la época como 'La violetera', 'Carmen la de Ronda', 'La bella Lola'... en las que Sara cantaba con su peculiar estilo y luciendo exuberantes vestidos que insinuaban mucho y enseñaban poco.

Llegó el destape y entonces se retiró del cine. Aunque Sara ha vivido, vive y vivirá por y para el espectáculo, ora musical (sólo hay que recordar el "Bésame mucho"), ora cinematográfico, ora televisivo... Y gracias a sus romances, porque la Montiel no sabe vivir sin amor. Sólo hay que fijarse en su conquista más reciente que acabó en boda, que no se sabe bien si fue boda o espectáculo, con aquel novio suyo que llegó de Cuba, Tony Hernández.

Pero esa anécdota no oscurece las grandes pasiones que desató en el director Anthony Mann, su primer marido, León Felipe, Gary Cooper (con el que vivió un sonado romance), Marlon Brando (que adoraba los huevos fritos que le cocinaba Sara), Miguel Mihura o el político Indalecio Prieto. Aunque el gran amor de su vida fue el empresario mallorquín Pepe Tous, con el que contrajo matrimonio y adoptó a sus dos hijos, Thais y Zeus.

Hay que reconocer que Sara es incombustible y, en realidad, nunca ha dejado de estar en el candelero, por una u otra razón. Tanto en España como en el extranjero. Todavía recuerdo el spot publicitario que protagonizaba en Estados Unidos, en el que casi casi se "cargaba" a su criada, mucho más jóven que ella pero, sobre todo, porque llevaba unos zapatos rojos maravillosos que pisaban el mármol y ella, en cambio, lucía unas zapatillas de estar por casa.

Sara Montiel se ríe hasta de su sombra. Es capaz de rememorar el 'Fumando espero' en plan vampiresa con muchísimos años, pero recordando que sólo ella consiguió que el fumar entonces fuera un acto elegante. O se hace la tonta en una entrevista, pero dando a entender que a ella no se la dan con queso ni los más listos.

Y es que Sara, lo que derrocha a raudales es sentido del humor.

Me viene a la memoria aquel delirante vídeo musical que grabó junto a Alaska y que era una nueva versión de su 'Absolutamente'. Ambas vestían de "print animal", en una habitación con cortinas de estampado animal y rojo, "enmarcadas" por unos efebos con carne aceitosa y prieta y el culo al aire. Lo de menos es lo que cantaban. Hay que decir que Alaska es una artista que admira profundamente a Sara y, como ella, es casi surrealista (acaba de empezar un "reallity" televisivo junto a su marido Mario Vaquerizo, en el que muestran su vida cotidiana).

Sara Montiel publicó sus memorias en el año 2000, escritas por el dramaturgo Pedro Víllora, que la definen plenamente. El libro se titulaba "Vivir es un placer" porque ella nunca ha dejado de amar la vida.