En las nubes

El mal fario de Enrique Morente

MADRID 14 Dic. (EUROPA PRESS) -

No era martes y 13, sino lunes. Pero el último renovador del cante jondo no pudo cumplir los 68 años. No llegó a Navidad, el día de su cumpleaños.

La muerte del cantaor Enrique Morente ha vestido de luto al mundo del flamenco. Y ha cogido desprevenido a todo el mundo, porque a su edad, nadie esperaba que una sencilla operación de úlcera de esófago derivase en un estado de muerte cerebral primero y en su fallecimiento 48 horas después.

Su familia está indignada con el trato que les han dado los responsables de la madrileña Clínica de la Luz. Considera -según ha confesado Estrella, la hija más conocida del fallecido- que existe una presunta negligencia médica y ya ha presentado la correspondiente denuncia judicial ante el juzgado número 30 de Plaza Castilla. Pero lo que más desalienta a sus seres queridos es ese sentimiento de impotencia que les ha quedado, ahora que ya no hay remedio.

Es posible que tras la intervención, el pasado 4 de diciembre, el cuerpo de Enrique hubiese respondido mal en el postoperatorio. Y hasta incluso que fuera necesaria una segunda intervención quirúrgica. Pero, ¿por qué nadie les avisó, ni a su ahora viuda ni a sus hijos?¿Por qué no vieron, durante nueve días, ni un informe médico escrito de qué tenía realmente el músico y de su evolución clínica?

Las sospechas de la mala praxis médica no aparecieron el mismo lunes que falleció el cantante de los grandes poetas. No. La familia ya intuyó dos días antes, en vida del granadino, que algo raro pasaba porque nadie les daba explicaciones. Puso la denuncia contra el equipo médico que atendió al cantaor, pero guardó silencio confiando en que el enfermo ingresado en el centro médico llegara a recuperarse.

Y tuvo que ser la Policía, a instancias de Aurora Carbonell, la todavía esposa del inquieto creador, la que se personó en la Clínica de la Luz, para pedir datos e informes ante tanta cautela y desinformación por parte de los responsables del centro médico. El mismo lunes, tras el fallecimiento de Morente, la familia presentaba una segunda denuncia.

A pocas horas de ser enterrado y con la consternación lógica, los tres hijos del maestro -Estrella (la famosa cantaora, casada con el diestro Javier Conde, que sigue la genial estela de su padre), Soleá (la hija universitaria que quiere dedicarse a la música) y Enrique (el pequeño, que acompañaba a su padre haciendo coros)- todavía no entienden qué ha pasado.

Estrella agradecía su presencia a amigos, conocidos y a la prensa que acompañaba a la familia antes de enterrar a su padre. Su cara era puro desconsuelo y Javier, su marido, no sabía que hacer para reconfortarla. "Sabía que mi padre era importante- repetía una y otra vez la cantaora- pero no imaginaba cuánto" e iba recibiendo el pésame de amigos de la familia como la directora del ballet flamenco de Andalucía, Cristina Hoyos, el cantaor José Mercé, la bailaora granadina Eva Hierbabuena, la cantaora jienense Carmen Linares, los cantantes Joaquín Sabina, los hermanos Carmona, Diego el Cigala, Farruquito...

Todos hablan de Morente con admiración: "Un modelo para fusionar el flamenco torcido- como decía él- con otros mundos". "Un genio que ha abierto caminos nuevos, pero siempre con gran sabiduría y calidad". "Un innovador de las fusiones imposibles que puso compás a poetas como Miguel Hernández, Antonio Machado, Lope de Vega y a su paisano Federico García Lorca y eso que no sabía música". "Sólo él ha sido capaz de cantar rock en los festivales flamencos y por seguiriya en los conciertos de rock".

Enrique Morente, que siempre presumía de ser el único capaz de cantar los "49 palos y medio" del jondo, se hubiera quedado mudo al comprobar cómo, un hombre tan vital, podía tener tan mala suerte.

Fue operado por un equipo médico encabezado por Enrique Moreno, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Técnica y Científica en 1999 por sus aportaciones al campo de la cirugía y los trasplantes. Pero se le escapó la vida de un hombre con una ulcera de esófago. ¡Qué ironía!

Y al dolor por la muerte del maestro, la familia ha tenido que sumar la desagradable noticia (por desaprensiva) de que "una gente sin alma", como les describieron los vecinos a los ladrones, entrara el domingo en la casa del Albaicín granadino del artista para desvalijarla, aprovechando la ausencia de toda la familia, que se encontraba en el hospital.

Menos mal que el clan Morente combate el mal fario con el cariño y el calor de todos los admiradores de ese "Ser libre" que era Enrique, el patriarca. El primer flamenco (y además no gitano) que ganó el Premio Nacional de Música en 1994.

¡Descanse en paz el genio!