En las nubes

Sarah, la derrochona

MADRID 26 May. (EUROPA PRESS) -

Las cámaras siempre le juegan malas pasadas a la pelirroja Fergie. En el 2004 fue duramente criticada por la prensa británica al desnudarse (se quedó como la madre que la parió, pero con zapatos y joyas) para recaudar fondos para la Fundación Elton John de lucha contra el SIDA. Hace dos años, la ex mujer del príncipe Andrés de Inglaterra rodó un documental en un suburbio de Manchester y luego puso el lugar a caer de un burro. Al verlo, los vecinos enfurecieron y se ofendieron. La duquesita tuvo que dar marcha atrás y pedir perdón.

Pero unos meses después visitó un orfanato de Turquía, disfrazada con una peluca negra y un pañuelo sobre la cabeza. Grabó con cámaras ocultas un reportaje en el que denunciaba las pésimas condiciones del orfanato estatal que albergaba a 700 niños discapacitados... pero las autoridades turcas pidieron su extradición tras ser acusada de dañar la imagen del país por filmar ilegalmente el documental.

Y ahora, la duquesa de York acaba de caer en la trampa de un reportero del semanario 'The news of the World' reconvertido en supermillonario árabe que le pide su intermediación ante su ex marido Andrés para tener acceso a él. Previo pago de 560.000 euros, faltaría más. Porque el segundo hijo de la reina Isabel de Inglaterra es, además de príncipe, el representante oficial del Reino Unido para Comercio Internacional.

Y el desparpajo con el que Fergie le dice al supuesto millonario "puedo abrir cualquier puerta que usted quiera que le abra. Andrés sabe que tiene que mantenerme porque no tengo dinero. Si usted quiere conocerle para su negocio, cuide de mí y él cuidará de usted. Le aseguro que logrará 10 veces el dinero que ponga", no deja lugar a dudas de que no es el primer negociete que hace y, supongo, tampoco será el último. Y todo ello sin inmutarse, sin quitarse siquiera el abrigo y con un cigarrillo y una copa de vino en la mano.

Sarah Ferguson nunca ha gozado de una gran popularidad en Inglaterra. De hecho, los británicos siempre la han visto demasiado tosca, extrovertida (la época victoriana pesa todavía demasiado en la city) y lo que es peor para sus arcas, manirrota. Vamos, la antítesis de lo que representaba la edulcorada lady Di.

Es verdad que nunca peleó por un divorcio millonario, como sí lo hizo Diana y tal vez por eso, su relación con el príncipe Andrés sigue siendo magnífica desde que se separaron en 1996. De hecho, la Ferguson sigue viviendo en el llamado Royal Lodge del castillo de Windsor, junto a sus hijas, cuando está en el Reino Unido. Y cada verano alquilan juntos una casa en Sotogrande (Cádiz), donde pasan dos semanas con Beatriz y Eugenia.

La duquesa de York explicaba al periodista oculto cómo ella dejó "La familia real amistosamente. Diana se llevó 20 millones, asegura y yo vivo con 15.000 libras al año. Por eso la reina es mi amiga. Porque no me llevé nada de la familia"... Y añadió: "tengo el corazón muy grande, pero no tengo un penique".

Lo que no explicaba la dicharachera Fergie es que en l995, su deuda ascendía a casi 4 millones de euros y que su ex suegra decidió cancelar su financiación porque siempre gastaba mucho más de lo que ganaba. Ni que se ha metido en un montón de negocios (ha sido embajadora de la empresa estadounidense de control de peso Weight Watchers, portavoz de la marca de cosméticos Avon y de la empresa de porcelanas Wateford Wedgwood) y de todos ha salido escaldada. Ni de su intento de convertirse en presentadora de un programa de televisión que no funcionó.

Tampoco mencionó su carrera como escritora de libros para niños, ni su participación en la serie de televisión Friends, ni su paso por un reality show americano donde participó. Todo ello le ha proporcionado un sustancioso capital que Fergie ha derrochado una y otra vez.

Hace unos meses, sin ir más lejos, tuvo que hacer frente a tres impagos por valor de 25.000 euros. Y al poco tiempo cerró la empresa de promociones que tenía en Nueva York con su amigo, el millonario Todd Morley, que echó la llave con 1 millón de euros de deudas.

Hay que reconocer que Sarah es tan manirrota como caritativa, ya que a través de la Fundación que lleva su nombre apoya una serie de organizaciones benéficas, recauda dinero para los niños pobres y para los jóvenes desprotegidos en zonas de guerra.

Pero como afirmaba un corresponsal de la BBC afincado en Los Ángeles: "Los esfuerzos de la duquesa de York por ayudar a los demás se ensombrecen por sus intentos de ayudarse a sí misma".

¡Vaya morro que le echa!.