MADRID, 16 May. (CHANCE) -
Hay una parte del calendario de la moda que no ocurre en París ni en Milán y que tampoco responde del todo a las estaciones y meses habituales donde los diseñadores presentan generalmente sus colecciones.
Es algo intermedio, más libre, más escénico y sobretodo más paradisiaco. Son los llamados desfiles Crucero o Resort, conocidos como una de las expresiones más curiosas y espectaculares de la industria de la moda y caracterizado por grandes firmas de lujo.

Estas colecciones surgieron a principios del siglo XX como respuesta a una necesidad muy concreta: las clientas de la alta sociedad que viajan durante el invierno a destinos cálidos y necesitaban prendas adecuadas para esos meses 'intermedios'.
En este contexto la figura de Coco Chanel fue clave, no porque inventara los desfiles cruceros tal y como los conocemos a día de hoy, sino porque entendió antes que nadie esa necesidad. Aquella idea de vestir para viajar -sin perder la elegancia- es el origen conceptual de lo que hoy entendemos como colección crucero.
Durante décadas, estas colecciones se presentaban de forma más discreta en showroom o presentaciones privadas y no fue hasta principio de los 2000 cuando las grandes casas de moda empezaron a convertirlas en espectáculos globales.

Firmas como Chanel, Dior o Louis Vuitton han transformado estos desfiles en experiencias de ensueño. Si hay algo que los define actualmente es que el lugar importa tanto como la ropa. Ya no se trata solo de mostrar una propuesta de temporada, sino de construir un universo completo alrededor de ella.
Chanel, ha transformado destinos como La Habana en una pasarela al aire libre, convirtiendo el Malecón en una escena donde la moda dialogaba con la historia y la arquitectura de la ciudad. Dior por su parte, ha llevado sus desfiles a Marruecos o a Sevilla, mezclando la estética de la maison con la artesanía local y la luz del desierto o de los patios andaluces. Y Louis Vuitton ha hecho de lugares como Palm Springs o Japón escenarios donde la arquitectura y el paisaje se integran como parte de la colección.

Por último estos desfiles no siguen el calendario tradicional de la moda, sino que se sitúan en un punto intermedio entre temporadas. Generalmente se presentan entre los meses de mayo y junio, aunque la preparación y el anuncio de las ubicaciones se realiza con bastante antelación. De hecho, funcionan como una especie de 'puente' entre las colecciones de otoño/invierno que llegan a las tiendas a finales de año y las de primavera/verano que se presentan a comienzos del siguiente.
Es precisamente esa posición fuera del ritmo habitual lo que les permite convertirse en eventos más libres, más creativos y con mayor margen para la espectacularidad.Y quizá ahí reside su verdadera esencia.
En un mundo donde todo va deprisa, estas colecciones invitan a lo contrario: a detenerse, mirar y dejarse llevar. Porque al final, más que moda de entretiempo, los desfiles crucero son una excusa perfecta para soñar con estar siempre en otro lugar.