Magüi Mira es la cómica madre viuda en la obra teatral "Descalzos por el parque"

Actualizado 31/01/2008 1:01:30 CET
Magui Mira.
EP

"TARDÉ EN SUBIRME A LOS ESCENARIOS PORQUE TENÍA A MIS HIJAS Y ELLAS ERAN LO PRIORITARIO", AFIRMA LA ACTRIZ

Aunque se subiera tarde a los escenarios -pasados los treinta años- Magüi Mira no se ha vuelto a bajar de ellos. La primera vez fue en Madrid, en el año 82, con el monólogo La noche de Molly Bloom , y de ello ya hace más de veinticinco años. Estudió Historia Medieval en la universidad de Valencia, y después teatro en l'Institut del Teatre de Barcelona, pero tenía dos hijas, lo prioritario en su vida, por lo que nunca pensó en trabajar como actriz.

Cuando le surgió la oportunidad supo aprovecharla, demostró su talento, y eso ha hecho que se haya consagrado en esta profesión.

También dirige, y prueba de ello es Un cuento de invierno , obra del gran William Shakespeare, que llevó al teatro la valenciana el año pasado y que en los próximos meses la llevará a San Petersburgo, donde será interpretada por actores rusos.

Ahora está en nuestros teatros, concretamente en el Teatro Lara de Madrid, dando vida a una madre viuda en Descalzos por el parque , junto a Jorge Sanz y Rosa Boladeras. Pero además, la veterana actriz acaba de terminar de rodar en Lisboa A Arte de Roubar , de Leonel Vieira, y tiene otra película pendiente de estreno.

Magüi, ¿qué tal ha empezado el año?

Muy bien, con mucho ánimo y muy bien. y muchísimo trabajo.

¿Qué tal se encuentra haciendo esta obra de teatro?

Bien, porque es un gusto. Entre Neil Simon, Pep Antón, y yo hemos conseguido una comunicación brutal de este personaje con el público. Esta mujer ingenua, maravillosa, tierna, divertida, graciosa, que se cree que ya es una jubilada de la vida porque está viuda, su hija se casa y se queda sola, pero luego empieza a descubrir que es mucho mejor y realmente se convierte en una mujer entera, que ejerce sexo a partir de los cincuenta que, si pensamos que esta obra fue escrita en el sesenta y tres, era toda una trasgresión.

¿Y si Descalzos por el parque hubiera sido escrita ahora?

Sería más transgresora, ahora vamos a peor, porque en este mundo de consumismo total, a partir de los treinta las mujeres nos empezamos a difuminar y luego ya somos invisibles, porque los hombres han decidido que el sexo está en los veinte o treinta, y están completamente equivocados, porque los que empiezan a descender son ellos, y la prueba la tienes en que tienen que estar con la pastillita azul todo el día, nosotras no necesitamos pastillitas ni nada, la mujer cumple cincuenta y, si quiere, tiene un sexo maravilloso.

Y, a pesar de que dice que su papel es el de una mujer graciosa y tierna, ¿no es también el de la suegra un poco pesada y controladora?

Cada vez que abre la boca, el público se muere de risa, así que no puede ser pesada. Es muy graciosa pero, como toda madre para su hija, puede ser pesada, claro, porque se quiere entrometer en su vida, pero no lo es.

¿Y en su vida privada, es así con sus hijas?

No, yo en mi vida sí que soy pesada, en mi vida soy una madre pesadísima, por eso creo que estoy muy dotada para poder explicar la diferencia. Esta mujer es exquisita. Tengo dos hijas y con ellas sí que soy pesada, les digo las cosas veinticinco mil veces, y las quiero proteger de todo.

¿Se puede decir que el teatro es una de tus pasiones?

Sí, pero también te diría que es la comunicación de una historia, y eso lo hago como actriz, como directora, desde la cámara o desde las tablas.

¿Qué es lo último que ha hecho?

Acabo de rodar una película, A Arte de Roubar , en Lisboa con Leonel Vieira, que es un director absolutamente genial, trasgresor, puntero en estos momentos en el cine portugués.

¿Qué le gusta más, dirigir o interpretar?

No puedo elegir, son cosas muy distintas, para empezar, te digo un dato: cuando interpreto, engordo, cuando dirijo, adelgazo, (ríe), es que es un estrés. Lo que pasa es que las dos cosas me fascinan de la misma manera. Cuando interpreto cuento la historia desde la emoción de un personaje, pero no la tengo en mi mano, está en el director, y luego, cuando dirijo, la historia está en mi mano, la cuento con mi mirada y como yo la veo, pero luego quisiera matar a todos los personajes y ponerme yo, que los quiero hacer todos.

Y decirles cómo lo tienen que hacer, ¿no?

Claro, aunque luego soy muy respetuosa, cuando dirijo intento tratar a un actor como a mí me gustaría que me trataran los directores, que no siempre me tratan así, es decir, con admiración y respeto. Intento ser muy respetuosa con los actores con los que trabajo, pero de verdad que luego sufro mucho porque quiero hacer yo todos los papeles.

¿Siempre supo que quería ser actriz?

No lo supe conscientemente porque la verdad es que yo empecé en los escenarios muy tarde, a los treinta y tantos, pero creo que siempre lo tuve ahí dentro, este mundo siempre me fascinó desde muy pequeñita.

¿Qué hacía hasta ese momento?

Estudié Historia Medieval en la universidad de Valencia, luego estudié teatro en Barcelona, en l'Institut del Teatre en un momento en el que estaban los grandes allí, y fue una suerte encontrarme con los mejores profesores. Yo estudiaba pero no pensaba nunca que iba a trabajar como actriz porque yo tenía mis hijas y eso para mí era prioritario. Pero, de repente, a los treinta y pico me puse encima de un escenario, hice un monólogo en Madrid, La noche de Molly Bloom , en el 82 y ya nunca más me he vuelto a bajar.

¿Qué otros proyectos tienes para este año?

Tengo dos películas a punto de estreno, y voy a dirigir Un cuento de invierno , de Shakespeare, que ya lo dirigí el año pasado para el Teatro Albéniz, con Will Keen y Lucía Jiménez, y ahora me voy a ir a dirigirlo a San Petersburgo con actores rusos.

¿Y cómo se dirige una obra del gran Shakespeare?

Estudiando mucho, entendiéndola muy bien, teniendo imaginación para trasladar eso a escena, a la poética escénica, que no es la realidad.