Actualizado 27/12/2006 20:21 CET

Miguel de la Quadra-Salcedo descubre el mundo Maya en la XXII edición de su "Ruta Quetzal"

Miguel de la Quadra-Salcedo es el último caballero andante del siglo XXI, Un hombre de otro tiempo , según dicen los que le han visto en acción. A sus setenta y cuatro años ya no le queda ningún lugar del mundo por conocer, se ha entregado en cuerpo y alma al riesgo y la aventura cubriendo como corresponsal de Televisión Española acontecimientos históricos como la muerte del Ché Guevara o Salvador Allende. Este intrépido reportero y deportista de élite sigue dando mucho que hablar, en enero Televisión Española comenzará a emitir los resultados de su vigesimosegunda Ruta Quetzal , un apasionante viaje en busca del mundo Maya. Más de nueve mil jóvenes han podido disfrutar de su afán aventurero gracias a este proyecto y han vuelto a casa con el respeto a otras culturas como bandera.

-¿Le queda algún sitio por visitar?

-Ninguno, el mundo es muy pequeño. Gracias a Televisión Española he podido viajar por Etiopía, Melanesia, Polinesia, Siberia, Mongolia, Pekín, todo el pacífico y más. Creo que no nos queda ningún país por visitar. Sólo puedo agradecerle a Fraga que en 1968 me nombrara el primer corresponsal volante en Hispanoamérica. Con la Ruta Quetzal he conseguido que ocho mil jóvenes vivan mi vida, que fue perfecta en cuanto a adquirir conocimientos y madurar conociendo otras culturas.

-¿Qué aprenden los jóvenes con este programa?

-A los jóvenes iberoamericanos les permite conocerse entre ellos y madurar a través de Europa y a los españoles madurar a través de América. Lo importantes es que vuelvan a casa con la bandera del respeto a otras culturas y otras civilizaciones. Cuando regresan a sus casas los padres nos llaman diciéndonos que se ha ido un joven y ha vuelto un hombre maduro.

-¿Ha buscado el riesgo?

-No, para mi el riesgo está en irse de puente un fin de semana por las carreteras de nuestro país. Mi trabajo como corresponsal era vocación, nunca he preguntado si volvería o no. Siempre creí que íbamos asegurados hasta que un día leí la letra pequeña del contrato y ponía excepto si hay una guerra . Si moríamos dejábamos el espíritu y nuestra idea de luchar contra el materialismo.

-Además ha tenido la suerte de encontrar una mujer dispuesta a seguirle...

-Sí, eso sí que ha sido una suerte. He podido ir con toda mi familia de aventuras. Rodrigo, el pequeño de mis hijos, bajo conmigo el amazonas siendo sólo un niño. Tuvimos como profesor a José Antonio del Busto, Catedrático de Historia en Perú nos ha acompañado durante al menos diez años y falleció estas Navidades. Espero que mis hijos y los jóvenes que han participado en este proyecto sigan adelante con él, el programa Ruta Quetzal es para todos ellos.

-¿Piensa en algún lugar para el retiro?

-Ninguno en especial, moriré con las botas puestas. Me gustaría que me enterraran con el hábito de la Orden Terciaria de San Francisco, estoy hablando con los monjes que están en Guadalupe para que me busquen una raída sotana. Mientras esté con vida estaré siempre en acción, por dentro y por fuera.

-¿Qué recomendaría de su Navarra Natal?

-Conocer las tres Navarras que existen: la de las montañas, verde y ahora nevada; la de la cuenca, lo que es el centro; y la del sur, donde las mejores cosechas están al borde de los ríos. Ese secano hace la uva buena y mirando a la historia se descubre que casi todos los hortelanos de Navarra eran árabes, allí estuvo muy metido el mundo árabe.

-¿Le costó mucho encontrar patrocinadores para el proyecto?

-No, las empresas privadas por lo general apoyan los deportes. El problema aquí en España es que no existe la desgravación fiscal para los temas culturales y deportivos.

-¿Hay algo que nunca falte en su mochila?

-Para viajar no se necesita prácticamente nada. Siempre llevo un buen libro y nunca me olvido de una bolsa de plástico en la que pueda meterlo todo si llueve, luego cuando escampa y me seco lo saco todo y me visto.