Archivo - Imagen del campus de la Universidad Pablo de Olavide. - UPO - Archivo
SEVILLA 22 Oct. (EUROPA PRESS) -
La Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) alberga en sus 126 hectáreas más de 1800 especies registradas, una riqueza que, a su juicio, sitúa su campus entre los entornos universitarios con mayor diversidad biológica de España y lo convierte en una pieza fundamental del Anillo Verde metropolitano. Así se desprende del Informe de valoración del patrimonio natural y de las zonas verdes de la UPO, elaborado por profesorado de las áreas de Ecología, Botánica, Genética y Fisiología de la UPO, que reivindica "el valor ecológico, docente y paisajístico" de sus espacios seminaturales y propone medidas para su conservación.
Según ha informado la institución académica en una nota, el informe lleva la firma de María Luisa Buide del Real, del Área de Botánica, directora del CEI CamBio y responsable de Sostenibilidad de la UPO; Martina Carrete, del Área de Ecología; Santiago Martín Bravo y Pedro Jiménez-Mejías, del Área de Botánica; Pim Edelaar, del Área de Genética; Antonio Prado Moreno, del Área de Fisiología; y Francisco José Fernández Martín, coordinador de Política Ambiental.
Situado entre los términos municipales de Sevilla, Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra, el campus constituye, según el documento, "una auténtica extensión de la diversidad de Doñana en mitad de un territorio urbanizado, en el que sus zonas no ajardinadas funcionan como una red de espacios conectados que ofrecen hábitat, refugio y alimento a comunidades biológicas enteras".
Asimismo, la UPO ha señalado que los datos, procedentes de inventarios científicos y de iniciativas de ciencia ciudadana recopilados a través de las plataformas iNaturalist y Observation.org, recogen hasta el momento 572 especies de plantas silvestres y 225 ornamentales, 217 especies de vertebrados --entre ellas, 160 especies de aves--, 920 especies de invertebrados y 102 especies de hongos.
Según ha indicado la entidad, entre los invertebrados figuran 130 especies de mariposas, 94 de escarabajos y más de 200 de otros insectos, mientras que las aves encuentran en la laguna recuperada y en la vegetación del campus lugares donde nidificar, alimentarse y descansar durante sus desplazamientos migratorios.
Entre los mamíferos, el informe destaca un hallazgo reciente: la presencia del meloncillo (Herpestes ichneumon), un pequeño carnívoro cuya detección pone de manifiesto el valor ecológico de estos espacios.
A esta riqueza se suma la existencia de hábitats de interés comunitario protegidos por la Directiva Hábitats de la Unión Europea (Directiva 92/43/CEE), como las comunidades herbáceas higrófilas mediterráneas (código 6420), vinculadas a los humedales del campus.
Para Martina Carrete, la publicación del informe es "una buena oportunidad para dar a conocer a la comunidad universitaria y a la sociedad en general un patrimonio natural que, pese a su enorme valor ecológico, docente y ambiental, no siempre recibe la atención que merece".
La investigadora del Área de Ecología ha explicado que el objetivo es dar visibilidad a este trabajo y "contribuir a poner en valor la extraordinaria biodiversidad que alberga nuestro campus", así como la importancia de conservar sus espacios seminaturales.
ESPACIOS SEMINATURALES, UNA INFRAESTRUCTURA VIVA
Frente a la percepción de que las zonas no ajardinadas son terrenos baldíos o descuidados, el informe concluye que las zonas de vegetación espontánea y menos intervenidas no son espacios residuales, sino componentes esenciales de la biodiversidad y del funcionamiento ecológico del campus.
Alrededor del 24% de su superficie corresponde a zonas verdes seminaturales, a las que se suman un 2% de humedales y un 7% de jardines convencionales, un mosaico que, lejos de responder a la casualidad, es fruto de años de políticas de reducción o supresión de pesticidas y herbicidas, acompañadas de un manejo extensivo y diferenciado.
Estas áreas, según el documento, amortiguan las olas de calor regulando el microclima, retienen agua en el subsuelo, capturan carbono y sostienen comunidades de insectos polinizadores, por lo que sustituirlas por céspedes artificiales o por jardinería ornamental clásica supondría la pérdida irreparable de una infraestructura ambiental que contribuye a la salud y la resiliencia de la comunidad universitaria.
El equipo advierte, además, de que una mala planificación de los espacios a urbanizar truncaría las conexiones entre ellos y los dejaría expuestos a los efectos más intensivos de la actividad humana, como el ruido, el tráfico o los residuos.
Por ello, el informe plantea una serie de directrices y propone un mapa delimitado de zonas de protección imprescindible, con el fin de que las futuras intervenciones en el campus y su entorno contemplen de forma vinculante su valor ecológico, docente y paisajístico.
UN AULA ABIERTA PARA EL ESTUDIANTADO
Las zonas naturales de la Olavide permiten, asimismo, impartir docencia práctica y desarrollar Trabajos Fin de Grado y Fin de Máster en titulaciones como Ciencias Ambientales, Biotecnología o el Máster en Biodiversidad y Biología de la Conservación, ahorrando costes y desplazamientos, de modo que el campus funciona como una suerte de estación biológica dentro de sus propios límites, algo de lo que, según el informe, muy pocas universidades españolas pueden presumir.
En esta labor desempeña un papel destacado el Aula de la Naturaleza, en la que confluyen estudiantes del Grado en Ciencias Ambientales de la UPO y de Biología de la Universidad de Sevilla, una cooperación interuniversitaria que hace del campus un espacio de encuentro y formación para las nuevas generaciones de naturalistas e investigadores andaluces.
Por su parte, el equipo investigador ha trasladado un llamamiento a todos los sectores de la universidad -personal técnico, de gestión y administración, profesorado de todas las ramas del saber, alumnado y equipos de gobierno- para recordar que la conservación de la naturaleza en la UPO "no es un freno al desarrollo de la universidad ni un capricho biológico, sino que es una seña de identidad vanguardista".
Como ha explicado la responsable de Sostenibilidad, María Luisa Buide del Real, "comprender que una pradera silvestre o un rodal de vegetación autóctona albergan vida esencial y nos protegen frente a las temperaturas extremas es un ejercicio de madurez colectiva", subrayando que "cuidar este patrimonio nos sitúa como referente metropolitano e internacional de sostenibilidad real".