El Arzobispo de Oviedo recuerda a Alcoa que lo que hay detrás del cierre no son cajas de tornillos sino personas

Jesús Sanz Montes, en el Arzobispado
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Publicado 25/10/2018 11:32:05CET

OVIEDO, 25 Oct. (EUROPA PRESS) -

El Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha mostrado este jueves toda su solidaridad con las familias afectadas por el anuncio de cierre de la multinacional Alcoa de sus plantas de Asturias y La Coruña. Ha recordado a la empresa que "lo que hay detrás del cierre no son planchas de aluminio o cajas de tornillos, sino personas. Y tras ellas, un montón de familias que dependen del trabajo honrado que se lleva a cabo cada día, con su justa remuneración y la dignidad que entraña tener un trabajo honesto que no tiene manchadas sus manos ni de corrupción ni de sangre".

Así se ha manifestado Monseñor Sanz Montes en su carta semanal bajo el título 'Alcoa: el desarme de la esperanza', en la que entremezcla el tema gastronómico del Menú del Desarme -garbanzos con bacalao, callos a la asturiana y el arroz con leche- con el que se logró vencer a las tropas francesas con el desarme de la multinacional americana con el abandono de su actividad industrial en el Principado.

"Si ante un momento de recesión económica o ante unas cuentas que no eran las que se esperaban se decide cerrar toda una factoría mandando a la incertidumbre angustiosa a tantas personas y a sus correspondientes familias, entonces nos encontramos con una tragedia realmente inhumana, donde los trabajadores se han usado y luego se tiran cuando se juzgan prescindibles laboralmente hablando, dando un portazo a lo que se venía haciendo allí simplemente porque ya no se gana tanto, ya no aporta tanta riqueza como antes, ya no resulta ventajoso para el lucro soñado y programado por los magnates", explica el Arzobispo.

Sanz Montes entiende que una empresa "no es un despacho parroquial, ni siquiera una ONG altruista sin ánimo de lucro o un local de Cáritas que sólo mira por sostener dignamente a quienes menos han sido favorecidos por la vida y la sociedad. Una empresa tiene sus calendarios, sus objetivos de producción y su legítima aspiración de incrementar sus ingresos para expandirse poniendo solidez a sus logros financieros".

Aún así destaca que esos objetivos de producción e ingresos "no deberían ser los únicos criterios, tan inhumanamente crematísticos, a la hora de poner en marcha, acrecentar o, eventualmente, cerrar el negocio".

Ha recordado las palabras del Papa Francisco: "no a una economía de la exclusión y la inequidad". "Esa economía mata... Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida".