Publicado 02/04/2021 12:44CET

El padre Víctor Herrero invita a vacunar "el virus del miedo" con la palabra de la promesa de Jesús en la Cruz

El padre Víctor Herrero de Miguel, de la Orden de los Hermanos Menores de los Capuchinos, encargado de pronunciar el Sermón de las Siete Palabras en un atípico Viernes Santo marcado por la pandemia de Covid-19.
El padre Víctor Herrero de Miguel, de la Orden de los Hermanos Menores de los Capuchinos, encargado de pronunciar el Sermón de las Siete Palabras en un atípico Viernes Santo marcado por la pandemia de Covid-19. - PHOTOGENIC/CLAUDIA ALBA

   VALLADOLID, 2 Abr. (EUROPA PRESS) -

   El padre Víctor Herrero de Miguel, de la Orden de los Hermanos Menores de los Capuchinos, encargado de pronunciar el Sermón de las Siete Palabras en un atípico Viernes Santo marcado por la pandemia de Covid-19 y por las restricciones sanitarias, ha invitado a "guardar y proteger en el alma" las últimas palabras de Jesús en la Cruz.

   "Que las guardemos dentro y, cuando suceda que alguien nos haga algún daño o cuando hagamos daño nosotros, se descongele la palabra del perdón. Que cuando se inocule en nuestras vidas el virus del miedo, nos vacune la palabra de su promesa y confiemos en que en lo hondo lo bueno siempre podrá ser", ha señalado, durante un sermón que, debido a las condiciones meteorológicas adversas de este jueves, ha tenido que ser trasladado de la Plaza Mayor a la Catedral de Valladolid.

   Por todo ello, ha invitado a "dejarse amar" por las siete palabras, ya que, lo que se halla en ellas son siete actos de amor: "Es importante escucharlas con el corazón, sintiéndonos no quienes las contemplan con la inmunidad que otorga el correr del tiempo sino sabiendo que somos nosotros sus destinatarios directos".

   Así, ha relaizado un recorrido desde la primera palabra, la del "perdón del Crucificado", de la que se obtiene "el don de ser libres" a través de una "metamorfosis que sucede en silencio, igual que se convierte el gusano en mariposa, igual que el agua se transforma en gas", pasado por la "belleza de la promesa". "Perdonar nos libera del pasado y prometer hace del futuro un lienzo en el que lo imposible podrá ser", ha incidido.

   El lugar en que acontece la vida es la intemperie. Y no ahora, en este ya larguísimo año en el que un virus ha ido demoliendo los cimientos de nuestra forma de vivir, que parecían de acero y eran de paja. La intemperie, desde siempre, es nuestro espacio, el lugar donde la gran historia humana y las minúsculas e imprescindibles historias de cada uno de nosotros se despliegan", ha señalado, ya en referencia a la tercera palabra, pues considera que "la intemperie es el templo en el que todo es altar y en cuyo interior nada hay que no sea sagrado".

   Y es que, "la tercera palabra de Jesús transforma la intemperie de la cruz en un regazo, sitúa a un hombre al amparo de una mujer y a una mujer al amparo de un hombre y los convierte en hijo y en madre. Se trata del vínculo del amor como un acto del lenguaje y de la palabra que enlaza las vidas como un acto profundo de amor".

   "La cuarta palabra del Crucificado y su cuarto acto de amor consisten en la pregunta que no tiene respuesta, porque cualquier intento humano de ofrecer una respuesta a una pregunta lanzada a Dios es, al mismo tiempo, una usurpación y una blasfemia", ha aseverado, al tiempo que ha reconocido introducirse en la plabra de Dios cual "espeleólogo en la profundidad de una caverna".

   El padre Víctor Herrero, en la quinta palabra, "la más breve de todas y, quizás, la que más dice", pues "la sed de Jesús es un acto de amor que consiste en la expresión de su deseo".

   Pero es en la sexta palabra, cuando Jesús afirma que "todo está cumplido", donde se entiende el alcance de estas palabras: "Comprendemos, mirando al Crucificado y escuchándole hablar, que sí, que es cierto, que Dios, hecho herida, habita entre nosotros y hace que el viaje de la palabra hacia la carne se autentifique, en los labios de Jesús, mediante la conversión de la carne herida en palabra de amor".

   "El último acto de amor que Jesús realiza asume todos los anteriores, se nutre de ellos y los colma. En su séptima palabra, el hijo de María convierte su voz en vida que se entrega", ha señalado el padre Víctor Herrero, quien advierte de que hay en las siete palabras "dos realidades que entran en contacto: las manos de Dios y el espíritu de Jesús".

   "Son dos realidades invisibles que solo pueden ser vistas con los ojos de la poesía o con las pupilas del amor. Eso es la fe, precisamente, lo que la poesía y el amor velan y revelan, y no un complejo entramado de abstracciones", ha explicado.

   Asimismo, ha añadido que Jesús, el Crucificado, con sus siete últimas palabras realiza siete actos de amor que se cifran en: "Liberarnos de las cadenas del pasado, abrirnos las puertas del futuro, enseñarnos a vincular nuestro presente, acompañarnos desde su intemperie, regalarnos su deseo, herirnos con su herida y enseñarnos que la vida es un don que consiste en darse".

   Por todo ello, ha invitado a guardar estas palabras "protegidas" en algún lugar del alma, "como sucedía en una ciudad antigua y lejana en la que hacía tanto frío que, cuando las palabras se decían, quedaban congeladas en el aire y hasta que no llegaba el calor del verano, no se descongelaban y no se podían escuchar".

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